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Las claves de la conferencia por la paz de Ucrania a la que asistirá el Presidente Boric Opinión EFE

Las claves de la conferencia por la paz de Ucrania a la que asistirá el Presidente Boric

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Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Humanidades y Comunicaciones, Universidad Finis Terrae.
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A pesar de las numerosas pruebas de crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por Rusia en Ucrania, una parte de la comunidad internacional insiste en mantener una posición ambigua ante la invasión rusa y sus consecuencias.


Este fin de semana se realizará en Suiza –cerca de Lucerna– la esperada “Conferencia de Alto Nivel por la Paz en Ucrania”, que contará con la participación de delegaciones de casi un centenar de países de Europa, Asia, Medio Oriente, África y América Latina. Se trata de una instancia que impulsó el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, en enero pasado, durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos.

Ya en el tercer año de la injustificada invasión rusa a Ucrania, la cumbre tiene el objetivo de formalizar una propuesta de paz respaldada por la comunidad internacional y basada en diez puntos propuestos por el propio Zelenski: la seguridad nuclear, la seguridad alimentaria, la seguridad energética, la liberación de prisioneros y personas deportadas, el restablecimiento de la integridad territorial de Ucrania y del orden mundial (a partir del cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas), el retiro de las tropas rusas de territorio ucraniano y el fin de las hostilidades, así como la restauración de la justicia, la seguridad medioambiental, la prevención de la escalada y la no repetición de la agresión rusa, y la formalización del término de la guerra.

A partir de estos puntos, el objetivo es que el documento final sea la base para una posible negociación con Rusia. Esto, si es que Vladimir Putin realmente tiene la voluntad de abrir conversaciones que permitan poner término a la primera gran guerra en Europa desde el término de la Segunda Guerra Mundial, hace 85 años.

Las perspectivas son auspiciosas, pero no están al margen de complicaciones reales. En primer lugar, la ausencia de China, que, si bien no ha condenado ni respaldado la invasión rusa a Ucrania, se ha convertido en el principal aliado de Rusia.

Del mismo modo, está confirmada la participación de figuras como el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez; el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz; y la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, aunque países del grupo de los BRICS como Brasil y Sudáfrica no enviarán delegaciones de alto nivel a la conferencia.

Por parte de América Latina está confirmada la participación del presidente Gabriel Boric, junto con los mandatarios Gustavo Petro, de Colombia, el argentino Javier Milei y el ecuatoriano Daniel Noboa.

Lo anterior demuestra que, a pesar de las numerosas pruebas de crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por Rusia en Ucrania, una parte de la comunidad internacional insiste en mantener una posición ambigua ante la invasión rusa y sus consecuencias.

Aún resulta difícil establecer con certeza cuándo y cómo terminará esta guerra, pero lo cierto es que la invasión rusa ya ha dejado numerosas esquirlas que han causado un profundo daño no solo a Ucrania, sino al sistema político internacional completo.

La invasión de febrero de 2022 sentó un nefasto precedente, en términos de que en pleno siglo XXI un país invadió sin provocación previa a otro, un acto que muchos otros gobiernos no democráticos podrían estar tentados de imitar.

A eso se suma que –durante meses– el bloqueo ruso a los puertos ucranianos impidió la exportación de cereales, lo que hizo subir su valor en los mercados mundiales y causó escasez de alimentos.

Del mismo modo, cabe señalar que esta guerra ha generado episodios inéditos (pero que seguramente veremos en futuros conflictos), como el hecho de que por primera vez hay centrales nucleares en el campo de batalla, que los drones de guerra han cobrado un protagonismo irreversible y que hemos visto el sabotaje de gasoductos (los Nord Stream 1 y 2).

La próxima cumbre –que ya ha sido blanco de ciberataques– representa la esperanza de avanzar hacia el término de una guerra que nunca debió haber estallado. Sobre todo, tomando en cuenta que las numerosas e inéditas sanciones diplomáticas y económicas contra Rusia no han logrado doblegar a Moscú. ¿Vladimir Putin estará dispuesto a abrirse a negociar? Esa es la gran interrogante, aún sin respuesta.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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