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Abusos sexuales en la Iglesia: la sombra del encubrimiento que pone en jaque a Ezzati y Errázuriz ante la justicia

por 12 octubre, 2018

Abusos sexuales en la Iglesia: la sombra del encubrimiento que pone en jaque a Ezzati y Errázuriz ante la justicia
La próxima semana el abogado Juan Pablo Hermosilla presentará una nueva querella contra Francisco José Cox, por dos casos de abuso. Esta nueva acción judicial no solo serviría para dar cuenta de los hechos propios de la denuncia, sino también sobre la eventual red de protección que permitió su inmunidad hasta ahora. La hebra se haría más clara con Cox en desgracia, porque –según fuentes de El Mostrador– su decreto de expulsión ya fue firmado por el Papa y su suspensión del sacerdocio es solo cuestión de horas.
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Lo han negado cada vez que se les ha preguntado, pero desde que comenzaron las investigaciones relacionadas con abusos sexuales en la Iglesia católica, quienes representan a las víctimas de los abusos sexuales cometidos por distintos sacerdotes han ido configurando, ante la justicia, la tesis del encubrimiento de la jerarquía eclesiástica. No solo eso, las pruebas que ha recabado el Ministerio Público dan cuenta, cada vez con mayor certeza, de que las máximas autoridades de dicha institución en los últimos años, como Ricardo Ezzati y Francisco Javier Erráuriz, siempre estuvieron en conocimiento de lo que sucedía en las etapas iniciales de muchas de las denuncias.

La próxima semana el abogado Juan Pablo Hermosilla presentará una nueva querella contra el obispo emérito de La Serena, Francisco José Cox, por dos casos de abuso sexual –de Hernán Godoy y Abel Soto– que ya se encuentra investigando el ministro de fuero Christian Le-Cerf. Sin embargo, esta nueva acción judicial no solo serviría para dar cuenta de los abusos del sacerdote cuando uno apenas tenía 7 años y el otro se asomaba recién a la adolescencia, sino también de la cadena de protección que funcionó durante décadas, aunque estos delitos contra menores fueran un secreto a voces.

Sobre este último caso, los querellantes y abogados que conocen sobre el tema aseguran que para Errázuriz va a ser difícil esquivar, al menos, la citación de la justicia, debido al conocimiento que tuvo del mismo y al nivel de vinculación al que llegó con Cox. El cardenal no solo fue siempre un viejo amigo del obispo de La Serena desde los años del seminario, sino que era el presidente de la Conferencia Episcopal cuando se tomó la decisión de enviarlo primero a Suiza y luego a Vallendar, Alemania, y además, ejercía como la cabeza del movimiento Schoenstatt cuando se le apartó de sus funciones.

Antes de viajar hasta las orillas del Rhin, en 1997, Cox se retiró de la arquidiócesis de La Serena, pero continuó realizando labores administrativas encargadas por el Vaticano en Roma, como también en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), donde Errázuriz siempre tuvo una fuerte ascendencia. El cardenal incluso presidiría el organismo desde el 2003, un año después que decidiera enviar definitivamente a Cox a Alemania sin darle a nadie una explicación clara sobre esa decisión.

Abel Soto, uno de los denunciantes de Cox, señala que el encubrimiento en el caso de Errázuriz es obvio: “Él lo llevó a Santiago desde La Serena, lo envió al Celam en Colombia. Él gestionó que los padres de Schoenstatt lo acogieran en Alemania, él salió en la prensa reconociendo que Cox tenía ‘un exceso de afectuosidad’. Si eso no es encubrimiento, no sé qué lo será".

Pese a que el ministro Le-Cerf en La Serena está recién investigando el caso, es casi inminente que cite a declarar a Errázuriz para que explique cuánto sabía respecto a las denuncias que eran un secreto a voces en Coquimbo. Tanto así, que hace algunos días el también arzobispo emérito de La Serena, Manuel Donoso, señaló El Mostrador que, antes de asumir como sucesor de Cox en 1997, siempre tuvo claro lo de los abusos y que se lo dijeron con igual claridad cuando llegó al nuevo cargo. No solo eso, también que escuchó de boca de las víctimas –que hoy denuncian– las atrocidades cometidas por el religioso, que pronto dejaría caer el mismo Papa.

Fuentes vaticanas comentaron al El Mostrador que el decreto de expulsión de Cox ya fue firmado por el Papa Francisco y, por lo tanto, su salida de la Iglesia católica es inminente. Las mismas fuentes señalaron que también se sumarían más expulsiones, como la Marco Órdenes, quien fue obispo de la diócesis de Iquique entre los años 2006 y 2012.

Fuentes vaticanas comentaron al El Mostrador que el decreto de expulsión de Cox ya fue firmado por el Papa y su salida es inminente. Las mismas fuentes señalaron que también se sumarían más expulsiones, como la de Marco Órdenes, quien fue obispo de la diócesis de Iquique entre los años 2006 y 2012.

El silencio del cardenal Ezzati

Pero si Schoenstatt y el caso Cox pueden exponer la imbricada estructura de protección que podría haber construido la Iglesia en torno a sacerdotes abusadores y especialmente cuestionar a Errázuriz, hay dos investigaciones que avanzan, que –según fuentes relacionadas con los casos– ponen en el epicentro del círculo de protección a los abusadores al propio Ezzati, quien hasta ahora ha aplicado la estrategia judicial de guardar silencio ante el fiscal de la región de O'Higgins, Emiliano Arias.

Esa primera hebra es la del ex canciller Óscar Muñoz, quien se autodenunció en enero y que está imputado por cuatro causas de abuso, entre ellas, las de tres sobrinos directos. Dado que él recibía las denuncias en el Arzobispado hasta el mismo día en que se autodenunció, una de las situaciones que evaluaría el Ministerio Publico es si Ezzati conocía o no los casos de este año, que no están prescritos.

El segundo episodio es el del sacerdote Jorge Laplagne, que a pesar de ser considerado en investigaciones frente a la justicia solo a partir de este año, cuenta con denuncias desde 2010, cuando Javier Molina Huerta lo acusó por primera vez, sin que esa investigación prosperara. No obstante aquello, hubo advertencias, como las del entonces canciller, Hans Kast, quien mediante una carta puso en aviso de los hechos a Ezzati, con copia al hoy obispo de Concepción, Fernando Chomali.

Este es uno de los casos que podría arrastrar a Ezzati por encubrimiento, porque, a pesar de la gravedad de la denuncia, la investigación quedó en nada y solo prosperó este año, cuando Molina se atrevió a denunciar por segunda vez lo que sufrió y el Arzobispado, esta vez, sí consideró verosímil su testimonio.

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