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por 9 enero, 2022

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Romper con el esquema diario del trabajo  y tomarse vacaciones no es sólo parte de la rutina anual que muchos pueden tener, sino que es una vía de escape para el estrés que se acumula producto de nuestro ritmo de vida, por lo que hoy-más que nunca- es obligación que no podemos aplazar.

Sabido es el profundo impacto que ha tenido la pandemia en la salud mental de las personas,  generando un deterioro importante a un área que ya era nuestro talón de Aquiles antes de la llegada de Covid-19. Por lo que hoy es importante que, quienes puedan, tomen este momento para desconectarse y ponerse en el centro de prioridades. Sin embargo, de poco y nada servirá ponerse en modo off para bajar el estrés por un par de días, sino no hacemos cambios en nuestro estilo de vida que nos permitan bajar los ritmos en los cuales nos movemos y cómo abordamos las emociones y sentimientos que, a la larga, nos enferman.

Según el estudio “Termómetro de la Salud Mental en Chile” realizado por la ACHS y la UC, durante 2021 un 45,9% de los chilenos presentó cambios en su estado de ánimo, asociados con el estrés, por lo que se hace urgente poner atención en estos indicadores que, de presentar un aumento durante este 2022, puede tener importantes repercusiones sociales.

Durante los últimos años para muchos la productividad ha estado asociado a la constante conectividad, esfumando –producto del uso de la tecnología de manera desmedida- los limites de las diferentes jornadas de trabajo y disminuyendo los tiempos personales. Una situación que, de ocurrir esporádicamente, no tiene gran impacto, pero que prologando en el tiempo nos lleva a una vida poco saludable.

Asegurar el bienestar requiere no sólo seguir avanzando en la naturalización de la salud mental- como la eliminación de las enfermedades asociadas como preexistencia en las isapres-,  sino que también se necesita de políticas públicas que destinen un presupuesto para esta materia para la creación de iniciativas que permitan un acceso transversal a tratamientos de medicina convencional y complementaria, de un sector privado que facilite y aseguré tanto la toma de vacaciones  con una desconexión real del trabajo como la entrega de herramientas durante el año que permitan detectar y abordar situaciones que puedan alterar la salud mental de sus trabajadores, pero- por sobre todo- de que seamos nosotros mismos quienes le demos mayor espacio en nuestras vidas al autocuidado y bienestar.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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