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Opinión

Qué tipo de migrantes estamos recibiendo

por 18 diciembre, 2016

Qué tipo de migrantes estamos recibiendo
¿Cómo se explica este perfil tan constructivo y beneficioso de los colectivos migrantes? La razón no es complicada y está lejos de teorías sociológicas rebuscadas, ya que apela al más simple de los sentidos comunes, el que nos habla de que “migrar” no es un juego, no es tontería. En el proceso de migrar las personas están arriesgado un proyecto de vida, no un cambio de auto o de casa, sino de vida, y en esa apuesta, los que migran y también los que fracasan en dicho proyecto, apuestan TODO, ponen TODO sobre la mesa para que, la apuesta más importante de la vida, tenga un resultado exitoso.
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El tema de la migración en Chile se ha tomado la agenda, y esto ha supuesto una toma de posiciones por parte de buena parte de los actores y líderes de la plaza criolla. A nivel público las posiciones de los precandidatos parecen claras en el fondo, forma e intenciones; más aún cuando sabemos que en muchos países de Europa, como en el propio EEUU, la “lucha contra la migración (ilegal)” trae buenos réditos electorales y, por cierto, políticos.  Pero, ¿qué pasa a nivel de las personas comunes y corrientes?; las opiniones son diversas, es cierto, pero dentro de esa diversidad hay patrones que “parecen” reproducirse en conversaciones informales y, supuestamente cómplices. Y, para qué decir, cuando las redes sociales ofrecen ese conveniente anonimato; entre ellas, no es raro encontrar cometarios tales como: “Es que ya son muchos”, “sólo viene a robar”, “trabajan por menos y bajan los sueldos”; “traen enfermedades”, “les regalan las casas y les entregan todos los bonos” (link1, link2, link3).

Estas opiniones van definiendo un imaginario social donde es congruente y válido que aparezcan exigencias como: “Que vengan solo los que aportan”, “que no dejen entrar a cualquiera”, “que venga gente preparada, no podemos estar manteniendo pobres, el país no está para eso”, y un largo etcétera que ronda discursos similares. El punto, es que estas ideas y prejuicios parecen no ser inocuos ni marginales, ya que van definiendo realidades acerca de los migrantes, que no parecen estar muy acordes con la realidad, y que gracias a la interconectividad, estas opiniones alcanzan a un mayor grupo de personas. Suficientemente extendidas para emerger como bases relevantes sobre las cuales los candidatos de turno definen ciertas estrategias comunicacionales y electorales y, peligrosas, porque reafirman ideas que como veremos, poco tienen que ver con la realidad.

De esta manera, discursivamente el migrante aparece en un limbo social, donde por un lado irrumpe y causa la precarización de los puestos de trabajo, y por otro, utiliza y satura los sistemas de ayuda y beneficios que ofrece el Estado. Al igual que el gato en la paradoja de Schrödinger, el migrante es una persona que viene a robar puestos de trabajo y, al mismo tiempo, es demasiado flojo para trabajar y solo viene a copar la ayuda social.

1. Metodología

No resulta fácil tratar de dar cuenta de la realidad los colectivos migrantes si, como sabemos, los estudios que buscan algún grado de generalización son bastante escasos. No obstante esto, y dada la reciente publicación de la encuesta CASEN 2015 (con un tamaño que supera los 260.00 mil casos) es posible explorar algunos indicadores que, en su conjunto, pueden entregarnos una idea cercana respecto de diversas dimensiones y aspectos del colectivo migrante (465319 personas / 2,7% de la población total), tal como se explicita a continuación.

2. Migrantes y trabajo

Una de las primeras dimensiones a describir dice relación con el “ámbito del trabajo” que, tal y como vemos en la tabla n°1, no parece confirmar ciertos prejuicios. Primero, los migrantes son personas que, tanto en términos de proporciones, horas y diferencias de salarios medios, trabajan más y, de ello, perciben un salario mayor.

Y aunque tardan más en llegar al trabajo que los nativos, igualmente estarían más dispuestos que los chilenos a seguir trabajando. Todo esto, en una cierta igualdad en términos de formalidad del trabajo, ya que la proporción de los que trabajan con contrato firmado es muy similar, entre ambos grupos. Por tanto, no se observa evidencia que permita corroborar ideas de que los migrantes son “flojos y no trabajan”, ni por carga de trabajo ni por la

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disposición favorable que tienen hacia éste, aun cuando el costo de trasladarse diariamente es mayor que el de los chilenos. Tampoco parece que la tendencia sea que trabajen en la informalidad, ni de ello, las opiniones de que “tiendan a bajar el sueldo” por trabajar irregularmente.

Tabla 1: Comparación entre grupos migrante y nativo según variables laborales

Fuente: Elaboración propia a partir de la CASEN 2015

3. Migrantes y beneficios sociales

Otra de las ideas que comúnmente se ha extendido es que los migrantes se aprovechan de los beneficios, subsidios y ayudas que entrega el Estado.  Si exploramos las 19 becas, subsidios y participación en programas sociales evaluados, observamos que solo en uno de ellos los migrantes superan a los chilenos, particularmente en lo que se refiere al “Subsidio Empleo Joven entre 18 y 25 años” dado que perciben, en promedio, un monto mayor al que perciben los chilenos que acceden al mismo beneficio. No obstante esto, en el resto de las 18 prestaciones, los migrantes participan en una menor proporción o reciben un menor monto por la prestación, sea esto en el ámbito educativo respecto de becas y créditos; en los social, a través de subsidios o aportaciones directas en dinero que entrega el Estado a través de las distintas políticas públicas sobre las cuales indaga la CASEN.

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Finalmente, también encontramos que la participación de los migrantes en los programas sociales se evidencia  menor que la proporción de población nativa. Por tanto, parece que no estamos, precisamente, frente a lo que podríamos denominar como un colectivo que “se aprovecha” de las prestaciones y ayudas sociales, al menos si se le compara con la población nativa.

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4. Migrantes y salud

Al igual que el caso anterior, existe cierta idea de que los migrantes se aprovechan del sistema de salud o, incluso, “traen enfermedades” que pueden ser peligrosas para nuestra sociedad. Si analizamos los datos de la Tabla n°4, podemos ver que los migrantes, no son los que más utilizan las ayudas de comida que entregan los consultorios. De igual forma,  no son los que más se enferman y, tampoco, son los que más consultan, por ende, difícilmente son los que saturan los servicios médicos o se aprovechan de estos. Si bien cuando consultan son, en términos proporcionales y comparados, los que menos dificultades de accesos tienen respecto de los chilenos, si son los que más dificultades tienen a la hora de pagar la consulta o pagar/acceder a los medicamentos necesarios para dar solución a la enfermedad por la cual consultan.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la CASEN 2015

5. Migrantes, vivienda y entorno

Una de las ideas más comunes en torno a la migración se relaciona con el acceso a la vivienda, particularmente con las “supuestas” facilidades que el Estado entrega a este colectivo en detrimento de los connacionales. No obstante, las cifras de la tabla n°5 evidencian, nuevamente, que esta realidad está lejos de ser cierta, o al menos, no es posible ratificar la idea de privilegio de los migrantes. Primero porque son los que más arriendan, y es que solo un 15% de ellos accede a la vivienda como propietario respecto del 53% de los nacionales. También es llamativo que, en términos porcentuales, no son precisamente los migrantes los que “poseen” u “ocupan” irregularmente una vivienda.

En esta misma línea, son precisamente los migrantes arrendatarios, los que en promedio, pagan más por el alquiler que los chilenos, de ello que sea tan “buen negocio” arrendar piezas y cités a los migrantes. Además de esta diferencia, también encontramos que en el caso que dicho colectivo extranjero quiera comprar una vivienda, vemos que son, por lejos, los que menos se benefician de subsidios habitacionales, más bien la tendencia es que ellos, con sus propios ahorros, emprendan la tarea de comprar un inmueble.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la CASEN 2015

Sumado a lo anterior, al observar la tabla n°6 parece preocupante que los migrantes paguen más por viviendas que se encuentran en entornos más contaminados e inseguros. De los once atributos evaluados, los migrantes se ven expuestos a ambientes más contaminados, ruidosos, con acumulación de basura y expuestos a plagas o animales peligrosos. También se ven más expuestos a entornos donde se desarrollan actividades delictuales tales como: daños de inmuebles, consumo de drogas y pelas o riñas.

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6. Migrantes y discriminación

Finalmente, queda preguntarse por esa idea de que los migrantes son, finalmente, un colectivo discriminado. Y es que si analizamos 14 aspectos de discriminación consultados por la CASEN 2015, observamos que en 10 de ellos la proporción de migrantes se siente más discriminada que la población chilena, particularmente por género, color de la piel y su apariencia física. Por el contrario, las discriminaciones en las que son mayoría los chilenos rondan aspectos de evaluación en los que probablemente existe una mayor conocimiento de las personas, es decir, son dimensiones en las que probablemente fue necesario haber interactuado con la persona, tales como la edad, lugar donde vive, nivel socioeconómico, etc. Mientras que para los migrantes, la discriminación se funda o es  propia de apreciaciones y visualizaciones ex ante a cualquier relación, son de apariencia, lo que puede suponer que la discriminación se presenta antes, si quiera, de relacionarse o intercambiar una mínima  información para poder “clasificarlos”.

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A modo de conclusión, parece que buena parte de los prejuicios contra los colectivos migrantes no encuentra base en los datos analizados, más bien podríamos aventurar a que es todo lo contrario. Retomando la pregunta inicial con la que nace esta columna, en cuanto a qué tipo de migrante estamos recibiendo, vemos que, por un lado,  la política migratoria actual (que existe, más abierta que otras, pero existe: hay normas, procedimientos sancionados, instituciones que controlan y mandatan, etc.) no estaría dejando entrar “a cualquiera” o, incluso, “a lo peor de lo peor de los países emisores de migrantes”, como lo plantean las voces anti-migración que se escuchan en el espacio público y redes sociales. Esta supuesta “apertura descontrolada” ha provisto a nuestra sociedad de personas trabajadoras, esforzadas, que no abusan del limitado sistema de protección social actual: salud, becas, subsidios, atención sanitaria, acceso a viviendas, etc. Sino además son personas que pagan más por viviendas y entornos que están lejos de ser “ideales”, sumado a que también terminan siendo las más discriminadas, no solo por la población, sino hoy en día, también por (algunas de) sus “autoridades”.

Pero, ¿cómo se explica este perfil tan constructivo y beneficioso de los colectivos migrantes? La razón no es complicada y está lejos de teorías sociológicas rebuscadas, ya que apela al más simple de los sentidos comunes, el que nos habla de que “migrar” no es un juego, no es tontería.  En el proceso de migrar las personas están arriesgado un proyecto de vida, no un cambio de auto o de casa, sino de vida, y en esa apuesta, los que migran y también los que fracasan en dicho proyecto, apuestan TODO,  ponen TODO sobre la mesa para que, la apuesta más importante de la vida, tenga un resultado exitoso.

Por ello que estos colectivos presentan menos tasas de delitos, trabajan más y se quejan menos, no quieren molestar, tampoco generar problemas, quieren sacar adelante su gran apuesta, su proyecto de vida. De esta manera, la sociedad chilena se “estaría llenando” de personas que son un aporte al país, y en ciertas áreas incluso, más que los propios chilenos; por tanto, parece que lo realmente preocupante son las propuestas que pretenden limitar y criminalizar la entrada de migrantes, ya que al no favorecer la migración estamos perdiendo una importante oportunidad de incorporar nuevos ciudadanos que ayuden a “capitalizar” (término que le hará sentido a varios) nuestra segregada y clasista sociedad chilena.

 

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