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Seguridad: autoridades ciegas, sordas y mudas Opinión

Seguridad: autoridades ciegas, sordas y mudas

Santiago Escobar
Por : Santiago Escobar Abogado, especialista en temas de defensa y seguridad
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Si el Estado es dominado por la inercia o la incapacidad política, se desorientará y será presa fácil de un ataque corruptivo. De ello aparecerá el Estado fallido en su política de seguridad.


La crisis de seguridad y el show de TV matinal que diariamente la acompaña es el ejemplo perfecto de la verborrea de los políticos, en un país sin memoria crítica. Cada uno de sus argumentos, de Gobierno o políticos opositores, pareciera provenir de la convicción de que ella es un producto de generación espontánea. Todo es sorpresa, nada responsabilidad.

En la pequeña Caracas de Estación Central se asentó el primer núcleo del Tren de Aragua en Santiago, a fines de 2018. Calle Toro Mazote. Los vecinos alertaron sobre el tema, principalmente a la municipalidad cuyo alcalde era Rodrigo Delgado, que luego fue ministro del Interior de Sebastián Piñera. Nunca escuchó las advertencias sobre las inversiones inmobiliarias –los llamados guetos verticales– que fueron autorizados por la DOM municipal y depredaron el barrio. Ahí, probablemente, se encontraría lavado de activos y un sistema de domiciliación de los soldados colonizadores de lo ilegal, como esa banda venezolana. Nunca ha sido investigado a fondo.

El subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, y el embajador de Chile en Caracas, Jaime Gazmuri, inexplicablemente intentaron obtener, posiblemente por recomendación de la PDI, ayuda policial de Venezuela. A través de un acuerdo que el Gobierno de Maduro nunca iba a firmar, pues es él quien impulsa la transnacionalización del crimen organizado venezolano.

¿Cuáles fueron los fundamentos y recomendaciones que tuvieron en vista esos altos funcionarios de la Presidencia y la Cancillería, o quién hizo las minutas de inteligencia que debieran haber recibido, para llevar adelante el bochorno que hoy tratan de borrar con el actual conflicto diplomático?

Por una investigación de la Brigada Antinarcóticos y contra el Crimen Organizado (Brianco) de la PDI de Iquique, con un par de años de antigüedad, se tuvo la convicción de que Larry Amaury Álvarez Núñez, alias “Larry Changa” –uno de los tres pranes (jefes) del Tren de Aragua– estaba en Chile. El 16 de febrero de 2022, la PDI pidió oficialmente información sobre él a la oficina de Interpol en Caracas, sin respuesta. El 24 de marzo las autoridades chilenas reconocieron oficialmente la existencia de la banda en Chile, pero ya “Larry Changa” había desaparecido. Ingresado como turista en 2018 y con una cafetería a pasos de La Moneda y muy discreto ante la colonia, desapareció. ¿Quién le avisó?

La ideología primero

Solo la embriaguez de ideología –política o de mercado– puede inducir a los gobiernos a no tomar conciencia de su responsabilidad en lo que ocurre. Desde décadas se presentó a Carabineros como ejemplo de policía eficiente, subrayando la asistencia técnica a policías de Centroamérica, entre ellas la de El Salvador. Pero con oídos sordos a la necesaria reforma policial.

Altos dirigentes comunistas como Juan Andrés Lagos piden no seguir entorpeciendo con acusaciones infundadas las relaciones con un país hermano”, en alusión a Venezuela y el asesinato del exmilitar con refugio político en Chile. El canciller Alberto van Klaveren prologa el libro Nuevas Voces de Política Exterior: Chile y el mundo en la era post-consensual, patrocinado por la fundación política alemana Friedrich Ebert, donde se postula una revisión profunda de la política exterior de nuestro país. Y pone sobre Chile la carga de la prueba de las relaciones diplomáticas y la mediterraneidad de Bolivia. Siguiendo la guía personal de Gabriel Boric de tener como referentes políticos a Evo Morales y García Linera.

Bolivia es hoy el paraíso de reinversión de los dineros negros de la dictadura venezolana, a través de Corimon, una corporación empresarial que lidera Carlos Gill Ramírez, paraguayo-venezolano, con inversiones en ferrocarriles y ambiciones interoceánicas. La frontera norte con Bolivia ha sido la puerta de entrada de las bandas criminales al país, claramente apoyadas desde Caracas y La Paz.

Lo dije en una columna anterior en este medio, titulada “¿Dónde están que no los ven?”. La respuesta parece ser simple: en la ideología y en los negocios y no en el interés nacional de Chile. Por eso las autoridades no ven lo que todos vemos. En especial la pedagogía del miedo de las organizaciones criminales, que –ojalá no ocurra– puede terminar en sicariato contra autoridades y periodistas.

La población espera medidas drásticas de represión, pero la lentitud de la política se torna sospechosa. El costo se paga no solo con policías muertos sino también con la colonización y aislamiento de los barrios por parte del crimen, y el temor generalizado que está cambiando la cultura urbana del país.

El crimen organizado es un negocio y la violencia no una ideología sino un instrumento privilegiado para concretarlo. Contra la violencia, la represión más dura; contra el negocio, golpear el dinero y sus inversiones. Pero Chile carece de la mínima inteligencia para hacerlo.

Los cambios en la organización, dimensiones y capacidades de negocio del crimen organizado son el nudo central. En la composición de las bandas criminales, los tipos de negocios en que se especializan, las dimensiones del territorio que dominan, su capacidad de operación, la creación de nuevos negocios delictuales y su oportunidad para alianzas territoriales transnacionales, el anonimato o invisibilidad social de sus jefes o la estructura difusa de los negocios a gran escala, están los datos de esa transformación.

¿Cómo se lo explicamos a Gabriel Boric, Tohá, Matthei, Van Klaveren, y a los seguidores del ideario del fallecido Sebastián Piñera? Todavía no llega el invierno por la costa del Pacífico. Pero viene bajando con el impulso de los carteles mexicanos, es parte del conflicto ecuatoriano y de la desestabilización de Perú. Su objetivo son los puertos y rutas bioceánicas. Políticamente hablando, Chile tiene frontera con Venezuela a través de Bolivia y una zona de amortiguación, todavía, en Perú.

Sin corrupción administrativa y de seguridad, el crimen no puede hacerse viable en las dimensiones globales que ha alcanzado y ese es el nudo de inseguridad con Venezuela. Hay que evitarlo con responsabilidad.

Si el Estado es dominado por la inercia o la incapacidad política, se desorientará y será presa fácil de un ataque corruptivo. De ello aparecerá el Estado fallido en su política de seguridad, y luego el Estado lumpen o criminal, como es la actual dictadura venezolana.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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