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Opinión

Comunicación política: un Gobierno sin relato y preso del ‘crecimiento’

por 28 julio, 2016

Comunicación política: un Gobierno sin relato y preso del ‘crecimiento’
Con este volumen de ataques ideológicos vestidos de argumentos técnicos que fueron en aumento, sumado al deficiente proceso de información (desinformación ) por parte del Gobierno en cuanto a los efectos reales de las reformas y a tramitaciones legislativas complicadas, avaladas por estudios de opinión cada vez más negativos, se termina imponiendo el discurso conservador del establishment: “La culpa está en las reformas”. Por tanto, lo que cabe hacer es preocuparse del crecimiento económico, no de las reformas, las condiciones han cambiado. El Gobierno compró este discurso de la derecha económica y política.
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En lo comunicacional, el Gobierno de la Presidenta Bachelet se ha caracterizado por ser un torbellino discursivo permanente. Nadie los podrá acusar de no tener relatos, han sido muchos y variados. Se partió durante la campaña con la promesa de “terminar con la desigualdad” y para ello se debían hacer reformas estructurales en lo tributario, educacional, laboral y constitucional. Al poco andar, se pasó al “realismo sin renuncia”, poniendo el foco en la gestión de las reformas; pero el bajo crecimiento económico local y global hizo que naciera el concepto de “obra gruesa”. Intentando dar una señal de que en lo sustancial la Presidenta cumplió y, de esta forma, recuperar y fidelizar a los ciudadanos que aún valoran las reformas.

¿Qué hay detrás de esto?

Una confusión conceptual brutal, que ha hecho imposible, tanto para los medios como para los ciudadanos, entender la idea fuerza de la Nueva Mayoría, que no es otra cosa que la capacidad de soñar, de poder cambiar las cosas. Nos han dicho que no es tiempo de soñar. Cientos de miles de chilenos a lo largo del país dijeron lo contrario el domingo pasado, al rechazar el modelo de AFP tal como lo conocemos hasta ahora.

Los ciudadanos quieren reformas, aquí y ahora; con una buena gestión gubernamental y política, obviamente. El germen antipoderosos siempre ha estado presente en el imaginario nacional, reforzado por Caval, Penta, SQM, Papelera y colusiones varias.

Sin lugar a dudas, el programa del Gobierno y las reformas estructurales han afectado fuertes intereses económicos del establishment. Para ejemplificar, el entonces ministro de Hacienda Felipe Larraín ya culpaba de  la baja en el crecimiento económico, al final del período de Piñera, a la “propuesta de asamblea constituyente, AFP y alzas de impuestos de los candidatos de la Concertación y el PC, (que) ya han provocado efectos negativos sobre la inversión”.

Con este volumen de ataques ideológicos vestidos de argumentos técnicos que fueron en aumento, sumado al deficiente proceso de información (desinformación ) por parte del Gobierno en cuanto a los efectos reales de las reformas y a tramitaciones legislativas complicadas, avaladas por estudios de opinión cada vez más negativos, es que se termina imponiendo el discurso conservador del establishment: “La culpa está en las reformas”. Por tanto, lo que cabe hacer es preocuparse del crecimiento económico, no de las reformas, las condiciones han cambiado. El Gobierno compró este discurso de la derecha económica y política.

Una confusión conceptual brutal, que ha hecho imposible, tanto para los medios como para los ciudadanos, entender la idea fuerza de la Nueva Mayoría, que no es otra cosa que la capacidad de soñar, de poder cambiar las cosas. Nos han dicho que no es tiempo de soñar. Cientos de miles de chilenos a lo largo del país dijeron lo contrario el domingo pasado, al rechazar el modelo de AFP tal como lo conocemos hasta ahora.

Hay que precisar que la ausencia de movimientos sociales poderosos, neutralizados principalmente por el PC en la Nueva Mayoría y Gobierno, ha motivado que no existan polos de presión de la izquierda sobre la agenda y la discusión de las reformas, lo que ha hecho percibir, a nivel de medios de comunicación, que la posición del gubernamental está más a la izquierda de la izquierda. De este modo, no ha tenido espacio para negociar y generar consensos y, por sobre todo, espaldas para defender sus posturas centrales.

La pregunta ahora es otra.

¿Cuánto tiene que correrse a la derecha para sacar adelante los proyectos en marcha?

El error de centrar el discurso en el crecimiento, es que per se no construye una épica que convoque a los chilenos y sus voluntades. En el mediano plazo puede ser la mejor forma de perder votos con miras a las municipales 2016 y presidencial-parlamentaria 2017 y, dicho sea de paso, impedir que la Nueva Mayoría se proyecte más allá del 2018.

La importancia del crecimiento económico es innegable, pero no es un relato en sí mismo, ni una promesa, ni es visto como la vía para alcanzar un fin específico. De hecho, en la encuesta de Desarrollo Humano en Chile 2013, del PNUD, genera un 66% de sentimientos negativos. Es un desde, algo que cualquier Gobierno debe cumplir. Comunicacionalmente y emocionalmente no diferencia ni aglutina.

En definitiva, el Gobierno y la Nueva Mayoría están construyendo el escenario ideal para que Chile Vamos instale su discurso junto al ex Presidente Piñera. Que pretende ocuparlo, a partir de su libro La historia se escribe hacia adelante. Nadie reacciona para detener su avance, como tampoco los ataques a la Presidenta y su Gobierno.

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