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Quienes diseñan las políticas públicas no las utilizan

por 30 enero, 2020

Quienes diseñan las políticas públicas no las utilizan
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Durante los últimos meses, parte de la elite ha mirado con extrañeza el fenómeno del estallido social. ¿Por qué la gente se está comportando de esta manera? Se han preguntado muchos de ellos. Sin embargo, la pregunta correcta es otra ¿Por qué esta situación no ocurrió antes?

Dentro de la toma de decisiones, las estadísticas es sin duda una de las herramientas más útiles de las cuales disponemos. Permite objetivar la realidad y alejarse de casos específicos para accionar medidas en referencia a grandes volúmenes de datos. Pero, como técnica de representación esta no incluye la sensibilidad cotidiana de los ciudadanos, ni mucho menos ha apuntado a capturar el fenómeno de la ira interiorizado en muchos de ellos. Es la distancia de la vida cotidiana del ciudadano medio aquello que causa la percepción de extrañeza en los tomadores de decisión en política pública con respecto a las actuales manifestaciones.

Hoy en día, los que protestan y admiran a la controversial primera línea están lejos de ser sólo aquellos marginados de la sociedad. Son también estudiantes, universitarios, oficinistas, pobladores, profesores y trabajadores comunes y corrientes. Todos ellos entienden o comparten la rabia como experiencia. Por este motivo emergen estas manifestaciones todos los viernes, a eso de las 18.00 horas, justo después del trabajo. Sin embargo, la violencia siempre estuvo en nuestro país. Muchos la vivieron en primera persona en las poblaciones, en la frontera norte, en la Araucanía y en las zonas de sacrificio ambiental. Como también en el mal trato obtenido en los diversos sistemas públicos de atención, en la interacción con muchas corporaciones privadas, y en la experiencia del usuario las políticas públicas en general. Vivir estas experiencias resulta fundamental para comprender el porqué la rabia hizo erupción.

Lamentablemente muchos de los que se habían sensibilizado con el estallido, volvieron a una normalidad distanciada de las personas, se volvieron a alejar de la ciudadanía y se niegan a dar paso a los cambios que exige la población. El sistema de representación que tenemos está condenado si es que se sigue dictando el cómo hacer las cosas desde una torre de marfil, llena de números, pero sin experiencia directa. Hoy en día resulta más importante que nunca profundizar la democratización de la democracia y pensar diseños institucionales que involucren la participación ciudadana en tanto diseño y formulación de políticas públicas.

Mientras que los que hacen las políticas han creído que entienden a la gente porque interpretan estadísticas, estos no son los que las utilizan, ni mucho menos entienden la ira de la ciudadanía.

 

 

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