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Cuando el moderado no es un aliado Opinión

Cuando el moderado no es un aliado

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¿Cuán urgentes son las demandas sociales hoy en Chile? La pobreza e indefensión social en la que viven la mayoría de los chilenos es una realidad que ya muy pocos se atreven a poner en duda. Lo que sí se duda, entre otras cosas, es el origen de esas desigualdades y cuáles serían las mejores soluciones. Pero, y este punto es tal vez el más importante, hay desacuerdo acerca de la gravedad de la situación. Y al no haber acuerdo en eso, se sigue que tampoco hay acuerdo acerca de la urgencia de la situación, porque si la situación no es tan grave, entonces las medidas correctivas pueden demorar. Las soluciones pueden ser graduales.

¿Cuánto tiempo pueden esperar los chilenos? De las muchas diferencias y distancias que existen entre la clase política y la ciudadanía, una de las más grandes tiene que ver justamente con la respuesta a esta pregunta. Por un lado, hay quienes pensamos que la situación es urgente y dramática y que, por lo tanto, se necesitan medidas de fondo, ahora. Por otro lado, hay quienes creen que las cosas no están tan mal y que, por lo tanto, los cambios (necesarios por cierto) pueden ser graduales, pausados y sin perturbar los frágiles equilibrios que aún mantienen al statu quo en pie.

Uno puede pensar que, si estamos todos de acuerdo en que los cambios son necesarios (aunque no estemos de acuerdo en cuanto a la urgencia de estos), entonces el siguiente paso es formar una gran y amplia alianza para avanzar hacia esos cambios.

Pero no, no es tan simple. Los llamados “moderados” o “centristas” muchas veces son obstáculos para avanzar, más que un aporte. Reconocer eso es importante. Durante el movimiento por los derechos civiles en EE.UU., Martin Luther King (MLK) entendió muy bien este punto. En su famosa “Carta desde la cárcel de Birmingham”, arremete contra los que él llama los “blancos moderados”. Estos blancos moderados eran personas “blancas” que apoyaban la causa de la comunidad afroamericana. Es decir, eran aliados y como todo aliado, había una expectativa de que fueran un aporte más que un obstáculo para avanzar hacia la justicia racial. Sin embargo, esto no fue así.

En su carta, MLK los fustiga por su incrementalismo y moderación. Él dice lo siguiente:

“Debo confesar que en los últimos años me he decepcionado mucho con el ‘moderado blanco’. Casi he llegado a la lamentable conclusión de que el gran obstáculo del negro en su paso hacia la libertad no es el Consejero del Ciudadano Blanco o el Ku Klux Klan, sino el moderado blanco, más devoto del ‘orden’ que de la justicia; ese que prefiere una paz negativa –que es la ausencia de tensión– a una paz positiva, que es la presencia de la justicia”.

Y por si eso fuera poco, dice más:

“Tenía la esperanza de que el blanco moderado viera esta necesidad. Quizás fui demasiado optimista; quizás esperaba demasiado. Supongo que debería haberme dado cuenta de que pocos miembros de la raza opresora pueden entender los profundos gemidos y los anhelos apasionados de la raza oprimida, y aún menos tienen la visión de ver que la injusticia debe ser erradicada por una acción fuerte, persistente y decidida”.

Si reemplazamos los conceptos raciales en esa carta por conceptos sociales de clase y los aplicamos al Chile de hoy, nos quedaría una carta sumamente reveladora y pertinente.

La élite de nuestro país, los que viven en el Chile del privilegio, los políticos y los empresarios, todos ellos tienen el potencial de convertirse en aliados de esa ciudadanía que exige cambios y transformaciones profundas. Y algunos ya lo son. Sin embargo, aunque algunos miembros de la élite apoyen al ciudadano que va a la Plaza de la Dignidad y que cacerolea, la norma suele ser que ese apoyo es un apoyo moderado. Cambios, sí. Pero graduales. Nada urgente, nada radical. Cambios, sí. Pero consensuados y a largo plazo. Nada revolucionario. Claro, así como el blanco moderado no entiende la urgencia porque no vive la opresión racial, en Chile el aliado privilegiado tampoco entiende la urgencia o la violencia porque tampoco vive el desamparo social. Para terminar, aquí MLK de nuevo:

“¿Por qué la acción directa? ¿Por qué nos sentamos en la calle, por qué marchamos, etc? ¿La negociación no es el mejor camino? Tiene usted (blanco moderado) razón al llamar a la negociación. De hecho, este es el propósito mismo de la acción directa. La acción directa no-violenta busca crear una crisis y fomentar la tensión en una comunidad que se ha negado constantemente a negociar y ahora se ve obligado a afrontar el problema. [La acción directa] busca dramatizar el problema de tal manera que ya no pueda ser ignorado. El hecho de que yo diga que la creación de una tensión es parte del trabajo que debe hacer la resistencia no-violenta puede sonar bastante impactante. Pero debo confesar que no tengo miedo de la palabra ‘tensión’”.

En última instancia, la invitación es a pensar cuán urgentes son realmente las necesidades de los chilenos, cuán injusta es la sociedad que hemos construido. Y si concluimos que las necesidades son urgentes y que la injusticia es intolerable, entonces hay que sospechar y desconfiar siempre de ese aliado centrista y moderado que busca canalizar las demandas por cauces puramente legalistas e institucionales.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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