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Comentario sobre tesis “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo”: intento por volver a aclarar que la pedofilia no se trata de amor Opinión

Comentario sobre tesis “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo”: intento por volver a aclarar que la pedofilia no se trata de amor

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Mónica Vergara Monte-Alegre y María José de la Maza Lasa
Por : Mónica Vergara Monte-Alegre y María José de la Maza Lasa María Jose de la Maza L. Psicóloga PUC. Mag. en Psicología clínica, mención psicoanálisis. Universidad Adolfo Ibáñez/Sociedad Chilena de Psicoanálisis Mónica Vergara M. Psicóloga PUC, Psicoanalista Sociedad Chilena de Psicoanálisis
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La conmoción causada por la difusión en redes sociales de la tesis del señor Leonardo Arce Vidal, “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo”, escrita en el año 2016 en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Chile, está justificada y nos proponemos fundamentar por qué:

 

  • Sobre el ataque al pensamiento:

Creemos decididamente que la institución universitaria no sólo puede investigar acerca de problemáticas sensibles como la pedofilia, sino que resulta fundamental que lo haga como aporte a la verdad sobre dicho fenómeno. Otra cosa cualitativamente diferente es investigar con nulo rigor y con el propósito de defender apologéticamente la supuesta legitimidad de una parafilia que en su consumación atenta contra los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes.

En términos generales, el autor realiza una reflexión en torno a la posibilidad de revisar diversos factores que han impedido que se considere posible la convivencia entre el deseo sexual pedófilo y el deseo sexual en infantes, sin que aquello constituya per sé un abuso sexual, un traumatismo, una violencia hacia la infancia y un daño profundo a los mínimos civilizatorios que esta cultura ha consensuado. El autor busca argumentos para plantear que el deseo pedófilo no es símil de pederastia y que dichos sujetos han sido transformados en monstruos por una comunidad que busca excluirlos por razones injustas, situándolos en el lugar de víctimas sin voz, igualándolos en su condición de mutismo histórico a niños y mujeres.

No obstante, nos parece que el autor realiza una distorsión de los conceptos (los invierte y en ello pervierte) de modo tal que, utilizando ideas ampliamente difundidas, el sentido de estas mismas queda invertido o negado. Ello le permite avanzar en su argumentación a costa de plantear cuestiones abiertamente falaces, fenómeno del pensamiento estudiado profundamente por el psicoanálisis post kleiniano inglés. Nos parece que en este aspecto la institución universitaria y las personas que acompañaron el proceso de elaboración de dichas ideas deberían explicar cómo permitieron un uso falaz, errado y deshonesto de la teoría que fundamenta la tesis. Observamos numerosos ejemplos en el texto de esta impostura teórica, pero tomaremos uno que nos parece de nuestra competencia puesto que concierne al psicoanálisis y la psicología.

Uno de los puntos sobre los que la tesis justifica el así llamado “giro pedófilo” es el supuesto (no respaldado por ninguna cita bibliográfica) de que la sociedad no ha querido reconocer que los niños son sujetos sexuales, con impulsos, deseos y capacidad de goce sexual, prefiriendo negar este aspecto, reduciendo la infancia a idearios idealizados y puros sobre la misma. Este punto de partida es toscamente falaz, pues el psicoanálisis funda su existencia precisamente sobre el descubrimiento de la sexualidad infantil y sus implicancias en el desarrollo psicosexual de todo sujeto. Dichos descubrimientos han sido tan ampliamente aceptados, que no es audaz decir que la psicología en general y no sólo el psicoanálisis, suscriben esta concepción de la infancia y del reconocimiento de la sexualidad infantil.

Es precisamente este consenso amplio, el que ha llevado a la cultura (y por consiguiente a las instituciones jurídicas y políticas) a ir buscando progresivamente formas de cuidar que la condición sexuada de niños y niñas se vea protegida de prematuraciones excesivas y de abusos por parte de los adultos.

  •  Sobre la diferencia entre sexualidad infantil y sexualidad adulta: dependencia, asimetría y consentimiento

Ya en 1905 Freud relevaba la importancia de la sexualidad infantil. Sin embargo, es importante reconocer que la noción de sexualidad infantil (noción que la tesis desconoce con franca ignorancia) refiere a la capacidad de sentir placer de un niño en diversas zonas de su cuerpo, pero aún sin organización psíquica para sostener las implicancias de un intercambio sexual como tal. Por la asimetría entre la sexualidad adulta y la infantil es que el contacto sexual entre adultos y niños implica siempre un abuso de poder. Lo que está profusamente estudiado es que justamente porque el niño tiene una sexualidad, es que vive con culpa las excitaciones provocadas por los actos sexuales de un adulto, no pudiendo responderse la pregunta de para qué me desea este adulto. La culpa es parte fundamental de la devastación psíquica que produce el abuso sexual.

  • Sobre el estándar académico y universitario

Sostenemos que la tesis en cuestión no cumple con estándares mínimo de rigurosidad, y se sostiene en un artificio teórico, denominado “giro pedófilo”, en la consideración de la figura del pedófilo, de la infancia y sus relaciones con las estructuras normativas y de poder. Así, puede llegar a plantear que: “posicionar dentro del giro infantocéntrico al giro pedófilo, aludiendo a la necesaria incorporación de la mirada perversa dentro del cúmulo de miradas que legítimamente se relacionan con el infante. De igual manera, se ha buscado rescatar y adicionar esta preocupación pedófila por su amado, en tanto que otra vertiente plausible dentro de la comunicación entre infantes y adultos” (p.159). El texto, en su múltiples pasajes, pone de relieve al pedófilo como un sujeto de derecho, con voz y libertad para ejercer sus intereses amatorios. Aspira a rescatar al pedófilo de la “fiebre persecutoria” que a su juicio la Sociedad y sus discursos habrían de ejercer contra éste. Así, “El giro pedófilo es, por lo tanto, no sólo un método analítico, sino también una reivindicación de los sujetos doblegados: pedófilo e infante” (p.29).

La mirada psicoanalítica, o así lo aspira a nuestro entender, busca abrirse a las comprensiones del sujeto con la mayor apertura posible. Esto, no obstante, no debe ser confundido con la aceptación de todo argumento por el sólo hecho de ser presentado de una manera coherente y organizada.

La idea del “giro pedófilo”, presentado como un “método”, además de burdo y carente de fundamento no resulta una idea original. La idea de presentarle como un “método” al interior de la tesis, no tiene mérito intelectual alguno por cuanto no presenta un método como tal, ni se fundamenta en estrategia alguna de consistencia apreciable. A lo sumo un plan de argumentación de gran ambición y pobreza en su ejecución. Parece, más bien, un modo de poner distancia sobre la materia analizada y validarse para poder hacer una deconstrucción de la figura del pedófilo como anormal o, como refiere el autor de la tesis, “monstruo”.

Entonces, ¿por qué no simplemente basarse en lo ya larga evidencia detenidamente desarrollada por autores previos? Es muy evidente que el autor de la tesis pretende un desarrollo original y de alto vuelo, al nivel del pensamiento kantiano y el giro lingüístico. Esa retórica de grandeza intelectual parece una estrategia que busca un impacto estético sobre los lectores, orientada a una meta de la mayor gravedad: borrar la distinción entre el lugar de los niños y niñas en tanto personas en situación estructural de dependencia del adulto, y el lugar de personas con dificultades caracterológicas y que evidencian desarrollos psicopatológicos que desde la salud mental se reconocen como parafilias.

En términos conceptuales, como estudiosas del psicoanálisis no podemos pasar por alto el modo como el autor usa a los autores psicoanalíticos escogidos, desconociendo todo el acervo de escritos que intentan acercarse a la faceta personal del paciente pedófilo como persona en padecimiento. La tradición psicoanalítica tiene decenas de publicaciones al respecto, y libros de diverso corte teórico y especificidad orientados a pensar lo que el autor trabaja. Un par de autores sí citados y presentados (ej. Alice Miller y Sandor Ferenczi) son tomados de forma descontextualizada y tendenciosa. En el caso particular de Ferenczi sus aportes son tratados en forma errónea. No podemos sino desmarcar el uso de los autores que presenta de las ideas bastante consensuadas que se tienen respecto de los mismos, y denunciar su mal uso, en lo que pareciera una defensa personal de un universo de ideas creado arbitrariamente por el autor.

Un escrito de esta naturaleza podrá encontrar adeptos, pero no debiese encontrar validación científico-intelectual. O, al menos, una validación que pretenda inscribirse en el tratamiento de un tema tan delicado sin recibir un examen minucioso, a estas alturas público, de los argumentos presentados, sus fuentes y consistencia interna. Vemos con preocupación que el hecho político-institucional de validar académicamente una tesis con una pretendida novedad y vestiduras de crítica sistemática en su “método perverso y giro pedófilo”, puede dar cabida a que este extraordinario ejercicio de arrogante ignorancia y retórica de la confusión se transforme en un discurso fanático, legitimado en forma y fondo.

  • Diversidad de lecturas versus Infinitas lecturas

Entonces, ¿cómo es posible que una idea tan ampliamente difundida (la sexualidad infantil), haya sido negada, desestimada o tergiversada en esta tesis al punto de plantearse una reflexión que parte de una lectura perfectamente opuesta al consenso?

Ya en los años ’90, Umberto Eco sostenía la idea, quizás poco popular pero robusta, de que las interpretaciones de los textos pueden ser múltiples pero no infinitas. Es decir, en su opinión, pueden admitirse diversas lecturas, pero no tantas como lectores existan. Y daba como ejemplo extremo la posibilidad de que Jack el destripador justificara su actuar basado en sus lecturas del evangelio de Lucas. Con sentido del humor, pero sagacidad a la vez, sostenía que dicha lectura no era sólo excéntrica, sino enferma. Plantear un límite implicaba la valentía en Eco de renunciar a la estética de lo infinito.

No creemos que se pueda admitir una lectura del psicoanálisis que se utilice para justificar precisamente la negación de uno de los pilares de la estructuración psíquica: la diferencia entre las generaciones. Es una distorsión cuyo fin es en realidad, el de odiar la infancia. O como definió Stoller la perversión: la forma erótica del odio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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