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El apocalipsis de los filósofos

por 12 abril, 2020

El apocalipsis de los filósofos
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Desde la irrupción del coronavirus hasta esta parte, parece estar la comunidad filosófica más activa que nunca. Y no es para menos, pues pocas veces se ha vivido un acontecimiento que irrumpa de modo tan dramático y a la vez de modo tan incuestionablemente planetario como este.

Lo que está en cuestión en el debate filosófico es el rumbo que tomará el planeta al amainar la crisis. Porque -este es el presupuesto- el mundo cambiará tras la pandemia.

Las posiciones, a estas alturas, ya deben ser conocidas por todos: Agamben reclama que “agotado el terrorismo” el virus es la nueva ficción o, más bien, el nuevo instrumento para implementar el “estado de excepción como paradigma normal de gobierno” (Quodlibet); El Francés Jean-Luc Nancy, corrigiendo antes la comprensión de la enfermedad como fictiva, apoya dicha teoría al afirmar que la crisis del coronavirus “pone en duda toda una civilización, no hay duda de ello. Hay una especie de excepción viral –biológica, informática, cultural– que nos pandemiza.” (Antinomie). Por supuesto no podía faltar el esloveno Slavoj Žižek que reclama que la pandemia abre la oportunidad de “reinventar el comunismo basándonos en la confianza en las personas y la ciencia” (Russia Today). Para finalmente cerrar este muy humilde resumen con el nuevo adalid de la filosofía contemporánea Byung-Chul Han, quien saliéndose de la línea apocalíptica-positiva prevé, más bien, un recrudecimiento y expansión del capitalismo absolutista oriental, pues ha probado mayor efectividad al combatir la pandemia. Han nos dice que “el virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte” (El País).

Pero la pregunta no planteada parece ser precisamente aquella del presupuesto: ¿necesariamente cambiará el mundo al volver paulatinamente la calma a nuestros países y ciudades? ¿Es el coronavirus la crisis fundamental de nuestra época que lo trastocará todo? Y esto, para ponerlo en términos más específicos: ¿significa esta crisis la necesaria transmutación del capitalismo, sea volviéndose aún más extremo o debilitadose hasta dar paso a algo nuevo?

La relación entre el virus y el capitalismo es clara, casi torpemente obvia, ambos son sucesos planetarios, de los que nada puede escaparse y ante los cuales nada queda indiferente. Pero esta característica no parece ser suficiente para pensar los destinos de ambos indisolublemente. Sin lugar a duda el virus interpela el sistema, más aún en países con modelos extremos como el nuestro, pero él es, por sobre todo, fugaz y el capitalismo, parece ser un fenómeno con un origen mucho más profundo y por ello más estable.

Tal vez sea necesario enfrentar una realidad aún mas dura que el propio virus, y es que quizás nada cambiara y que el anhelado apocalipsis no tendrá lugar. Más bien que todo seguirá su curso, porque aquello que llamamos capitalismo no es solamente un modo de administración económica, ni el conjunto de ciertas formas culturales, sino que la preeminencia de una estructura misma de la existencia humana, preeminencia para la cual, por ahora, no conocemos ni podemos avizorar alternativa alguna.

La solidez del capitalismo en términos económicos está a todas luces asegurada, pues como ha sido en múltiples ocasiones probado, el capital ve en las crisis una oportunidad de renovación de la paleta de sus canales de flujo. Baste decir respecto de esto que una vez que la vacuna sea producida, manufacturada y vendida al mejor postor, el capital celebrará. Esta es la sencilla pero inexorable ecuación “donde algunos pierden, otros ganan”.

Esta crisis no es el catalizador de la hegemonía de China sobre occidente, porque China no necesita ningún virus para la expansión de su dominio que ha venido creciendo constantemente y sin tapujos. No surgirá ninguna refundación del comunismo porque el capital no ha entrado en crisis alguna, de hecho, quizás salga fortalecido. Esta pandemia no ha desnudado la falta de humanidad de nuestro mundo, porque esta ya estaba siempre desnuda para el que estaba dispuesto a ver. Tampoco se extremarán los estados de excepción, porque los estados tienen ya hace mucho tiempo engrasados sus diversos mecanismos para el control de su población.

Una última reflexión crítica tiene que ver con el quehacer mismo de la filosofía y la apariencia que se ha despertado de que esta solo puede nutrirse y se pone en marcha en un estado de crisis. Los filósofos necesitan el apocalipsis porque la filosofía parece ya no tener ningún poder ni capacidad ante el avance y consolidación de una comprensión profunda e irreversible de la existencia humana como dominadora absoluta de la naturaleza como recurso.
Se necesita el fin del mundo como un regalo de la naturaleza, una solución ex machina, porque la filosofía esta cansada y no puede ella misma hacerle ninguna ofrenda de salvación a la naturaleza. No puede darle ninguna visión clara y consistente de una comprensión no autodestructiva del ser humano.

Por ahora, mucho me temo que nada cambiará y que incluso la gran cicatriz de esta experiencia será pronto olvidada. El dominio destructivo de la tierra sigue su marcha a paso firme y no hace más que fortalecerse en la tragedia (en este punto concuerdo con Biung-Chul Han). Quizás solo hasta que los filósofos vean un nuevo mundo, antes de celebrar el fin del antiguo, se abran nuevas posibilidades para la existencia humana y esto, paradójicamente, sea solo posible abrazando nuestra más intima esencia y no huyendo de ella.

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