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Visibilizar a la comunidad sorda en Chile

por 24 agosto, 2020

Visibilizar a la comunidad sorda en Chile
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A mis 42 años me he convertido en una de las primeras personas de la comunidad sorda en estar al frente de un plantel educativo en Chile. Un desafío no menor que acepté posestallido social y frente a una de las pandemias mundiales más complejas, como ha sido el COVID-19. Navegar en estas aguas no ha sido fácil, pero tampoco imposible.

Desde mi cargo como director del colegio de sordos Dr. Jorge Otte Gabler y miembro del directorio del Instituto de la Sordera, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre mi vida, que no solo pueden inspirar a otros, sino mostrar que, a pesar de las dificultades, se puede llegar lejos. Mi intención es solo una: visibilizar a la comunidad sorda en nuestro país.

Quisiera partir contándoles que mis primeros años de estudio fueron en colegios para sordos, pero allí no se permitía el uso de la lengua de señas, nos prohibían esa comunicación y nos obligaban a hablar. Yo no me sentía mal con eso porque estaba acostumbrado al tema de la discriminación. Sentía que mi vida era así. Y que los sordos nos habíamos acostumbrado a ser discriminados.

En ese entonces, no sabía que como personas también teníamos derechos. Por suerte para mí, en mi casa y en mi familia, todos éramos sordos: mis papás, mi hermana y yo, y nos comunicábamos a través de la lengua de señas.

Estuve hasta 6º Básico en un colegio para niños sordos. Cuando egresé de ese ciclo no sabía dónde tenía que continuar mis estudios, mis padres me llevaron a un colegio de oyentes para cursar 7º y 8º Básicos. Con el tiempo me sentí desvinculado, principalmente porque los profesores hablaban en sus clases; y mis compañeros también, comunicándose solo entre ellos, por lo que yo quedaba aparte de todas las dinámicas.

A los dos meses me empecé a deprimir y hablé con mi papá para decirle que no quería seguir en ese colegio. Tenía unos 14 años. Él me dijo que era imposible estudiar en otro lugar porque ningún establecimiento tenía enseñanza media y, en ese tiempo, el Instituto de la Sordera se dedicaba solo a talleres de oficios y, por lo tanto, no había posibilidades de un futuro mejor. Mi papá me explicó lo importante que era seguir con mi educación integrada, aún por encima de las dificultades.

Me acerqué a los profesores para explicarles que era una persona sorda. Los profesores lo sabían, pero me decían que debía esforzarme más y más. Logré graduarme de 8º Básico. Luego ingresé a un muy buen colegio, el Salesiano de Alameda, donde nada fue fácil porque era el único alumno sordo. Poco a poco me fui adaptando, pero nunca tuve notas altas, siendo la lectura y escritura lo más difícil, ya que para mí es una segunda lengua. Fue ahí donde me di cuenta que muchos sordos desertaban de la educación porque no podían continuar.

No tenían apoyo de sus familias ni tampoco de los docentes para continuar sus estudios. Cuando empecé a estudiar en la Universidad de Los Lagos en 2004, comencé a percibir lentamente que había un cambio positivo en mí, además de esto los profesores eran bien abiertos de mente, se daban cuenta de que era una persona sorda que era capaz como cualquier otra persona oyente, que el único tema era que no podía escuchar, pero que iba avanzando. Me titulé en el año 2009 como profesor de Educación Básica. Desde entonces fui asignado como profesor jefe hasta antes de asumir la dirección del colegio Dr. Jorge Otte Gabler, ahora en 2020.

La verdad es que nunca soñé con ser director del colegio, me parecía algo imposible porque la realidad en Chile es que estamos muy atrasados en el respeto y valoración por el que es diferente y conseguir espacios de igualdad es muy difícil. Pensé que siempre iba a ser profesor, que en el futuro, alguno de los chicos a los cuales enseño podía ser el primer director de un colegio sordos. Cuando me hicieron la oferta, les dije que debía pensarlo, hablé con gente de confianza y todos ellos me dijeron que yo era la persona indicada y era quien cumplía con los requisitos. Al final acepté.

Lo hice, porque hay que generar cambios y abrir espacios. Porque necesitamos personas sordas que se hagan cargo de la educación y que sean líderes. Siempre hemos estado acostumbrados a que los oyentes estén a cargo y decidan por nosotros, pero ellos pueden cometer errores, pueden equivocarse al decirles a los sordos qué hacer. Al final somos los sordos los que debemos decir qué hacer. Es por esto que hoy estoy acá para visibilizarnos como una comunidad.

(*) Director del colegio de sordos Dr. Jorge Otte Gabler.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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