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Impulsando la evaluación formativa en las aulas chilenas

por 27 septiembre, 2020

Impulsando la evaluación formativa en las aulas chilenas
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Hace un par de semanas el Ministerio de Educación envió un documento a los establecimientos educacionales donde despejaba varias dudas sobre los procesos de evaluación, calificación y promoción para este año 2020. En él se orienta a los colegios y docentes a promover con mayor fuerza la evaluación formativa y la retroalimentación -pilar fundamental del Decreto 67 vigente en nuestro país- dada la dificultad para generar calificaciones masivas en un año marcado por las clases virtuales y la pandemia.

Pero, ¿Qué significa evaluar formativamente, cuáles son sus beneficios y por qué es importante que su implementación en el aula se mantenga cuando el retorno a clases sea un hecho?

Bajo este enfoque se insta a los profesores y profesoras a entregar retroalimentación constante a sus estudiantes –idealmente clase a clase- para que estos conozcan sus progresos y puedan mejorar los aprendizajes a tiempo.  Asimismo, promueve la confianza y la motivación intrínseca de niños, niñas y jóvenes al hacerlos consciente de sus fortalezas y debilidades de forma temprana y oportuna, permitiéndoles, así, alcanzar con mayor holgura los objetivos establecidos.

Desde el punto de vista de los docentes, en tanto, la evaluación formativa  entrega información relevante para que el profesor o profesora pueda  perfeccionar sus prácticas pedagógicas y adaptar sus metodologías de enseñanza a la realidad de cada estudiante.

Sin retroalimentación, sin evaluación que promueva el aprendizaje y solo priorizando un sistema basado en calificaciones, es difícil alcanzar los objetivos pedagógicos establecidos, ya que limita el campo de acción de estudiantes y maestros.

Pese a sus múltiples beneficios, la evaluación formativa es una práctica poco extendida en Chile, o al menos lo era hasta antes de la pandemia, principalmente debido a la falta de tiempo con que cuentan los docentes en el aula y a las metodologías de enseñanza tradicionales enraizadas en nuestro sistema educativo. De hecho, en la última Evaluación Docente 2019, se muestra que solo el 20% de los profesores sabe cómo retroalimentar correctamente a sus estudiantes para promover el aprendizaje, mientras que el 80% restante presenta resultados insatisfactorios y básicos. Asimismo, sólo un 21 % de los profesores analiza y usa los resultados de las evaluaciones de forma correcta.

Para mejorar estos resultados es clave que en el nuevo escenario se incluyan  metodologías de aprendizaje activo, como por ejemplo, el Aprendizaje basado en proyectos, donde el formato de trabajo potencia las instancias colaborativas y cobra especial relevancia la autoevaluación, co-evaluación o evaluación entre pares, evaluación formativa y retroalimentación. Otra estrategia es incursionar en modelos de enseñanza como el Aula invertida o flipped learning, que potencian metodologías de aprendizaje activo y formatos de trabajo que liberan tiempo de clases para destinarlos a la colaboración y retroalimentación.

De este modo, la crisis sanitaria nos presenta un enorme desafío: la posibilidad de transitar de una cultura centrada en las calificaciones a otra centrada en el aprendizaje, tal como nos invita el decreto 67. Esto es algo que debemos valorar y promover  todos quienes formamos parte del sistema educativo. Retornar a lo que veníamos haciendo en el pasado sería, sin duda, un retroceso.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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