martes, 11 de agosto de 2020 Actualizado a las 03:07

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Los hijos del rigor y el tratado de vocación pedagógica

Los hijos del rigor y el tratado de vocación pedagógica
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Hace unos días se cumplieron cien días desde el primer caso en Chile de Covid-19, instancia que, curiosamente, no generó un análisis exhausto al fiel estilo de los matinales, pero es claro, ante una cuestionada gestión de las altas autoridades sanitarias, y la incontrolable situación a la que ha llegado el país ¿Qué podríamos analizar?

Fue en este contexto en donde partidos políticos de oficialismo y algunos de ‘oposición’ decidieron acordar el llamado “Acuerdo Covid”, plan que entre otras cosas elevó el ingreso familiar de emergencia, eso sí, a costa de la negación de otros proyectos de la agenda social de emergencia. A raíz de este acuerdo, y en Cadena Nacional, el presidente Piñera señalará que “Chile y los chilenos nos hemos forjado en la adversidad y somos hijos del rigor”, y donde, además, llamará a tener las esperanzas para levantarnos y continuar el camino; ese que no modifique ni un ápice de este modelo que tanto cariño le tiene algunos sectores de este país.

En un contexto donde la clase política y sobretodo el gobierno mantiene niveles altísimos de desconfianza, fracasos y desprestigios, pareciera que las palabras del jefe de Estado pasan desapercibidas, aun cuando poseen una carga discursiva que entra por la TV a los hogares.

Y claro, es que históricamente nuestra sociedad ha crecido desde la base de hacernos sentir esos “hijos del rigor”, aquellos que aun en el peso del neoliberalismo chileno que sortea la vida de unos para mantener los privilegios de otros, ahí están con “fuerza y coraje” levantando el país. Para ello, la élite política sumará a su estrategia (aunque solo por nombre) a ciertos grupos sociales ligados a salud y/o educación bajo los valores del compromiso y la entrega.

Desde una perspectiva educativa, el profesorado constantemente ha tenido que cargar con una imposición vocacional donde el rigor y la adversidad se reflejan en la figura de la abnegación, el sufrimiento y la sumisión, bajo el marco de una visión maternal de la educación, donde son necesarios estos “sacrificios personales” para lograr el éxito de los educandos, “los hijos”.

Son incontables los casos en donde la “vocación” ha marcado la pauta del buen docente, donde algunos medios la han mostrado en aquellos profesores que caminan kilómetros en medio del frío para acercar algún material de apoyo para sus estudiantes; o algunos que les fueron rebajados o les adeudan sus remuneraciones, a pesar de contar con una carga laboral mayor debido al contexto actual. Si bien, esta mirada sacrificial es valorada por la opinión pública, revelan una problemática mayor, de segregación del sistema educativo chileno y su rol repetidor del modelo del Chile actual.

Lamentablemente, la clase se dirigente se ha desempeñado por mantener esta especie de norma, donde existen los que deciden y los que se sacrifican. Solo así mantenemos el ideal de orden. Cualquier intención de cambio sería ir en contra del deber republicano. Sin embargo, ese cambio es inminente. Las medidas que se tomen para enfrentar el contexto de pandemia no pueden darse a costa del sacrificio de algunos, creando en mártires. Las políticas públicas deben ser efectivas y han de considerar el resguardo y protección de todas y todos, así como el dirigir un pacto social que configure un nuevo tratado de vocación pedagógica.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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