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Disparen contra Guillier

por 27 septiembre, 2016

Disparen contra Guillier
En algunos sectores de la Nueva Mayoría –los que podemos denominar como “del orden”– encontraron en Guillier el fusible que necesitaba Ricardo Lagos. Mientras el senador concentre las críticas y las polémicas, el ex Mandatario puede seguir con el camino algo más despejado y quedar asociado a lo “positivo”. Claro que esta estrategia solo tiene una forma de medir su éxito. Y, hasta ahora, Guillier sigue llevando la delantera.
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Cuesta entender el efecto que Alejandro Guillier ha generado en la Nueva Mayoría. Lo que asomaba como una buena noticia inicial, se ha ido transformando en una especie de amenaza para la coalición gobernante. La interpretación más simple es que los llamados “poderes fácticos” se sintieron tocados por la aparición de un hombre que se distancia mucho del estereotipo esperado: el periodista no milita en un partido –pese a su cercanía con el PR–, opina con toda libertad, tiene un amplio manejo de la puesta en escena mediática, no escabulle las preguntas, además de no cargar con el peso de la política tradicional. Un bicho raro en el pacto que antes se llamó Concertación, como en su momento también lo fue ME-O.

 Está claro que en la Nueva Mayoría ya no temen ir contra el sentido común de la gente, peor aún, parecen haber perdido la sintonía fina con los ciudadanos, así como también la lealtad básica –ese código implícito que prohibía atacar a los socios en público– y, lo que es más grave, el sentido de unidad.

Pero, de fondo, creo que esta reacción hacia Guillier representa el momento crítico que vive la Nueva Mayoría. Vamos a los hechos objetivos. Cuando un gobierno tiene apenas un 15% de respaldo, es inevitable comenzar a mirar hacia la elección siguiente. Hasta hace un par de meses, el estado anímico estaba por el suelo en la NM, rayando en la depresión. La salida del túnel se veía lejana y la resignación se había apoderado de los pocos optimistas que iban quedando. Pero de pronto el panorama cambió. Apelando a esa fuerza que los ha mantenido por tanto tiempo juntos, el poder, los partidos comenzaron a proyectar y soñar algo que unos días atrás parecía un imposible: intentar derrotar al seguro abanderado de la derecha, Sebastián Piñera.

Y aparecieron los “disponibles”, aquellos que trabajan por el “servicio público” –¿habrá una frase cliché más poco creíble para los ciudadanos actuales?–, los que son capaces de “sacrificarse” para poder conducir al país. ¿Qué permite entender entonces que Insulza, Allende, Walker, Tarud –sí, escuchó bien– o el propio Lagos solo reciban aplausos desde la coalición por incorporarse a la larga lista de precandidatos? Es un hecho político evidente: en esta etapa, las cartas presidenciales suman, aportan energía, ganas, puntos de vista, instalan temas y son capaces de “subir al ring” al o los contrincantes.

¿Es lógico entonces que el personaje mejor evaluado por la opinión pública sea el blanco predilecto de sus propios aliados? Está claro que en la Nueva Mayoría ya no temen ir contra el sentido común de la gente, peor aún, parecen haber perdido la sintonía fina con los ciudadanos, así como también la lealtad básica –ese código implícito que prohibía atacar a los socios en público– y, lo que es más grave, el sentido de unidad.

Paradójicamente, hasta ahora, Guillier solo ha sufrido ataques desde el bando al que pertenece. El PPD ha demostrado su escaso sentido del humor y poca tolerancia al salir a responder con vehemencia cada intervención del senador. Walker, por su parte, parece haber desarrollado una obsesión con el ex rostro de CHV y TVN, al dedicarle gran parte de la extensa entrevista que concedió a El Mercurio, advirtiendo que Guillier iba en camino a convertirse en demagogo y populista. También lo invalidó porque en su momento participó en el spot de una Isapre, como si el periodista se hubiera imaginado una década atrás en la posición que estaría hoy día. Esta virulencia solo se podría explicar considerando que Walker ha señalado muchas veces –sin grandes ecos– su intención de competir como abanderado DC. Tal vez Ignacio siente que Alejandro es un rival directo. Curioso.

Pero estoy convencido de que en algunos sectores de la Nueva Mayoría –los que podemos denominar como “del orden”– encontraron en Guillier el fusible que necesitaba Ricardo Lagos. Mientras el senador concentre las críticas y las polémicas, el ex Mandatario puede seguir con el camino algo más despejado y quedar asociado a lo “positivo”. Claro que esta estrategia solo tiene una forma de medir su éxito. Y, hasta ahora, Guillier sigue llevando la delantera.

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