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Gobernar es escuchar

por 24 diciembre, 2021

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El domingo pasado Gabriel Boric Font pasó a la historia: es el Presidente más joven, el más votado en la historia de Chile, y el que movilizó a un electorado que, tal vez, nunca antes votó en su vida. Los jóvenes y las mujeres cambiaron el destino de una segunda vuelta, que parecía derrota, en una victoria amplia.

En su década de trayectoria política, el otrora líder estudiantil ha demostrado saber cruzar puentes en momentos claves. Y ejemplos hay: el año 2018, participó en la mesa del Acuerdo Nacional por la Infancia propiciado por el Presidente Piñera, y el 15 de noviembre de 2019 protagonizó un hito decisivo al firmar el Acuerdo Nacional por la Paz y la Nueva Constitución. Lo hizo solo, sin la venia de su partido, el que al día siguiente le llamó a su tribunal supremo. Fue públicamente denostado. Pero su firma, entre otras, hizo posible el actual proceso constituyente. 

Ese rasgo vuelve a aparecer en su primer discurso: agradeció a quienes le precedieron, “soy heredero de una larga trayectoria histórica”, dijo, como claro gesto de concordia hacia la Concertación; llamó al consenso, “con un Congreso equilibrado, hay la obligación de dialogar”. También apeló al gradualismo: “Iremos paso a paso, construyendo la patria justa”, y a enfrentar la realidad sin caer en voluntarismo ciego, señalando que “no todo puede hacerse al mismo tiempo”. Él mismo se definió como “un Presidente abierto a escuchar y a incorporar distintas visiones”, y en su discurso emergieron estratégicamente las palabras encuentro y participación. 

Quien estudia la política sabe que los atributos personales son esenciales. El carisma es fundamental para ganar elecciones, y las percepciones sobre honestidad, credibilidad y cercanía, adquieren mayor relevancia en muchos votantes más allá de la ideología. A la luz de los resultados es fácil de leer que, en esta elección, el ánimo dialogante y escuchar el murmullo de la calle fueron cruciales. 

Pero tras ello, emerge la realidad política y, si bien, para algunos, el pragmatismo puede sonar a renuncia, ampliar las miradas más allá de su coalición será un imperativo en su Gobierno. Hace tiempo, Winston Churchill lo resumía así: “Se necesita coraje para pararse y hablar. Pero mucho más para sentarse y escuchar”.  

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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