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Bienvenidos al país amnésico Opinión

Bienvenidos al país amnésico

Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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¿Por qué?, pregunta un tipo de unos 55 años, que tiene una cerveza en la mano. “Porque tengo un vago recuerdo, de que hace tres años hubo un estallido social en que mucha gente —incluso dice que escuchó que cerca de 2 millones de santiaguinos coparon la Alameda a fines de octubre— marchó, pacíficamente por calles y plazas del país, con pancartas que pedían igualdad, mejores pensiones, salud y educación, menos colusión y más distribución, en que sólo se permitía la bandera de los pueblos originarios y se rechazaban las banderas de los partidos, y donde las personas concurrían en familia para pedir un cambio. No sé si lo imaginé —agrega el hombre— pero creo que incluso el ex presidente Piñera y su ministra vocera, señalaron que adherían a la convocatoria, lo que despertó burlas y críticas en RRSS”. El resto del grupo lo mira extrañado “tienes que haberlo soñado, aunque yo recuerdo solo a unos violentistas que se tomaron la calle después, pero a lo mejor fue una película, para ser franco”.


No hay peor drama para una persona que perder sus recuerdos, su memoria. No sólo se van borrando los rostros, las vivencias, los actos, las decisiones tomadas, sino lo que es peor, su historia. La amnesia puede ser progresiva –como en el Alzheimer—, súbita, temporal o parcial, es decir, olvidar sólo algunos aspectos. Nuestro cerebro puede actuar defensivamente y bloquear cosas que nos causan dolor, incomodidad e incluso vergüenza. El problema es que tarde o temprano esos recuerdos se nos aparecen y nos hacen enfrentarnos a la realidad: lo que hicimos, dijimos, vivimos o sentimos.

Esto parece estarle pasando a nuestro país. Hemos perdido la memoria –o una parte de ella— de manera súbita y brutal. Ya no recordamos la pandemia, el estallido social, el descontento de la gente, la colusión, las boletas “ideológicamente falsas”, la desigualdad, los abusos sexuales masivos de integrantes de la Iglesia Católica. Incluso olvidamos que Piñera ocupó el segundo lugar –de atrás hacia adelante— como el mandatario de Latinoamérica con el apoyo más bajo desde que se hacen encuestas, con un 6%, sólo derrotado por Alejandro Toledo en Perú con un 4%. En el país amnésico, hoy vuelve a estar entre los políticos mejor evaluados y prepara su vuelta a La Moneda. La pregunta es si esta amnesia es irreversible o temporal. Más que mal, los países están condenados, tarde o temprano, a enfrentarse a lo que son, hicieron, vivieron o votaron.

En el país amnésico ya nadie parece recordar los “raspados de olla” ni menos condenar a quienes actuaron de esa forma. De hecho, esos políticos gozan de la mejor de las tribunas en distintos programas de televisión. Tampoco nadie recuerda la palabra Penta. La amnesia hace olvidar también el significado de frases cortas. ¿Qué es un “juicio abreviado”? ¿Qué es SQM? También se pierde el recuerdo de los nombres y los rostros. ¿Quién es Jovino Novoa? ¿Quién es Jaime Orpis?

En el país amnésico, la gente entra a los templos católicos y no logra decodificar algunos nombres y menos recordar quienes eran. ¿Karadima? ¿Ortega? ¿Precht? “No sabemos quiénes son”, responde un feligrés mientras se arrodilla con devoción ¿Qué opina de los abusos sexuales en la Iglesia?, le pregunta alguien a su lado. “No sé de qué me habla”, responde molesto.

En el país amnésico, una mujer escribe furiosa en Twitter criticando al presidente y a algunos ministros por tener la desfachatez de tomarse vacaciones en el momento que arde el país. Aunque la señora tiene razón –de hecho, el mandatario ni si quiera alcanzó a iniciar su descanso—, olvidó súbitamente que un año antes, el ex presidente Piñera y sus 23 ministros salieron de vacaciones durante gran parte de febrero, pese a que también se producían graves incendios, la crisis en La Araucanía estaba en su peor momento y por el norte, cientos de miles de venezolanos entraban ilegalmente a Chile, lo que, a su vez, provocaba un paro de camioneros de gran magnitud. Tampoco nadie recuerda que, en el verano de 2019, Piñera viajó a Cúcuta cuando ocurrían 4.257 incendios con 55.135 hectáreas afectadas.

En el país amnésico, un señor reclama a su vecino, sentado en la Plaza de Armas, porque la Canciller Antonia Urrejola está de vacaciones, cuando debía estar en su escritorio coordinando la ayuda internacional. Aunque el hombre algo de razón tiene, olvidó abruptamente que existe el Estado, subsecretarios y jefes de división en el ministerio de RREE. Olvidó también que las personas tienen teléfonos, Whatsapp y otras herramientas tecnológicas para estar conectado las 24 horas del día, aunque estén en la playa. Pero el hombre también borró de su memoria que, 12 meses antes, un ex Canciller –Andrés Allamand se llamaba, aunque también olvidó el nombre— se fue más de un mes de vacaciones en plena crisis migratoria en nuestra frontera norte y cuando lo “descubrieron” en España, tuvo que renunciar, debido a que andaba haciendo gestiones para su nuevo trabajo.

En el país amnésico, un grupo de personas dialogan en un asado familiar. De pronto, uno de ellos, comenta en voz alta que le parece extraño que en tan poco tiempo el país haya cambiado en 360 grados ¿Por qué?, pregunta un tipo de unos 55 años, que tiene una cerveza en la mano. “Porque tengo un vago recuerdo, de que hace tres años hubo un estallido social en que mucha gente –incluso dice que escuchó que cerca de 2 millones de santiaguinos coparon la Alameda a fines de octubre— marchó, pacíficamente por calles y plazas del país, con pancartas que pedían igualdad, mejores pensiones, salud y educación, menos colusión y más distribución, en que sólo se permitía la bandera de los pueblos originarios y se rechazaban las banderas de los partidos, y donde las personas concurrían en familia para pedir un cambio. No sé si lo imaginé –agrega el hombre— pero creo que incluso el ex presidente Piñera y su ministra vocera, señalaron que adherían a la convocatoria, lo que despertó burlas y críticas en RRSS”. El resto del grupo lo mira extrañado “tienes que haberlo soñado, aunque yo recuerdo solo a unos violentistas que se tomaron la calle después, pero a lo mejor fue una película, para ser franco”.

En el país amnésico, en menos de tres años, se vivirá un segundo proceso constitucional, aunque nadie parece recordar para qué y por qué. El estallido del 18/0 –que algunos sólo asocian con la violencia de unos pocos— permitió que se llamara a un plebiscito, en que un 80% “votó por cambiar la Constitución, que la gente después eligió 155 personas —democráticamente— en su mayoría independientes, castigando duramente a los partidos, en particular los más tradicionales. Que luego, los elegidos se farrearon la instancia provocando que un 62% rechazara su propuesta, que después los partidos —los mismos que la gente había castigado— definieron que un grupo de iluminados expertos pre redacten un texto, que continuarán 50 elegidos unos meses después. Claro, esta vez serán electas en listas de partidos, sin independientes, sin gente de organizaciones sociales y, por supuesto, sin representantes de los PPOO –a lo más habrá uno o dos—.

Pero, lo que el país amnésico no sabe es que, así como en la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la historia se encarga de traer destellos de lo que hicieron, eligieron, creyeron e incluso repudiaron los ciudadanos, obligándolos a enfrentarse a una realidad, por muy incómoda o dolorosa que sea. Porque si hay algo que los habitantes de ese país deberían recordar, aunque fueran unas imágenes difusas, es que la historia se le ha repetido una y otra vez, como un péndulo. Que ha pasado de un polo al otro sin darse cuenta —como los largos diez y seis años entre Bachelet y Piñera— y que los ciclos, cada vez son más cortos.

Perdón ¿de qué estábamos hablando?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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