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Senador lanza campaña presidencial criticando “la relación espuria entre dinero y política”

Guillier apunta al “gobierno bursátil de Piñera” y se viste con todos los referentes de la centro izquierda: desde el Cardenal Silva a Radomiro Tomic

por 7 enero, 2017

Guillier apunta al “gobierno bursátil de Piñera” y se viste con todos los referentes de la centro izquierda: desde el Cardenal Silva a Radomiro Tomic
“Escuchar a la gente no es populismo, es democracia”, afirmó como una forma de responder a las críticas que desde los sectores más conservadores del oficialismo le han hecho a la estrategia política de desplegar una “campaña ciudadana”. En su discurso, el senador dijo que su objetivo es invitar a un debate de ideas, y darle sentido a las necesidades de las personas, momento en el que recordó y reconoció que más allá de los errores, fue la Presidenta Bachelet la que “se hizo cargo de las demandas de la ciudadanía; ella cambió la agenda del país y por eso por fin estamos discutiendo temas que hace seis años eran imposibles”.
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Un potente golpe comunicacional dio este medio día Alejandro Guillier, durante la proclamación que hizo el Partido Radical en la cúpula del Parque O’Higgins. El senador, que durante todos estos meses había guardado un criticado silencio programático, aprovechó esta jornada para repasar todos los temas de la contingencia (aunque sin profundizar en ninguno de ellos). En su discurso, se hizo cargo de las molestias ciudadanas relacionadas con los abusos; disparó contra el empresariado; apuntó al principal candidato de la derecha, Sebastián Piñera; y de paso copó todo el espacio del discurso de la centro izquierda chilena.

Fueron más de dos mil las personas que llegaron, de modo que la cúpula no dio abasto y mucha gente tuvo que seguir el acto desde afuera, a través de una pantalla gigante. Con la misma estrategia que usó Michelle Bachelet en su primera campaña el 2005, al llegar al lugar se repartían bandas presidenciales para todas las personas, y carteles con una gráfica azul con blanco, muy similar a la utilizada por la convención demócrata de Obama. El núcleo principal eran hombres de cuarenta años, aunque también jóvenes, todos apretados en un espacio que se distinguió por sus alusiones a la cultura y al estilo del PR.

Rodeado de la militancia del Partido Radical –pero también con la presencia de políticos de otros partidos, como Daniel Melo (PS), Tucapel Jiménez (PPD) y Pepe Auth –, Guillier recibió una fuerte ovación y, durante más de cuarenta minutos, habló, en primer lugar, al mundo radical, cuando afirmó que Pedro Aguirre Cerda había sido el mejor Presidente de Chile y que su proyecto de gobierno significó un cambio histórico en el país. De a poco, fue ingresando en los temas coyunturales de la agenda, y recalcó que los radicales “no son un partido financiado por los grandes grupos económicos; esto es un partido de clase media y popular”.

Siempre flanqueado en el escenario por el presidente del PR, Ernesto Velasco (quien, por lo demás, dijo que Guillier era el "Pedro Aguirre Cerda del siglo XXI"), y por diversos militantes y dirigentes del partido, el senador expresó ideas acerca de migración, enfatizando que el país no puede dejar de ser “el lugar del asilo contra la opresión”. Otros temas que abarcaron su discurso fueron la regionalización, los pueblos originarios, la diversidad sexual –comprometiéndose a la aprobación del matrimonio igualitario– y también la agenda de género, señalando que muchas veces los hombres cometen errores, “hacemos tonteras de las cuales yo me avergüenzo”, en alusión indirecta al episodio de la muñeca inflable donde salió fotografiado riéndose por la torpeza de Fantuzzi.

También tocó el tema de las jubilaciones, y sentenció que el sistema de AFP ha sido un engaño. Un punto aparte y especial fueron sus palabras orientadas a hacerse cargo del descontento ciudadano y de la crisis de confianza que todas las encuestas arrojan, entre la ciudadana y la elite política, empresarial y religiosa. “No es la sociedad chilena la que está en crisis (…) Qué manera de no entender el país, la sociedad chilena solo reclama respeto y dignidad, es la clase política la que no entiende, es la clase política la que está enferma”, sentencio en medio de aplausos.

Fue en ese momento cuando habló de los abusos generalizados en el país, de la relación “espuria entre la política y el dinero”, de los casos de colusión, los abusos de la iglesia, de la “cocina” entre el empresariado y la clase política, todos factores que para Guillier explican que el 65% de la gente no quiera participar en política ni votar.

“Escuchar a la gente no es populismo, es democracia”, afirmó como una forma de responder a las críticas que desde los sectores más conservadores del oficialismo le han hecho a la estrategia política de desplegar una “campaña ciudadana”. Guillier dijo que su objetivo es invitar a un debate de ideas, y darle sentido a las necesidades de las personas, momento en el que recordó y reconoció que más allá de los errores, fue la Presidenta Bachelet la que “se hizo cargo de las demandas de la ciudadanía; ella cambió la agenda del país y por eso por fin hoy estamos discutiendo temas que hace seis años eran imposibles”.

El acierto de Guillier no fue solo programático, sino también comunicacional. Abarcó e hizo guiños a todos los íconos y referentes de la centro izquierda, desde la Presidenta Bachelet, el ex Presidente Pedro Aguirre Cerda, el cardenal Silva Enríquez y el ex Mandatario uruguayo, Pepe Mujica. En todo momento, se le vio seguro, empoderado en su rol de presidenciable, e incluso ironizó  en más de una ocasión con las críticas que se le han hecho: “Decían que hablaba poco de contenidos, y ahora me estoy alargando mucho”.

A pesar de este guiño, interpretado como una señal de continuidad de la agenda del actual gobierno, el senador reconoció que uno de los principales errores que se han cometido es que “nos hemos sabido construir las reformas con la profundidad que se requiere. Han sido realizadas entre la cocina de empresarios y políticos”.

Pero Guillier no apuntó solo a los empresarios en general, sino que como estrategia de campaña fue directo a Piñera y sentenció que su administración entre el año 2010 y 2014 “fue un gobierno bursátil donde no se hizo ninguna sola reforma…Fue un tiempo perdido”. Fue ahí cuando el senador, y ahora candidato oficial del PR, llamó a trabajar para evitar que el ex Presidente y la derecha vuelvan a La Moneda, “para que deshagan todo lo que se ha avanzado”.

Por otra parte, varios párrafos de su discurso estuvieron focalizados en el tema educacional. Dijo que todos los gobiernos han hablado de reforma, pero que el problema es que nunca se ha puesto en el centro de ésta a los actores principales: profesores, apoderados, directivos; ni tampoco se ha entendido que lo que se necesita es formar personas integrales, niños felices que aprendan a tener pensamiento propio y que sean solidarios. “Olvídense de tanto SIMCE que distorsiona el sistema educativo”, precisó, junto con recalcar que su prioridad será primero la educación pública, segundo la calidad y tercero la gratuidad.

También, dedicó unas palabras a la deuda histórica de los profesores, expresando que es un problema que no solo pasa por plata, sino por recuperar la dignidad de este gremio. “No hay profesional más importante en un país que un profesor”, dijo.

El senador, “muy al estilo de Ricardo Lagos” de la campaña 99, apuntó a la necesidad de que exista una visión estratégica de país, una mirada de largo plazo, una mirada al Chile de los próximos 25 años. El candidato advirtió que las tareas superan a un gobierno de cuatro años y que tampoco pueden recaer en una sola persona, sino que se necesita una coalición progresista. Fue en ese momento cuando Guillier hizo un llamado a la centroizquierda y a la Nueva Mayoría en general, al destacar que esta coalición es la que le ha dado estabilidad al país en las últimas décadas y que sería “una irresponsabilidad quebrantarla por oportunismo y personalismos”.

El candidato se refería, específicamente, a los sectores de la DC que, en los últimos meses, han insistido en la idea de un candidato propio que compita en la primera vuelta de noviembre, como también a los discursos rupturistas de la Nueva Mayoría, liderados por la ex ministra Mariana Aylwin y un grupo de ex autoridades de la otrora Concertación. “Radomiro Tomic se debe estar revolcando en su tumba”, sentenció en medio de gritos y apoyo.

El acierto de Guillier no fue solo programático, sino también comunicacional. Abarcó e hizo guiños a todos los íconos y referentes de la centro izquierda, desde la Presidenta Bachelet, el ex Presidente Pedro Aguirre Cerda, el cardenal Silva Enríquez y el ex Mandatario uruguayo, Pepe Mujica. En todo momento, se le vio seguro, empoderado en su rol de presidenciable, e incluso ironizó  en más de una ocasión con las críticas que se le han hecho: “Decían que hablaba poco de contenidos, y ahora me estoy alargando mucho”.

Aprovechó, también, la oportunidad para aclarar que no es anti partido y que tampoco esconde su condición de político. “A mí no me tienen que enseñar cómo hacer las cosas”, aseveró.

Terminó su prolongado discurso diciendo que aceptaba la invitación del Partido Radical y que esto iba a ser un matrimonio de largo tiempo. “Les doy el sí, este será un matrimonio de plazo (…) Quiero agradecer al pueblo radical y a la valentía de personeros de otros partidos que se han adelantado a las decisiones de sus consejos y se encuentran hoy aquí”.

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