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Conflictivo estilo hizo caer a la ex jefa de la SECOM

La soterrada pugna con Peñailillo que acabó con el poder de Paula Walker en el corazón del bacheletismo

por 11 marzo, 2015

La soterrada pugna con Peñailillo que acabó con el poder de Paula Walker en el corazón del bacheletismo
Dada la cercanía de la que gozó por años con la Presidenta Bachelet –fue la asesora que la acompañó a Estados Unidos mientras dirigió ONU Mujeres–, en el Gobierno explican que se optó por la figura oficial del traslado interno, aunque en la práctica lo que sucedió fue que “se le pidió la renuncia”.
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Un gallito permanente, una pugna que durante el primer año de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet fue un secreto a voces en el Ejecutivo y la Nueva Mayoría, un choque soterrado y permanente con el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, fue lo que terminó minando por completo el poder casi absoluto del que gozó por mucho tiempo la ex jefa de la SECOM, Paula Walker, quien ayer, literalmente entre gallos y medianoche, fue sacada de su cargo para enviarla como parte del equipo del Área de Estudios de la Presidencia. Es decir, fue defenestrada.

Una decisión que públicamente fue comunicada pasadas las 23:00 horas a través de un escueto comunicado de tres líneas desde la Segegob e informada como un traslado interno, pero que en La Moneda confirman que fue tomada unas horas antes. Dada la cercanía de la que gozó por años con la Presidenta Bachelet –fue la asesora que la acompañó a Estados Unidos mientras dirigió ONU Mujeres–, en el Gobierno explican que se optó por la figura oficial del traslado interno, aunque en la práctica lo que sucedió fue que “se le pidió la renuncia”.

La ausencia de Walker el sábado en el Consejo de Gabinete de Cerro Castillo fue el primer indicio concreto sobre los rumores que circulaba en el Gobierno acerca del débil momento político que atravesaba la entonces jefa de la SECOM, que llegaban al punto de afirmar que internamente en Palacio “estaba cortada”.

En el Ejecutivo, entre asesores y en la Nueva Mayoría hay un crudo diagnóstico sobre el mal manejo comunicacional que ha existido durante casi todo este primer año de Gobierno. “El segundo piso es un sector de producción de pugnas internas, siempre está en conflicto con alguien”, sentenció una alta fuente de Palacio. Algo concordante con su perfil intrigante y el apodo de Lucrecia Borgia, con que era conocida por algunos ex cercanos suyos en la actividad política.

Paula Walker estaba de vacaciones cuando estalló el Caso Caval y salió de la Dirección Sociocultural de la Presidencia el hijo de la Mandataria, Sebastián Dávalos. Walker volvió a sus funciones sin  Bachelet, el lunes 23 de febrero y, durante esos primeros días de la crisis, se comentaba en el Gobierno que era notoria la ausencia de la jefa de la SECOM porque la coordinación interna en Palacio había sido expedita y sin conflictos.

Es que, si había un elemento común en las huestes de la Nueva Mayoría y el grueso del Gobierno, era el rechazo y crítica que despierta la figura de Walker. Ya a principios de enero se hablaba del quiebre de la ex mujer de hierro de Bachelet con el ministro Peñailillo, al punto que no se hablaban y se advertía que la jefa de la SECOM pasaba por un débil momento.

La apuesta de Walker en ese momento fue jugarse por revertir la caída sostenida que registraba la Presidenta en las encuestas hasta diciembre –cabe recordar la baja de 12 puntos en la CEP de fin de año–, cosa que a finales de enero efectivamente había concretado. Un logro que quedó totalmente eclipsado –igual que varios más del Gobierno– por el impacto de los negocios de Natalia Compagnon, nuera de Bachelet, y de su primogénito.

Algunos en La Moneda comentan que en privado se señala a Walker como una de las responsables de filtrar la versión del supuesto distanciamiento de la Presidenta con Peñailillo, como consecuencia de su manejo de la situación de Dávalos. Agregan que el ministro estaba al tanto del hecho y que ello habría calentado los ánimos en el seno de Palacio.

Ya este lunes en los patios de La Moneda se precisaba, ante un enrarecido clima interno, que la pelea entre ambos se había reactivado “con todo”, que se había desatado la guerra.

Peñailillo y Walker han trabajado juntos con Bachelet desde el primer Gobierno, pertenecen a lo que muchos en el oficialismo consideran una suerte de “corte celestial” en torno a la Presidenta, pero la relación cambió y se enrareció durante la campaña del 2013, cuando el hoy ministro comenzó a tener poder propio, lo que –ya instalados en La Moneda– se transformó en una pugna soterrada.

En el Ejecutivo, entre asesores y en la Nueva Mayoría hay un crudo diagnóstico sobre el mal manejo comunicacional que ha existido durante casi todo este primer año de Gobierno. “El segundo piso es un sector de producción de pugnas internas, siempre está en conflicto con alguien”, sentenció una alta fuente de Palacio. Algo concordante con su perfil intrigante y el apodo de Lucrecia Borgia, con que era conocida por algunos ex cercanos suyos en la actividad política.

Desde la Nueva Mayoría agregaron casi al unísono que la mala opinión sobre Walker era transversal, que era sabido el choque frontal entre la SECOM y el Ministerio del Interior, que esa era una situación “que no podía seguir más tiempo”, menos en el complejo escenario que atraviesa la administración bacheletista por el efecto Dávalos.

“Hay una opinión generalizada en cuanto a que la estrategia comunicacional de La Moneda ha hecho agua y han estado profundamente equivocados las últimas dos semanas”, sentenció un timonel de la coalición.

No solo es por los últimos días, sino que por lo que varios consideran la incapacidad para prevenir los conflictos, prender las alarmas, en este caso advertir a tiempo que iba a explotar la bomba de racimo del caso Caval. En el oficialismo precisan que la revista Qué Pasa, que informó el 6 de febrero de los negocios del matrimonio Davalos-Compagnon, se demoró al menos dos a tres semanas en elaborar el reportaje y la SECOM “fue incapaz de prender las alarmas, se enteraron por la prensa, no hicieron la pega”.

En Palacio se advertía que la tensa relación de Peñailillo y Walker era algo que debía ser zanjado de raíz y que la solución no iba a pasar “más allá de esta semana”. Así fue.

Antes que se difundiera el comunicado de la Segegob, trascendió la caída de Walker y se explicaba en el Gobierno que fue el equipo político de La Moneda el que “la dejó caer”, que ya “estaba liquidada” en la tarde mientras se realizaba, en el Patio de Los Cañones, el lanzamiento del Consejo Asesor para elaborar un marco regulatorio de la relación entre el dinero y la política.

Del cielo al infierno

Walker fue la jefa de prensa de Bachelet en su primer Gobierno, luego se fue con ella a la Fundación Dialoga y posteriormente a Nueva York; luego, regresaron juntas el mismo día a Chile, cuando la actual Mandataria asumió públicamente su candidatura presidencial en marzo del 2013. Ha sido parte del círculo de hierro de la Presidenta, al punto que hace solo dos meses nadie se atrevía a apostar por que Bachelet resolviera sacarla de la SECOM, a pesar del largo listado de críticas y reclamos a su estilo, decisiones, conflictos e incluso malos tratos.

Tan cercana, que era Walker quien filtraba, bloqueaba y decidía quién se contactaba o no con Bachelet mientras estuvieron en Nueva York, cortando el paso de príncipe a paje, a dirigentes y parlamentarios.

Siempre ha tenido una compleja relación con la prensa y los medios de comunicación, debido a que es una de las principales exponentes de la lógica del “secretismo” absoluto y el control total de toda la información relacionada con el Gobierno, lo que llevó a que en su momento incluso se hablara irónicamente del “estilo RDA” del bacheletismo, en alusión a los años de exilio que la Mandataria vivió en Alemania Oriental durante la Guerra Fría. Ese fue justamente el estilo que empleó el verano pasado el Gobierno electo y que, antes de asumir, le costó más de un dolor de cabeza a la Mandataria con la llamada crisis de los subsecretarios: el Gobierno completo se fue de vacaciones y nadie contestó preguntas ni cuestionamientos, los que crecieron como bola nieve. Tras ese episodio fueron convocados al Gobierno Carlos Correa, como subdirector de la Secom, y Haydeé Rojas, a cargo de prensa de la Presidenta, con un estilo mucho más receptivo a la lógica de la transparencia informativa y a permitir el inquisitivo y cotidiano trabajo de la prensa ávida de respuestas.

Su poder llegó a tal punto que se señala que Walker fue una de las responsables de la caída en desgracia de la otrora confidente, amiga y asesora de la Mandataria, María Angélica Álvarez, la “Jupi”, quien hoy esta relegada en la agregaduría de prensa de una embajada en Europa.

En términos políticos, siempre se le ha cuestionado que su poder lo usó solo para privilegiar a Bachelet, que nunca consideró ni respetó a los partidos, que no tenía muñeca política, que encierra mucho a la Presidenta al tratar de protegerla.

Durante el año, se habló bastante en privado de los problemas que los distintos equipos de comunicaciones de los ministerios tuvieron con la SECOM, puntualmente con Walker, que los últimos meses fue eclipsada en influencia por la jefa de gabinete de la Presidenta, Ana Lya Uriarte, y que había conflictos permanentes además con otras áreas estratégicas del segundo piso, como es la de producción, que redundó en varias descoordinaciones.

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