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Atavismos autoritarios de izquierda y derecha Opinión Crédito: Agencia Uno

Atavismos autoritarios de izquierda y derecha

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Jorge Gómez Arismendi
Por : Jorge Gómez Arismendi Director de Investigación y Estudios de Fundación para el Progreso
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Podríamos decir que el fracaso de la izquierda fue vindicar la democracia sólo de forma instrumental. Es decir, de hacer lo mismo que le cuestiona a la derecha. O siguiendo lo planteado por la propia Marta Lagos, su fracaso radica en no haber promovido la ética de la democracia y en cambio haber promovido abierta o soterradamente la ética de la violencia revolucionaria bajo la idea de refundación. Quizás, en ese sentido, el fracaso de la izquierda fue haber negado que lo que hemos tenido a partir de 1990 ha sido efectivamente una democracia, imperfecta, mejorable, pero democracia, al fin y al cabo, despertando con ello atavismos autoritarios.


La directora de Mori, Marta Lagos, plantea que hay un autoritarismo creciente en nuestro país que explicaría el auge en la valoración de la figura de Pinochet en el informe “Chile: la sombra de Pinochet”. Esto, según la encuestadora denota el fracaso cultural de la izquierda al permitir que la democracia chilena se tiñera con esta ‘blandura’ hacia la dictadura por parte de los adeptos a Pinochet y el asentamiento de criterios autoritarios en la sociedad chilena, lo que además explicaría el triunfo del partido Republicano en la elección del Consejo constitucional.

La tesis de Marta Lagos es muy discutible en varios sentidos. La primera pregunta que hay que hacerse es si la izquierda chilena efectivamente se desembarazó de criterios autoritarios. La respuesta es claramente no. La permanente condescendencia con la dictadura en Cuba, con el régimen chavista hasta bien avanzado el desastre en Venezuela e incluso las alusiones nostálgicas con la RDA, como las hechas por la propia Michelle Bachelet en 2015, denotan que las izquierdas tampoco asumieron una crítica total del autoritarismo. Quizás el primero en plantear algo así ha sido el presidente Gabriel Boric, quien no ha dudado en cuestionar la deriva dictatorial en Nicaragua y Venezuela. Pero es claro que eso no ocurre necesariamente a nivel ideológico en toda su coalición.

En segundo lugar, es importante considerar que en el caso de la izquierda surgida al alero del PC y el Frente Amplio se han dedicado por años a instalar la idea de que en Chile no hay una democracia verdadera y que toda la institucionalidad es una trampa destinada al abuso y un largo etc. Ello sin duda les sirvió de relato para justificar acciones directas fuera de los marcos institucionales habituales y para alzarse como los nuevos santos frente a una clase política desprestigiada, tal como se pavoneaba Giorgio Jackson hasta hace poco. También hay que decir que eso también ha alimentado el desdén ciudadano respecto a la propia institucionalidad democrática, sus contrapesos y equilibrios. Eso, aunque la desconfianza en los partidos políticos en gran medida se ha generado por las propias faltas de sus dirigentes, incluidos los que tiempo atrás presumían que iban a iluminar la política.

En tercer lugar, y esto se relaciona con lo anterior, hay que preguntarse si la izquierda efectivamente ha rechazado la violencia como medio de acción política. Y la respuesta vuelve a ser dudosa, sobre todo si consideramos a la izquierda que hoy gobierna que creció al alero del vandalismo estudiantil, se mostraba más bien condescendiente con la violencia terrorista en La Araucanía (que llamaban Wallmapu) y se mostró exultante frente al desmadre vandálico de octubre de 2019. No hay que olvidar que el propio presidente validó las barricadas como medio de acción olvidando que estás en si implican actos de violencia.

Es una lección clásica que ahí donde se azuza la acción de la turba, donde no se respetan las normas, ni las leyes, ni las autoridades, no se fortalece la democracia, sino que se alimenta subterráneamente el deseo de los pueblos por un tirano que acabe con el imperio de la muchedumbre. Así, algo que parece obviar Marta Lagos en su análisis es que el autoritarismo que acusa ha sido, en parte, alimentado por la propia izquierda chilena. En ese sentido, hay que preguntarse si está la ciudadanía necesariamente contra la democracia o está en contra de la desprolijidad e irresponsabilidad políticas vistas en los últimos años. Están los ciudadanos contra la democracia o contra formas políticas desmesuradas como el identitarismo refundacional rechazado en septiembre del año pasado.

Podríamos decir que el fracaso de la izquierda fue vindicar la democracia sólo de forma instrumental. Es decir, de hacer lo mismo que le cuestiona a la derecha. O siguiendo lo planteado por la propia Marta Lagos, su fracaso radica en no haber promovido la ética de la democracia y en cambio haber promovido abierta o soterradamente la ética de la violencia revolucionaria bajo la idea de refundación. Quizás, en ese sentido, el fracaso de la izquierda fue haber negado que lo que hemos tenido a partir de 1990 ha sido efectivamente una democracia, imperfecta, mejorable, pero democracia, al fin y al cabo, despertando con ello atavismos autoritarios.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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