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La apuesta de su comando es que supere el 10% en primera vuelta

Kast y la irrupción de la ultraderecha: avanza el ejército en las sombras

por 19 octubre, 2017

Kast y la irrupción de la ultraderecha: avanza el ejército en las sombras
En el entorno de Piñera reconocen que es un tremendo error minimizar el papel que está jugando el ex UDI en la campaña. Por lo mismo, en las próximas semanas van a intensificar la estrategia del voto reflexivo con miras al 19 de noviembre. El objetivo es tratar de neutralizar la opción de que el parlamentario se desbande en votos esa noche y perjudique el objetivo central del comando del ex Presidente: obtener una brecha cercana a los 15 puntos con Alejandro Guillier.
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"Quién es el tipo que más ha sorprendido en esta campaña? Ese soy yo", sentenció José Antonio Kast el martes en la noche en el programa “En Buen Chileno”, de Canal 13. No es que esté pecando de falta de humildad o que no tenga un rasgo de autocrítica. Sus palabras responden al clima que hay en estas semanas en la derecha, donde reconocen que la candidatura del ex UDI ha sido un factor desequilibrante en esta carrera hacia La Moneda, tanto como lo fue el año 2009 Marco Enríquez-Ominami para la Concertación, que los confronta con todos esos fantasmas escondidos en el armario, que al principio no se le tomó el peso, pero a un mes de las elecciones los tiene a todos –les guste o no– mirándolo de reojo.

Si bien el abanderado de Chile Vamos, Sebastián Piñera, tiene un liderazgo en las encuestas sobre el umbral del 40%, que hace presumir que es un hecho su regreso a La Moneda en marzo del 2018, el factor Kast efectivamente puede complicar el principal objetivo electoral de su campaña: que el día de la primera vuelta la brecha de votos entre el ex Presidente con el candidato del eje PS-PPD-PC y PR, Alejandro Guillier, sea irremontable, similar o mayor a la que obtuvo el año 2009 en dicha instancia y que fue de 44% a su favor versus el 29% que obtuvo Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En la derecha ya se habla de que podría bordear el 7% de los votos la noche del 19 de noviembre, incluso algunos no consideran descabellado hablar de un 10% y por eso en el seno del piñerismo reconocieron que sería “un tremendo error minimizar” el papel que juega el ex UDI en el sector.

Kast siempre ha sido un personaje polémico, que saca ronchas. Alineado con las visiones más conservadoras de la derecha en lo político y valórico, nunca se ha caracterizado por un discurso políticamente “correcto”, un rasgo que en esta campaña presidencial se ha transformado en una suerte de sello que le estaría dando dividendos. Rechaza sin tapujos la adopción para parejas homoparentales, dice que de llegar a La Moneda acabaría con el Transantiago, que derogaría la Ley de Aborto y que, si la administración bacheletista finalmente cierra el penal de Punta Peuco, lo reabriría. Es contrario a la “inmigración legal a todo evento”, propuso cerrar la frontera con Bolivia para evitar el narcotráfico y aseguró que, si entran a su casa “a robar, a matar o violar a mis hijas, le voy a disparar. Sé usar mi arma (…). Es un desincentivo para que los delincuentes sigan operando a libre descampado”.

Precisamente la estrategia es poner el dedo en la llaga, incomodar a la derecha recordándole públicamente que ha tenido “vergüenza” de defender sus propias convicciones, para cosechar respaldos y votos en nichos duros de ese electorado que encuentran a Piñera muy suave, liberal o demasiado de centro. A diferencia de Manuel José Ossandón o Felipe Kast, no se sometió a las primarias del 2 de julio y, por lo tanto, tiene un terreno donde buscar, ese donde el ex Mandatario genera dudas.

“La derecha acomplejada es, al final del día, la noción de que hay que gobernar con la calculadora en una mano y con la encuesta en la otra, tomando decisiones en base a la supuesta rentabilidad que tiene y no los fundamentos que representa (…). La derecha, al igual que la mayoría del país, sabe que en materia de crecimiento, desarrollo e institucionalidad, hay un antes y un después del Gobierno Militar: el éxito económico, político y social responde a las bases fundamentales que se establecieron en ese gobierno. La derecha acomplejada tiene miedo de defender esa obra y no entiende que es posible condenar las violaciones a los derechos humanos con fuerza y, al mismo tiempo, defender la obra. Tiene miedo de oponerse a las reformas, las quiere 'corregir' o 'mejorar', pero no derogarlas por completo, que es lo que corresponde cuando le hacen tanto daño a la educación, a la economía y al empleo en nuestro país”, afirmó el candidato, consultado por El Mostrador.

Lo complicado para Piñera se presentaría, reconocieron, si es que los resultados esa noche de la primera vuelta instalan un escenario de un Kast con elementos en la mesa para sentarse a negociar y qué cosas negociar, algo que para no pocos en el comando es incompatible, fuera de rango y totalmente contrario al proyecto político al que se está apostando.

En la derecha reconocen que Kast ha hecho comunicacionalmente una buena campaña, que, a pesar de defender posturas muy duras, lo hace “con soltura”, que supo encontrar un discurso para apuntar a un sector que va más allá del mundo militar, como en las zonas agrícolas del sur, especialmente en la Región de La Araucanía. “Es potente el mensaje que da que la derecha de una señal de fuerza importante. Como se ha hecho en otras partes del mundo, habla de una derecha a la derecha de la actual, está refundando”, explicaron en RN.

Para el analista y ex director de Adimark, Roberto Méndez, es indiscutible que en las últimas cuatro semanas Kast “ha mejorado desde el punto de vista cualitativo, encontró su tono y discurso, un nicho que es limitado pero que existe, es un espacio político” y, si bien afirmó que es muy poco probable que pase a segunda vuelta, sí vaticinó que va a sacar una buena votación. Eso, porque recalcó que no está apuntando exclusivamente al pinochetismo histórico, sino que es una voz de “una derecha dura que aparece en todo el mundo, en Austria, en Alemania y también en Chile. No es algo nuevo, es lo que era la UDI antes y, si sobrevive, va a depender de lo que haga la UDI. Si renuncia a ese papel, ahí Kast va a tener un espacio real más allá de la elección".

En una columna en La Tercera el lunes 16 de octubre, el ex director de la Secom y analista Carlos Correa explicó que “los derechistas ciudadanos escriben sin pudor que los problemas de Chile son porque hay demasiados derechos para los migrantes, delincuentes, políticos y gays. En contraste, para las personas que trabajan y cuidan a sus familias, sólo hay impuestos y reformas de todo tipo para destruir lo que han consolidado. En estos grupos no es muy popular el ex Presidente Piñera, quien les parece demasiado democratacristiano y, sobre todo, demasiado agente de Bolsa. Este grupo valora el trabajo y la tierra, y no la ingeniería financiera”.

Toda campaña presidencial tiene un actor desequilibrante, alguien que da con la tecla correcta de un nuevo discurso o sintoniza con ciertos bolsones electorales, se alza como la voz de ciertos climas nacionales. El 89 fue Francisco Javier Errázuriz con su estrategia del centro-centro; el 2009 fue Enríquez-Ominami quien puso el foco en todas las debilidades que hasta entonces la Concertación había escondido bajo la alfombra; el 2013 fue Franco Parissi quien le robó a ME-O la “novedad” y habló del poder de la gente, apelando a esa molestia ciudadana con la clase política tradicional; y ahora es Kast.

Es transversal en la oposición el convencimiento de que no hay por dónde que Kast, como este proclama, tenga posibilidades de pasar a la segunda vuelta con Piñera, pero también la mayoría entiende que no quiere ser “otro outsider más”, sino que su objetivo real pasa por querer forjar un nuevo movimiento político. Es más, en el sector hay quienes advierten que efectivamente podría tener los elementos para instalarse como una nueva fuerza política y “transformarse en el Frente Amplio de la derecha”.

Entre quienes comparan a Kast con lo que fue Enríquez-Ominami el 2009, dicen que el diputado se enfrenta a los mismos riesgos que el abanderado del PRO: que, pasadas la elección y la novedad, no administre bien el respaldo que obtenga, que paulatinamente comience a quedar aislado.

En Chile Vamos dicen que es difícil que se produzca una fuga desde la UDI para alinearse con Kast, que no hay que olvidar que, a partir de marzo del 2018, ya no tendrá la plataforma de su escaño en el Congreso, por lo tanto, el desafío de mantenerse vigente en la opinión pública no será menor.

De reojo

Hasta ahora los sondeos en el comando de Kast hablan de un 10% y aseguraron que el apoyo al candidato “proviene de un amplio sector de la derecha”. De ser así o no, lo concreto es que ya es un tema lo que sucederá la noche del 19 de noviembre y en qué términos deberían relacionarse Piñera y el diputado.

Hasta ahora no hay contactos incipientes ni nada entre ambos candidatos, ni entre nadie de sus respectivos entornos políticos, para establecer un acuerdo político de apoyo con miras a la segunda vuelta. Es lo que juraron en ambos comandos, aunque Kast ya reconoció públicamente que difícilmente anularía en el balotaje y entre los cercanos al ex Presidente asumen que en las próximas semanas se debe intensificar la estrategia del voto reflexivo para tratar de neutralizar la opción de que el parlamentario se desbande en votos esa noche y perjudique el objetivo de obtener una brecha cercana a los 15 puntos con Guillier.

“Su apoyo actual puede cambiar, reducirse por el voto reflexivo, poner el acento en no dilatar, que si hay gente que en primera vuelta quiere votar por Kast y en segunda lo hará por Piñera, mejor amarrar el triunfo rápidamente, de una vez y que voten por Piñera el 19”, afirmaron en el círculo del ex Mandatario.

Precisamente en el marco de esa estrategia del voto útil es que no tuvo nada de casual la entrevista que el domingo 15 de octubre dio en El Mercurio el ex timonel de la UDI, Ernesto Silva, una persona que fue parte de un grupo generacional del gremialismo muy cercano a Kast. “Muchos en la UDI tenemos simpatía y amistad con José Antonio Kast, pero solo Sebastián Piñera puede derrotar a la izquierda. En eso, cada voto es decisivo y todos debemos unirnos en torno a él. José Antonio está haciendo un buen trabajo, pero hoy no es su tiempo (…) creo que mucho votante de José Antonio comparte la necesidad de derrotar a la izquierda y que la opción para eso es Sebastián Piñera. Hoy tenemos que construir una mayoría política, y para eso es fundamental lograr en la primera vuelta la mayor distancia posible con el candidato de la Nueva Mayoría”.

Lo complicado para Piñera se presentaría, reconocieron, si es que los resultados esa noche de la primera vuelta instalan un escenario de un Kast con elementos en la mesa para sentarse a negociar y qué cosas negociar, algo que para no pocos en el comando es incompatible, fuera de rango y totalmente contrario al proyecto político al que se está apostando.

El martes en la noche Kast aseveró que no tiene intenciones de ser ministro en un Gobierno de Piñera, pero sí precisó que le pediría que ciertas personas trabajen en su administración.

“Si está apostando a negociar para la segunda vuelta, está muy equivocado y no conoce a Piñera, porque el proyecto político es incompatible con el discurso de Kast, no hay puntos de congruencia entre ambos, ha hecho planteamientos muy extremos y el eje de la campaña y de lo que será el Gobierno es la unidad”, sentenciaron tajantes en el núcleo estratégico de la campaña del ex Jefe de Estado.

Acto seguido, recalcaron que la supuesta “derechización” de Piñera en esta campaña no es real, es una caricatura, que Kast en términos de discurso no lo tiene contra las cuerdas, que no hay ningún elemento, comparado con lo que se dijo el año 2009, que sea distinto o contradictorio con lo que se plantea hoy. “Lo que sucede es que el país cambió, ahora se discuten cosas distintas, el 2013 el eje de la campaña fue la igualdad y ahora es el crecimiento, pero no hay derechización”, agregaron en el comando.

Derechización o no, lo cierto es que Kast no le es indiferente a la derecha, a Chile Vamos y menos a Piñera y su comando.

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