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Acuerdo nacional

por 3 junio, 2020

Acuerdo nacional
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De acuerdo a los últimos datos entregados por el SII, la reciente operación renta dio cuenta que el ejercicio 2019 reportó un descenso en 15% en los fondos provisionados por las empresas. Es decir, al segundo año de la plena aplicación de la reforma del período 2014 –que desintegró el sistema de renta y elevó del 20 al 27 por ciento la tasa de impuestos de las empresas–, ya puede comprobarse que la proyección contenida en el mensaje de dicha reforma –recaudación adicional de más de 8.300 millones de dólares en pleno régimen– fue equivocada, tal como muchos lo dijimos. De la misma forma, el insospechado aumento de contagios por COVID-19 de las últimas semanas, igualmente da la razón –hasta ahora– a quienes a principios de marzo tenían visiones mucho menos optimistas a la hora de hacer las proyecciones. ¿Ganadores y perdedores? No. En ambos casos nadie gana y todos perdemos.

En este contexto de blancos y negros, de buenos y malos, un ejemplo a seguir ha sido el camino tomado, desde que asumiera el cargo, el actual ministro de Hacienda, quien, mediante el diálogo y la empatía, logró a las pocas semanas el acuerdo que destrabó la Reforma Tributaria y que permitió que los efectos económicos de la crisis sanitaria se empezaran a sentir con dicho escenario zanjado.

Hace pocos días fue publicado un estudio que dio cuenta que Chile está dentro de los países que más herramientas tributarias han utilizado para enfrentar los efectos económicos de la pandemia, lo cual muestra nuevamente la gran capacidad del equipo a cargo de las cada vez más débiles finanzas públicas. La postergación en el pago del IVA, del pago del impuesto a la renta, y de las contribuciones de bienes raíces, fueron medidas que rápidamente se implementaron y que permitieron un respiro temporal para la caja de más del 90% de las empresas de Chile (las pymes) y de sus dueños.

Sin embargo, de cara a un futuro que se ve angustiantemente oscuro, ello no es suficiente. Y no porque las medidas sean insuficientes, sino porque nuevamente ha quedado demostrado que el Estado, por más que se aumenten los impuestos, no es ni será capaz de solucionar los problemas de la población.

Sin emprendimiento, sin empresas, no hay empleo ni, menos, desarrollo. Tampoco lo hay con empresas que se aprovechan de la crisis o con Bancos que aún siguen mirando sus utilidades, sin la más mínima empatía para entender que, sin su ayuda a quienes les han permitido ser lo que son, el sistema colapsará, con ellos incluidos.

Por lo mismo, se hace más necesaria que nunca la generación de un plan de reactivación de mediano y largo plazo, para lo cual, nuevamente, los manoseados instrumentos tributarios serán clave. Tal como lo fue el DFL N° 2 de 1959 o el D.L. 600 de 1974.

El Presidente Piñera ha convocado a un gran Acuerdo Nacional, el que, apareciendo como más necesario que nunca, ya cuenta con la negativa del Partido Comunista y de la “izquierda sesentera”. Algo que no se entiende. Tanto como no se entiende que el senador Alejandro Navarro se haya negado expresamente a aplaudir a los profesionales de la salud, en un simbólico y merecido tributo al que llamó la senadora Carolina Goic.

Es de esperar que este Acuerdo contenga, al menos, las bases del plan de reactivación que Chile requiere, y cuyo eje central en materia de desarrollo debe estar en la tecnología, aplicada a la educación, a la salud, a las finanzas y al medio ambiente.



Las historias exitosas jamás han sido escritas sobre la base del odio ni del resentimiento. Por el contrario, es en la unidad de las personas y de sus objetivos, y sobre todo en la capacidad de poner el bien común por sobre el bien individual, donde se construyen las plataformas verdaderamente sólidas para enfrentar con humildad la bonanza y con generosidad la estrechez.

Y en esto, los ciudadanos comunes debemos ser muy lúcidos, desechando ideologías añejas y castigando a todos aquellos que no suman, no unen y no crean. Solo hay tiempo para empujar. Que no se nos olvide esto cada vez que tengamos en nuestras manos la más importante herramienta de la democracia: el voto.

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