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Opinión

La desacralización de la política, ¿otra lectura posible de las Municipales?

por 27 octubre, 2016

La desacralización de la política, ¿otra lectura posible de las Municipales?
En un contexto de nuevas reglas del juego, desestructuración del padrón y volatilidad del voto, es probable que la participación electoral, no solo en número sino también en forma, ya no sea igual a la que conocimos. Esta será ahora más episódica, dando lugar a lo que algunos identifican con una “ciudadanía intermitente”.
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Diversas argumentaciones buscan explicar la gran abstención registrada en las recientes elecciones municipales. Con una participación de 4.931.041 electores que equivalen al 34.92% del algo más de 14 millones de ciudadanos habilitados para votar, nos acercamos al mínimo histórico de participación del 28% que se registró en Chile el año 1927. Una métrica sin duda nada de auspiciosa para nuestra democracia.

Varios sostienen que el cambio en las reglas del juego –en especial en lo referido al financiamiento político– y los problemas procedimentales derivados de la confección del padrón electoral, unidos a razones más estructurales vinculadas a los problemas de consolidación democrática, estarían en la base de la menguada participación del domingo 23 de octubre.

Tanto o más importante que el cambio de reglas sería, en nuestra opinión, un fenómeno más difuso y menos estudiado, que podríamos asociar con un proceso silencioso de desacralización de la política. Esta explicación se inscribe entre aquellas de más largo aliento que ayudan a explicar también nuestros problemas de participación electoral.

La desacralización de la política remite a la lógica de trasformación que atraviesa una sociedad –como sería el caso de la chilena– que ha dejado de ser heroica y vive la política en la actualidad sin el dramatismo de antaño. Lo que estaría ocurriendo –y de lo que daría cuenta la alta abstención en las municipales— es que tenemos hoy hacia la política un efecto desprovisto de pasión y entusiasmo. La épica de los 1980 y 1990 que movilizó a millones definitivamente se habría agotado. Son otros los clivajes que dividirán a los futuros votantes.

Los resultados electorales de las elecciones municipales parecen confirmar que está comenzando a ser evidente que los ciudadanos se están retirando y distanciando de la política convencional. Incluso cuando votan –lo que está ocurriendo con menos frecuencia que antes– sus preferencias parecen estar guiadas por consideraciones partidistas con menos frecuencia que antes.

Sin embargo, el análisis de los resultados requiere mayor templanza y sobre todo perspectiva. Este punto es clave si queremos entender los rasgos de la actual sociedad chilena. Más que en un horizonte de despolitización, entramos en uno de desacralización de la política.

No estamos ante la muerte de la política. Más bien estamos en medio de una trasformación que nos obliga a concebirla y practicarla de otra manera. Si tanto se defiende el pluralismo político en todas sus formas, ¿por qué no aceptar que existe también un pluralismo en relación con el grado de participación?

Tenemos que aceptarlo: no estamos ante la muerte de la política. Más bien estamos en medio de una trasformación que nos obliga a concebirla y practicarla de otra manera. Si tanto se defiende el pluralismo político en todas sus formas, ¿por qué no aceptar que existe también un pluralismo en relación con el grado de participación?

Es cierto que ya la política no moviliza las pasiones de los ciudadanos. Pero lo anterior no quiere decir que las demandas que se hacen al sistema político o al Gobierno hayan desaparecido. Parece ser lo contrario. A pesar de su frustración reiterada con la política y los políticos, los resultados que a los ciudadanos ilusionan siguen importando a la gente. Hoy los ciudadanos están más empoderados y vigilantes frente al cumplimiento de sus exigencias. Pero sus expectativas ya no se inscriben en el contexto heroico de una política totalizante.

En un contexto de nuevas reglas del juego, desestructuración del padrón y volatilidad del voto, es probable que la participación electoral, no solo en número sino que también en forma, ya no sea igual a la que conocimos. Esta será ahora más episódica, dando lugar a lo que algunos identifican con una “ciudadanía intermitente”.

Hay que abandonar el fácil esquema que contrapone activismo clásico con desafección. La gente desea ser implicada en el proceso político, pero en otros términos, de manera intermitente, parcial y episódica. Esta es la clave para leer la actual elección municipal y las que vendrán.

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