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La Tercera y La Moneda ponen paños fríos a la disputa del periódico con Longueira

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Una velada, pero antigua desaveniencia entre el ministro y el director del matutino, Cristián Bofill, volvió a reflotar luego que ayer no sólo se publicara una carta en que el secretario de Estado desmiente una nota, sino también la respuesta del medio al ex senador. El tono con que se refutan sus planteamientos sorprendió al mundo político y dio paso a todo tipo de especulaciones. Hoy, Bofill señaló que esto era “inadecuado” y ofreció sus disculpas a Longueira. Sin embargo, quedan dudas de por qué los términos más descalificatorios de la N. de la R. sólo venían en la edición de Santiago, cuestión que la dirección atribuye a un “lamentable malentendido”, dejando varias preguntas en el aire.


Ayer lunes nada hacía presagiar que el ambiente público tomaría un inédito rumbo. Para sorpresa del mundo político, fue el diario La Tercera el que instaló el comidillo en la elite sacando a la luz pública una antigua desavenencia que arrastra con el actual ministro Pablo Longueira Montes. En la edición de ayer se publicó una carta donde el titular de Economía se quejaba por una nota del matutino. No sólo desmentía su contenido, sino que además acusaba al medio de incurrir, “una vez más, en afirmaciones equivocadas, falsas o inexistentes” y de caer en “oscuras especulaciones”.

Esto último fue lo que aparentemente provocó la dura reacción de la “redacción” que, en su respuesta (N. de la R.), no dudó en atribuirle al secretario de Estado una “visión distorsionada de la realidad, públicamente conocida, que ha causado polémica en el pasado”. La frase hizo revivir el episodio en el cual Longueira afirmó que Jaime Guzmán le había hablado, en medio del Caso Spiniak. Demás está decir que en la UDI nadie podía creer la dura refutación, que la mayoría atribuyó a Bofill. Si bien muchos tienen una opinión sobre el tema, ningún dirigente gremialista salió a defender públicamente a una de sus cartas presidenciales. El silencio de parte de la tienda resultó elocuente. El de La Moneda también. El tema no fue tratado en el comité político de los lunes. Eso sí, fue analizado temprano por la Segegob. Ahí se consideró un asunto complejo, bastante “fuerte”, porque además la disputa es con un medio de comunicación, con el que existe el antecedente de la “odiosidad histórica” entre dicho diario y el ministro. En la cartera señalaban que si bien se trata de un secretario de Estado, que no puede ser tratado así, Longueira también se habría extralimitado.

Durante el día, desde Palacio se comunicaron con el alto mando de Copesa y acordaron no escalar el tema, pues esto no convenía a nadie. En La Moneda aceptaron las excusas del matutino, donde les aseguraron que hoy vendría la disculpa pública del director. De hecho, hasta anoche se aseguraba que La Tercera incluiría hoy una dura carta aclaratoria del senador Jovino Novoa defendiendo a la asesora a quien el periódico atribuía la versión del reportaje que dio origen al conflicto, cuestión que no ocurrió.

[cita]Aunque no deja de llamar la atención el que La Tercera no se haya limitado a publicar la carta del ministro, sino que la haya respondido con “tan mala leche”. De hecho, todos reconocen que lo extraordinario del intercambio epistolar no es el reclamo del ex senador, sino la inesperada “reacción de Bofill”.[/cita]

La respuesta de la redacción a la misiva del titular de Economía fue francamente “irrespetuosa”, dicen en el partido. Nadie en la tienda podía creer que uno de los medios a los que se le atribuye mayor cercanía con el gremialismo hubiera osado responder al ministro en el “tono” en que lo hizo. Algunos destacados dirigentes UDI han integrado incluso el comité editorial del diario y el secretario general de Copesa, holding que edita La Tercera, es Marco Antonio González, ex director ejecutivo de la Fundación Jaime Guzmán y quien además fue ayudante de cátedra del ideólogo del gremialismo en la UC. Y el ex diputado UDI Marcelo Forni es gerente corporativo del holding CorpGroup, donde agrupa sus otras empresas el dueño del matutino, Álvaro Saieh.

Ninguno de los máximos representantes de la colectividad tomó la iniciativa de salir a defender a Longueira. Por lo pronto, el timonel Patricio Melero no quiso hablar con El Mostrador sobre el tema y la mayoría de los que aceptó opinar lo hizo bajo resguardo de su nombre, ya que ésta —dicen— es una pelea de “perros grandes”, en la que nadie quiere resultar salpicado. Aunque no deja de llamar la atención el que La Tercera no se haya limitado a publicar la carta del ministro, sino que la haya respondido con “tan mala leche”. De hecho, todos reconocen que lo extraordinario del intercambio epistolar no es el reclamo del ex senador, sino la inesperada “reacción de Bofill”.

Las lecturas que se hicieron del episodio son múltiples y variadas. Algunas derechamente políticas y otras atribuyen la reacción a un “problema personal entre ellos”, aludiendo a Longueira y Bofill.

Un parlamentario no deja de preguntarse “¿qué sentido tiene pelearse con La Tercera?” Sin embargo, estima que cosas como estas suceden porque el director del diario, Cristián Bofill, “también es macuco. Se mete él mismo en las intrigas. Le aseguro que esto lo contestó Bofill. ¿Quién más se va a atrever a poner en juego el prestigio del diario en una respuesta, en el tono que tiene la carta, a un ministro? Esto es un choque de personalidades”, concluye.

¿Los duendes de taller?

Con todo, no son pocos los que no ven factible que haya sido el director del periódico el que haya redactado esa respuesta, que no calculaba el efecto político negativo para el medio. El mismo Bofill ayer señaló al interior del periódico —donde había orden imperativa de estricto silencio a todos los trabajadores y altos directivos— que si bien había tomado la decisión de responder a Longueira, no fue quien escribió el explosivo cierre que alude a la “visión distorsionada de la realidad, públicamente conocida, que ha causado polémica en el pasado”.

De hecho, Bofill habla hoy en su aclaración y ofrecimiento de disculpas, que tal fue la “versión original” de la respuesta, la que se publicó correctamente para la edición de regiones y que para la de Santiago se produjo “un malentendido”. Es decir, y esto es lo complejo, la respuesta del director fue intervenida. Aquí es donde nace la pregunta que también se hacían en Palacio. Si no fue el director quien agregó la frase ¿quién lo hizo? Las primeras especulaciones apuntaban a Marco Antonio González, quien en los hechos tiene control de las secciones carta y editorial del periódico.

Pero fuentes del mundo UDI afirman que “aunque Marco Antonio tiene mucho carácter y determinación, nunca usaría ese tono, menos aludiendo a las conversaciones de Pablo con Jaime”.

Descartando que haya sido algún subalterno de González  en la sección opinión quien se haya “arrancado con los tarros” —versión que desde Copesa trataron de vender ayer a La Moneda—, o que haya ocurrido que por un error se publicara para Santiago la versión original y no editada de la respuesta —cuestión que ocurre en los medios en el ir y venir de textos— empiezan a surgir otras especulaciones.

Una de las más difundidas ayer al interior del periódico era que había sido el propio Jorge Andrés Saieh, presidente de Copesa, quien agregó este inconveniente párrafo final.

Esto hace sentido especialmente a quienes estiman que lo sucedido no es más que “una pasada de cuenta del empresariado a Longueira, por las medidas que ha promovido desde que asumió en Economía. Y, seguramente, el tema de que los centros comerciales no debieran cobrar por el uso de los estacionamientos y los baños fue la gota que rebasó el vaso”. Con esta tesis coincide el analista político de la Universidad Central, Marco Moreno. En su opinión, la primera señal del cuestionamiento al ministro de Economía fue “cuando se le quitó el piso a Peribonio en el tema de los centros comerciales, toda vez que el Sernac depende de Longueira”. Moreno estima que en el ambiente político “hay un dejar caer las medidas que Economía está proponiendo en defensa de los consumidores, a través de los circuitos extra institucionales del poder. Los fácticos del empresariado se han movido para bloquear las iniciativas que los incomodan”.

Robín Hood en el gabinete

Pero Moreno también hace hincapié en la postura que ha asumido la UDI institucionalmente en esta primera etapa de la polémica. En su opinión, “la UDI no se ha querido jugar por la defensa de Longueira, porque no está convencida de la viabilidad de su candidatura. Incluso ven más viabilidad política en la de Laurence Golborne. Eso ha hecho que el partido sea cauteloso en las defensas corporativas. Porque el nivel de resistencia que genera Longueira sólo permitiría una candidatura testimonial”.

La disputa entre el ministro y La Tercera no ha pasado inadvertida en el mundo político. Algunos incluso respaldan la decisión de Longueira de llevar el caso ante la Comisión de Ética de los Medios. También la siguen con entusiasmo los analistas de la Alianza. Uno de ellos estima que este episodio esconde “una pasada de cuenta del empresariado. Jovino Novoa es quien ha defendido al sector frente a las políticas que Longueira ha intentado implementar desde que llegó al gabinete. Novoa siempre se ha opuesto a lo que está siendo percibido como la línea anti empresarial que el ministro parece estar queriendo imponer”.

Este analista compara la situación con el Piñeragate, en cuanto a que tiene la convicción de que “esta es sólo la punta del iceberg. En apariencia es sólo una respuesta destemplada, pero justamente porque no tiene sentido lógico es que con el paso de los días van a comenzar a surgir nuevos antecedentes. Asimismo, advierte que “el único que puede hacerle el peso a Longueira, en términos de influencia, es Novoa”. Aunque sostiene que el silencio de la UDI es elocuente, por cuanto “está reflejando el temor que existe al interior del partido respecto de que como candidato, Longueira es inmanejable e incontrolable. Por lo que como presidenciable es un peligro para el gremialismo, justamente porque ha ido construyendo su liderazgo en apoyo de las personas y en contra de los empresarios, erosionando la imagen del empresariado. Se ha convertido en una especie de Robín Hood. Algo que Novoa ha dado todas las señales de que no pretende permitir”.

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