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La sombra de la mano autoritaria del ex senador se instala de cara al Comité Central

Escalona veta a Andrade y desata choque de trenes en el PS

por 18 enero, 2017

Escalona veta a Andrade y desata choque de trenes en el PS
La competencia abierta y descarnada por la mesa directiva era un flanco que la colectividad por meses trató de mantener cerrado, porque poco y nada ayuda a despejar el clima interno revuelto y fraccionado que existe en las huestes socialistas por la definición presidencial pendiente entre Ricardo Lagos, Alejandro Guillier, Fernando Atria y José Miguel Insulza. Ahora, dicha definición quedó estrechamente ligada a la pugna por el verdadero poder interno en el partido y enfrenta a dos de sus figuras históricas.
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Hasta que la sangre llegó finalmente al río en el Partido Socialista (PS). El quiebre político que el 2013 protagonizaron el vicepresidente Camilo Escalona y el diputado Osvaldo Andrade, alcanzó esta semana su punto más álgido, representando el real trasfondo de por qué fracasó el acuerdo político con miras a las elecciones internas del PS, lo que desató un escenario de competencia abierta para definir la próxima mesa directiva. Algo que, hasta hace un par de semanas, estaba fuera de todo cálculo.

El veto de último minuto que impuso Escalona a la presencia de Andrade en la lista del pacto “Unidad Socialista”, llevó a que el presidente de la Cámara de Diputados se bajara del acuerdo el lunes en la mañana, solo unas horas antes de que se venciera el plazo de inscripción, decisión en la que fue respaldado por la diputada Maya Fernández, quien también se marginó.

Así, cerca del mediodía, se oficializó una lista con el ex ministro Álvaro Elizalde; el director del Fosis, Andrés Santander; Karina Delfino y Daniel Melo, además del ex vocero Marcelo Díaz, aglutinando al grueso de los “lotes” socialistas: el Tercerismo, las Grandes Alamedas, La Nueva Izquierda y el Colectivo Identidad Socialista. Pero sin la Convergencia Socialista de Andrade.

Lo que no estaba en los pronósticos de nadie de la “Unidad Socialista” es que Andrade y Fernández se jugaran una última carta y se sumaran a la lista “Otro PS es posible”, de la Izquierda Socialista –que lideran el alcalde de Independencia, Gonzalo Durán, y el académico Ernesto Águila–, decisión que fue secundada asimismo por los diputados Manuel Monsalve, Denise Pascal y Clemira Pacheco.

Así, la interna PS se transformó –por los próximos dos meses, hasta la elección del 23 de marzo– en un verdadero choque de trenes entre dos figuras históricas del socialismo, que por décadas tuvieron un estrecho vínculo personal y político, que fueron el eje de la Nueva Izquierda –junto al subsecretario Mahmud Aleuy– como columna vertebral del PS, corriente que se gestó en torno a la figura del ex canciller Clodomiro Almeyda.

Eso, hasta que en el marco de las definiciones de la plantilla parlamentaria el 2013, Andrade, en su papel de timonel del partido, no apoyase a Escalona en su intención de postular como senador por la X Región sin pasar por un proceso de primarias internas ante Rabindranath Quinteros, instancia en la que tampoco contó con el apoyo de la entonces candidata presidencial Michelle Bachelet, reflejando la distancia que existía con quien había sido su factótum en su primer Gobierno.

En esos días, en el círculo de hierro de Escalona se habló de la “traición” de Andrade y que había recibido de este una puñalada por la espalda. Cuestionamientos que se agudizaron después que el entonces senador no lograra –al trasladarse a la VIII Región– su objetivo de mantenerse en el Congreso, siendo derrotado por Alejandro Navarro, mientras que Quinteros ganó el escaño para el PS en la X Región de Los Lagos. Fue ahí cuando el ex hombre fuerte del PS comenzó su propia travesía por el desierto, con su vínculo cortado con Bachelet y Andrade, fuera del Congreso, de la directiva y relegado al Instituto Igualdad.

El 2015 se lanzó a disputarle la presidencia a Isabel Allende, pero tampoco obtuvo los resultados esperados y, tras la derrota sufrida nuevamente, ha mantenido un relativo bajo perfil desde una de las vicepresidencias del partido. A pesar de la distancia públicamente reconocida entre ambos, en esa contienda interna Andrade optó por apoyar a Escalona –aunque muchos de la Nueva Izquierda se sumaron a la opción de Allende–, pero en el círculo del ex senador se consideró que el respaldo del parlamentario no fue todo lo categórico y comprometido que requería dicha disputa.

El quiebre definitivo e irreparable entre ambos se instaló entre julio y agosto del 2016, después que estallara el caso del jubilazo en Gendarmería, en que estaba involucrada Myriam Olate, la ex mujer de Andrade. El diputado decidió renunciar formalmente a la Nueva Izquierda tras las críticas públicas que hizo Escalona sobre la situación de Olate y, luego de eso, creó la Convergencia Socialista.

Desde el lunes, en el PS rápidamente se comenzó a hablar del veto de Escalona a Andrade y que, si bien en términos formales se planteó su marginación por la “inconveniencia” de hacerlo parte de la lista, debido al efecto negativo que ha tenido la situación de Olate para el parlamentario, en el partido coinciden en que el trasfondo apunta a un “cobro de facturas políticas” del ex senador a quien fuera su hombre de confianza. Siempre se ha dicho, en las huestes socialistas, que Escalona no perdona y en más de una ocasión se ha ironizado con que el dirigente anota todo en una libreta negra, esperando el momento propicio para cobrarse.

Desde el lunes, en el PS rápidamente se comenzó a hablar del veto de Escalona a Andrade y que, si bien en términos formales se planteó su marginación por la “inconveniencia” de hacerlo parte de la lista, debido al efecto negativo que ha tenido la situación de Olate para el parlamentario, en el partido coinciden en que el trasfondo apunta a un “cobro de facturas políticas” del ex senador a quien fuera su hombre de confianza. Siempre se ha dicho, en las huestes socialistas, que Escalona no perdona y en más de una ocasión se ha ironizado con que el dirigente anota todo en una libreta negra, esperando el momento propicio para cobrarse.

Diversos dirigentes y asesores socialistas aseguraron que el objetivo de Escalona sería “borrar” a Andrade, sacarlo totalmente de la escena política, apostando a una debilidad política como efecto del caso de Olate, en pos de intentar recuperar el poder e influencia indiscutido que ostentó hasta hace unos años en el partido.

“Escalona está pasando la máquina interna, es de lo mejor que sabe hacer”, explicaron entre quienes conocieron los términos de la negociación, ya que el ex senador planteó la marginación de Andrade de la lista como requisito para que la Nueva Izquierda apoye a Elizalde como próximo timonel PS.

En dicha tienda dicen que Elizalde aceptó en parte también por un eventual ajuste de cuentas con Andrade, a quien los más cercanos al ex vocero de Palacio responsabilizan de los problemas que tuvo este mientras fue ministro, especialmente en cuanto a de la nula relación que desarrolló en el Congreso con la bancada PS.

Lo anterior, una decisión que no ha pasado inadvertida entre parlamentarios, dirigentes y asesores socialistas, a quienes les hizo ruido, considerando que Elizalde en su momento fue secretario general de la mesa de Andrade y que el diputado fue uno de los que lo respaldó cuando Bachelet lo nombró vocero y, antes, el año 2008, durante su primer gobierno, superintendente de Seguridad Social.

Con este escenario, se abrió un flanco en el PS que poco y nada ayuda a ordenar el clima interno, revuelto y fraccionado, que impera por la definición presidencial pendiente entre Ricardo Lagos, Alejandro Guillier, Fernando Atria y José Miguel Insulza, cuyas primeras luces deberían aparecer en el Comité Central que el PS realizará este sábado. Más aún, dicha definición presidencial ahora quedó enredada y amarrada a la pugna de poder interno en el partido.



Por esa razón en el socialismo algunos advirtieron que Elizalde cometió un error al aceptar el veto que impuso Escalona, demostró falta de visión política y desperdició la oportunidad de instalarse, desde ahora, como un liderazgo de consenso. “En vez de eso, avaló el veto, no unificó al partido, lo dividió más”, criticó un analista PS.

¿Errores de cálculo?

El lunes, al inscribir la lista, Elizalde destacó que dicho pacto aglutina una confluencia de lotes nunca vista en una interna: “Es inédito en nuestra historia. No recuerdo que se inscribiera una lista con tal amplitud de apoyos internos”, apuntó.

Elizalde no se equivoca en eso, pero en el PS precisaron un detalle no menor: los errores de cálculo que habría cometido Escalona en este episodio.

Por una parte, al instalar el veto a Andrade, reflotó el estilo autoritario que impuso en el partido mientras fue timonel, que tantas críticas internas le ha valido hasta hoy y que fue lo que lo llevó a ningunear públicamente la opción presidencial que ese año intentó levantar Marco Enríquez-Ominami (ME-O).

Al llamarlo “Marquito”, no dar espacio a una definición interna del candidato presidencial e imponer la opción de Eduardo Frei, solo consiguió incendiar la pradera socialista y desató una espiral de renuncias a la colectividad, como las de Jorge Arrate, Alejandro Navarro y el propio ME-O.

En el partido hablaron de “una trampa” del vicepresidente, que dilató plantear la marginación abierta de Andrade hasta casi el final de las negociaciones, precisamente para que el diputado no tuviera tiempo de reacción, salvo retirarse. Ahí –dicen– cometió el segundo error de cálculo, porque Escalona no contempló que Andrade y Fernández se sumarían a la lista de Durán y Águila, no creyó que nadie se atreviera realmente a competir con un acuerdo tan amplio como el de la “Unidad Socialista”.

Y la lista de Durán puede terminar siendo un verdadero dolor de cabeza para Escalona, Allende, Santander y Elizalde. Convoca a todo el mundo de Atria que, si bien en las encuestas nacionales no aparece competitivo, internamente en el PS –explicaron– ha desarrollado un intenso y minucioso trabajo de hormiga con las bases en todo el país, de Arica a Punta Arenas, reuniones, conversatorios, encuentros programáticos. No por nada, abundan las fotos de concejales socialistas con el abogado, un elemento que pesa, cuando la estructura tradicional de los “lotes” se ha debilitado en los últimos años.

Además, Durán fue reelegido en octubre con el 59% de los votos, es alcalde de una comuna popular, que se caracteriza por su fuerte presencia de militancia socialista, mientras que Águila es una figura transversalmente respetada en el socialismo como un ideólogo de peso.

Al apoyo que ahora les suman Andrade, Fernández, Pacheco, Pascal y Monsalve, se suma otro elemento. El ruido interno en las bases ante la incongruencia de que las Grandes Alamedas ahora estén alineadas con Escalona y la Nueva Izquierda, los mismos a los que, hace casi dos años, apuntaron como el ejemplo de un estilo político sectario y autoritario que el socialismo debía dejar atrás. Promesa que, claramente, olvidaron.

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