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PAÍS

Sergio Micco: “El desafío para las democracias es que las elites se cuestionen a sí mismas”

por 20 enero, 2019

Sergio Micco: “El desafío para las democracias es que las elites se cuestionen a sí mismas”
El abogado y consejero nacional del INDH tiene una mirada crítica de las elites que gobiernan las democracias y de una globalización liberal comandada por grandes intereses corporativos. Ambos factores, a su juicio, explicarían el resurgimiento de movimientos nacional populistas en el mundo.  Respecto de la religión discrepa del intelectual y bestseller judío, Noah Yuval Harari. "Para él ella no es más que un relato que sirve para ejercer hegemonía de la clase gobernante. Lo que no es cierto. Primero, porque la religión se preocupa del sentido de un todo, mientras que la ciencia se preocupa de cómo funcionan las partes de ese todo".
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Si bien su carrera de origen es el derecho, apenas lo ejerció como abogado por tres meses. Su vocación estaba en la filosofía (tiene un doctorado en esta materia), la docencia y en la política desde una perspectiva intelectual. Actualmente se desempeña como profesor del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y de laFacultad de Economía y Negocios de esa casa de estudios, donde imparte clases sobre “Las instituciones políticas y administrativas de Chile”, “Pensamiento político” y “Teoría política clásica y moderna”. Además, es consejero del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Se declara un humanista cristiano desde su vertiente católica, identidad que defiende sin complejos, sobre todo en estos tiempos tan difíciles para ella.

-Hablemos sobre la democracia. ¿Qué causas explican el surgimiento del llamado “nacional populismo” en el mundo?

-Pienso en tres razones. Primero la socioeconómica. Estados Unidos se empezó a polarizar socialmente a partir de los años ochenta, cuando disminuyeron los impuestos a los ricos y la clase media se empezó a quedar estancada. Una sociedad que se polariza socialmente se polariza políticamente. Este mismo fenómeno se observa en Francia, Brasil, Italia, etc.

Otro fenómeno es una globalización financiera salvaje. Hay una derecha, como la de Donald Trump y Bolsonaro, y una izquierda como la de Chávez, que reaccionan fuertemente contra la globalización financiera. Trump reclama en contra de una globalización salvaje, donde los chinos producen más barato por el dumping social y ecológico; donde las industrias nacionales empiezan a migrar a otras latitudes, destruyendo empleos y fuentes impositivas; identidades culturales son amenazadas por creencias con pretensiones universales. Frente a eso, hay una reacción de la política que vuelve a utilizar al Estado para protegerse frente a estos grandes poderes globales.

-¿Y la tercera?

-Se ha desarrollado una “Macdonalización del mundo”, en que los países empiezan a ser dirigidos por industrias culturales hegemónicas. Incluso causas tan nobles como la de los derechos humanos, cuando se transforman en verdaderas exigencias en políticas públicas diseñadas por organismos internacionales, generan una contra reacción: La yihadización del mundo.  

En materia cultural uno observa una elite cosmopolita muy ilustrada - desde afuera y guiado por lo “políticamente correcto” – que va decretando qué cosas decir o hacer y cuáles no. Esto es peligroso, sobre todo si consideramos que las elites globales no son por definición democráticas ni están cercanas a las culturas populares ¿O acaso es el pueblo el que la elige? Por eso mismo, detrás de la elección de Bolsonaro y Trump se esconde una contramanifestación político cultural: “somos nosotros, el pueblo, el que decide”. Ahí están, entre otros grupos, las rebeliones de los electorados evangélicos.

-Es cierto en el avance de la gente sin religión, el descrédito de las instituciones eclesiásticas y el retroceso del catolicismo. ¿Causas? Escuché mucho en los medios de comunicación social afirmaciones del tipo: esto es consecuencia del avance educacional y socioeconómico de Chile. Analógicamente, disculpa esta digresión, lo mismo se dijo, durante décadas, respecto de los debates políticos: entre más rico sea un país, menos se va a preocupar de temas materialistas – reparto de la riqueza, por ejemplo-  y sí de cuestiones post materialistas (sexualidad, ecología, liberalización de la drogas, eutanasia, en fin). Basta ver lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa para darse cuenta que esto no es así. Lo mismo se dijo y dice del fenómeno religioso. Hoy se afirma que vivimos una sociedad postsecular. Pero Estados Unidos, una de las sociedades más ricas del mundo es de las más religiosas (entre el 75% y 80% se declara cristiano y el 30% va a misa todos los domingos)

-Si le entiendo bien, ¿cree que hay una distancia exacerbada entre las elites, o sea estos poderes globales que usted menciona, y el pueblo?

-Lo digo de otra manera, ¿no será sospechoso que en todas partes del mundo estemos hablando de los mismos temas? Pienso que eso se debe a que hay una elite liberal cosmopolita bastante hegemónica que deja afuera otras temáticas, como las socioeconómicas. Con las crisis sociales en los países más ricos del mundo y las rebeliones de los electorados hemos empezado a discutir acerca de este divorcio. Enhorabuena.

-¿Y cómo se da este fenómeno en otros países?

-En Estados Unidos, por ejemplo, muchos electores tradicionales de los demócratas votaron por Trump porque se sentían completamente fuera del proyecto “modernizador” de Hillary Clinton, quien aparecía como la candidata de la elite liberal cosmopolita. Eso explica una frase que es absurda y mentirosa, pero que le hace todo el sentido del mundo a un obrero norteamericano marginado de la nueva sociedad: “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París". El desafío para las democracias es que las elites se cuestionen a sí mismas y vuelvan a dejarse guiar por la idea del autogobierno democrático popular.

-¿Qué rol deberían jugar, entonces, las elites en un sistema democrático?

-Las democracias son verdaderas poliarquías selectivas. Las elecciones se hacen, en teoría, para seleccionar a los mejores en experiencia, capacidad y probidad. Un político es una persona muy especial que está dispuesto a soportar enormes sacrificios con tal de llegar al poder; algunos con nobles intenciones, otros no. Son personas que tienen características bien especiales: por lo pronto, condiciones educacionales y económicas. Dicho de otra forma, por más democrático que sea un sistema político, siempre van a haber elites que la van a gobernar, ahora ¿cuál es la diferencia?: que hay elites que son autoritarias y otras que son democráticas en sus métodos; unas elegidas desde la base, otras impuestas desde la cúpula. De ahí la importancia que las élites democráticas no se alejen de las realidades y aspiraciones populares.

-Veo que sospecha bastante de los organismos internacionales y que le atribuye algo de responsabilidad.

-Organismos internacionales como la ONU nacieron para promover grandes valores universales como son el respeto a los derechos humanos o la solución pacífica de los conflictos. Un problema, entre otros, está en que ellos, por definición, no son democráticos, ni pueden serlo ¡¡No se podría elegir un gobierno mundial mediante la votación, pues simplemente chinos e indios aplastarían a una multitud de estados, naciones y culturas!! Además, las posibilidades de establecer una tiranía mundial no serían pocas. Podemos aspirar a una federación de repúblicas que garanticen la paz, pero falta mucho para ello (si es que es posible tal cosa). Hay otros organismos, como los de la Unión Europea en Bruselas, dirigidas por tecnocracias probas y de excelencia, pero que son contra democráticas. Es decir, atemperan o sustituyen decisiones que toma el pueblo. El elector francés dice “A” y el tal o cual organismo de Bruselas dice “Z”. Es una de las causas del malestar democrático.  

“Se necesita una Iglesia más horizontal”

-Usted es una persona que manifiesta públicamente su fe, ¿cuál cree que es el estado de salud del catolicismo?

-El catolicismo chileno está pasando por un periodo crítico; como el de 1818 ó 1925, o incluso peor. Hay causas internas: los abusos sexuales y de poder. Agrego que se trata de una institución jerárquica en un mundo occidental que demanda más igualdad. Las causas externas son muchas, entre otras, el avance de culturas, especialmente en las elites, que son abiertamente contrarias al judeocristianismo y a las religiones. O procesos de individuación y liberalismo que se enfrentan a doctrinas católicas tradicionales

-¿Cree que los abusos es la principal razón de la crisis o es solo una dentro de otras?

-Creo que es la principal razón en el descrédito de la institución iglesia y la emigración, silenciosa,  de católicos fuera de ella. Pero hay más causas. La existencia de un catolicismo elitista socioculturalmente hablando, que se alejó de las necesidades populares, es una denuncia que ha hecho el Papa Francisco. Agrego que nos fuimos trasladando desde lo pastoral a la seguridad doctrinaria. Peor aún, nos encasillamos y aceptamos que se nos encasillase en el sexual-cristianismo, no en el social-cristianismo. En fin.

-¿Cómo salir de la crisis entonces?

Las soluciones son de corto, mediano y largo plazo. Entre estas últimas se trata de hacer de la Iglesia Católica una organización más horizontal y plural, global y local, más laica y con mayor presencia de las mujeres en ella. Por otro lado, una Iglesia más cercana a los gemidos de la hermana tierra y de los abandonados del mundo, como se lee en Laudato Si. Observo que ambos procesos, muy lentamente, empiezan a producirse. La crisis de la Iglesia obliga a buscar influir más por la legitimidad que da servir al pueblo, que mediante tradicionales recursos materiales o políticos de poder. Eso ahí está: la fuerza del voluntariado católico juvenil, la pastoral penitenciaria, el trabajo con los inmigrantes, etc. La crítica y autocrítica en contra del clericalismo, sumado a la ausencia de vocaciones sacerdotales nacionales, hace que el papel del laicado aumente. Tengo esperanza, casi la certeza, que de esta crisis surgirá una mejor Iglesia.

-La iglesia Católica logra combinar su aspiración de universalidad con una raigambre local muy fuerte. ¿Cree que en este punto hay oportunidad para volver a las bases, a las pequeñas comunidades que viven juntas la fe?

-Efectivamente. La organización católica, a diferencia de la protestante o la musulmana, tiene una autoridad central, una organización y doctrinas globales. Pero, a la vez, es profundamente plural. En el catolicismo hay muy variadas formas en sus carismas, congregaciones y pastorales. De hecho, una de las cosas positivas que yo he visto de la crisis, es el avance de un verdadero ecumenismo dentro  del catolicismo, donde convive un jesuita, con un legionario de Cristo, con un Opus Dei, un schöenstattiano, con alguien de los Sagrados Corazones. Agrego que un catolicismo más humilde puede dialogar mejor con las iglesias protestantes. Me gusta también la idea que se está produciendo en la realidad, de una Iglesia no sólo más plural, sino que también global.

-¿Qué implica esta diversidad?

-La realidad de la Iglesia Católica es que se está haciendo cada vez más latinoamericana, africana y asiática. El cristianismo retrocede en Europa continental, no así en la Central, pero adquiere enorme presencia en Rusia (quizás un 50 por ciento del total de la población). Incluso se extiende en China, en la que se habla entre cincuenta y cien millones de cristianos hoy (es imposible saber la cifra exacta) y que podrían llegar a ser unos,  trescientos millones las próximas décadas. Antes la Iglesia fue de Antioquía, Jerusalén y Roma; hoy vuelve a ser global. Roma sí, pero también Aparecida en Brasil, Puebla en México y quizás mañana en grandes ciudades del Asia.

-¿No será que esta crisis se relaciona con un aumento del bienestar material y el conocimiento científico que hace innecesaria la religión? La tesis de Yuval Noah Harari apunta en ese sentido.

-Debo reconocer que leí su primer libro, al principio con simpatía, luego con franca molestia. La verdad es que dice simplemente describir, con gran ingenio, las grandes tendencias históricas; pero su análisis está completamente sesgado por sus creencias. Una es el relativismo: ¡¡Harari pone en el mismo nivel moral el Código de Hammurabi con la Declaración Universal de los Derechos Humanos!! La segunda es su materialismo y su determinismo: el ser humano es una consecuencia de algoritmos biológicos y procesos bioquímicos. Para él no existen la libertad, ni la conciencia, ni la voluntad.

-¿Y qué pasa con su visión de la religión?

-Su visión de la religión es completamente ideológica. Para él ella no es más que un relato que sirve para ejercer hegemonía de la clase gobernante, como si no hubiese existido Martin Luther King en Estados Unidos,  Lech Walessa en Polonia, Cory Aquino en Filipinas o San Oscar Arnulfo Romero en El Salvador. En los hechos, da a entender que la ciencia y tecnología reemplazarán toda filosofía humanista y religión. Lo que no es cierto. Primero, porque la religión se preocupa del sentido de un todo, mientras que la ciencia se preocupa de cómo funcionan las partes de ese todo. La ciencia describe la realidad empírica. Por lo mismo, es muy curioso que Harari mencione de la inexistencia del alma o de la conciencia que, por definición, son conceptos más bien metafísicos y subjetivos, no conceptos empíricos ni objetivos.

Además, donde más ha avanzado la ciencia es en el mundo judeocristiano y la razón es la siguiente: el judeocristiano está convencido que detrás del universo está Dios que ordena la realidad. Si tú no crees en eso, el universo es un caos, y por lo tanto, no hay leyes que perseguir. Nos cuenta la atroz historia de Galileo; pero olvida que el libro de la relación entre fe y ciencia, tiene hartos capítulos más. George Medel y George Lemaître son sacerdotes que están en los cimientos de la revolución de la biogenética y la astrofísica. El tipo es genial, escribe entretenido, pero de ahí a tenerlo de gurú…

-Y esta idea de que a mayor desarrollo material menor es la creencia religiosa, ¿no se aplica en Chile?

-Es cierto en el avance de la gente sin religión, el descrédito de las instituciones eclesiásticas y el retroceso del catolicismo. ¿Causas? Escuché mucho en los medios de comunicación social afirmaciones del tipo: esto es consecuencia del avance educacional y socioeconómico de Chile. Analógicamente, disculpa esta digresión, lo mismo se dijo, durante décadas, respecto de los debates políticos: entre más rico sea un país, menos se va a preocupar de temas materialistas – reparto de la riqueza, por ejemplo-  y sí de cuestiones post materialistas (sexualidad, ecología, liberalización de la drogas, eutanasia, en fin). Basta ver lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa para darse cuenta que esto no es así. Lo mismo se dijo y dice del fenómeno religioso. Hoy se afirma que vivimos una sociedad postsecular. Pero Estados Unidos, una de las sociedades más ricas del mundo es de las más religiosas (entre el 75% y 80% se declara cristiano y el 30% va a misa todos los domingos). Por cierto, además, estos son diagnósticos etnocéntricos. ¿Secularización en el mundo musulmán? ¿Qué significa el laicismo en China, India o África?

Solo reflexiono en un aspecto de la reciente encuesta del CEP sobre las religiones en nuestro país. Si el chileno, que es mucho más culto e ilustrado que antes, cree en el mal del ojo, justamente se cae el argumento de que a mayor educación e información, mayor racionalidad y secularización. ¡Estamos en una sociedad que cree en el Pulpo Paul!  

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