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La advertencia de Harald Beyer por traspaso de PSU al Mineduc: “No resolverá el problema, incluso puede agravarlo”

por 11 febrero, 2020

La advertencia de Harald Beyer por traspaso de PSU al Mineduc: “No resolverá el problema, incluso puede agravarlo”
El exministro de Educación y actual rector de la Universidad Adolfo Ibáñez pone paños fríos al optimismo del Mineduc respecto al futuro de la PSU, que desde la próxima versión –luego del accidentado proceso 2020- pasa a manos gubernamentales. Por ello plantea la creación de una corporación sin fines de lucro y autónoma para corregir los problemas de la selección universitaria en Chile argumentando que “se requiere una institución responsable mucho más especializada, técnicamente competente y autónoma”. De acuerdo a su fórmula, “el Demre podría mantenerse como el organismo técnico que presta apoyo a esta corporación, a menos que después de un periodo relativamente largo de experimentación se llegue a la conclusión de que hay un arreglo mejor”.
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Cuando ocurrieron los problemas con la accidentada PSU 2020, el “caballito de batalla” de la ministra de Educación Marcela Cubillos y el Gobierno en su conjunto fue señalar que el proceso era el último en manos del Consejo de Rectores y del Demre y que desde la próxima versión el sistema tendrá otro cariz, porque el Ejecutivo tomará las riendas del sistema de admisión.

Sin embargo, el optimismo oficialista no es compartido incuso por personeros de su misma sensibilidad, como Harald Beyer, quien fue ministro de Educación durante el primer Gobierno del Presidente Piñera y destituido de ese cargo por el Senado en una controvertida acusación constitucional.

El actual rector de la Universidad Adolfo Ibáñez plantea, en una columna de opinión publicada hoy en El Mercurio, que “el traspaso de la administración del sistema a la Subsecretaría de Educación Superior y la creación de dos subsistemas de admisión –universitaria y técnico-profesional- no resolverán el problema, incluso pueden agravarlo, porque se diluirán aún más las responsabilidades”.

A juicio del economista, para mejorar el sistema de selección universitaria mantener el Demre y establecer una corporación pública sin fines de lucro que tenga un directorio especializado, “propuesto en una proporción mayoritaria por los rectores que utilizan el sistema de admisión, pero también con representantes de la educación secundaria que son afectados por los instrumentos elegidos, y expertos independientes”.

“Esta corporación debe recibir los recursos que por el pago de la PSU recibe el sistema de admisiones y otros que pueda aportar la Subsecretaría de Educación Superior para, por ejemplo, promover mayor investigación respecto de los instrumentos de selección. El Demre podría mantenerse como el organismo técnico que presta apoyo a esta corporación, a menos que después de un periodo relativamente largo de experimentación se llegue a la conclusión de que hay un arreglo mejor”, añade.

El exdirector del Centro de Estudios Públicos (CEP) plantea que “hay casas de estudio superiores que tiene vacantes que no son suficientes para satisfacer el interés que expresan los estudiantes. Por lo tanto, requieren racionar de alguna manera este exceso de demanda. Una alternativa indeseable es usar los precios. Otra posibilidad es utilizar el desempeño académico una vez que han ingresado a las aulas. La primera alternativa deja a personas con aptitudes fuera de las aulas universitarias por razones financieras. La segunda acepta personas sin las habilidades suficientes para cursar estudios superiores exigentes. Este último camino es costoso desde diversas perspectivas. Crea expectativas en las familias y estudiantes que no se pueden satisfacer y, habitualmente, involucra costos significativos para las personas e instituciones que no crean valor. Los primeros son evidentes. Los segundos, menos”.

Sin embargo, según Harald Beyer, las instituciones “típicamente experimentan grandes congestiones en sus aulas, un cuerpo de profesores muy heterogéneo, una segregación al interior de sus planteles y, en general, dificultades para sostener una alta calidad en todas sus actividades. Algunos de estos fenómenos, como la segregación interna, por ejemplo, son precisamente una respuesta, por cierto no muy estimulante, al contexto generado por este acceso abierto”.

“Así, no sorprende que el acceso a las universidades, en la gran mayoría de los países, esté mediado por mecanismos de admisión que distribuyen las vacantes disponibles” agrega el rector de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Beyer indica que los mecanismos de selección universitaria serían al menos tres: “En el primero es la trayectoria escolar la que marca el acceso. Así, los estudiantes son seleccionados, en función de su desempeño escolar, en distintos carriles durante su etapa escolar y solo uno permite un ingreso cierto a las universidades. Un ejemplo de esta naturaleza son los Países Bajos. Un segundo sistema descansa en la experiencia en la educación secundaria, pero evaluada o supervisada por examinadores independientes. Inglaterra y Francia se identifican con este modelo. Finalmente, existen los sistemas de admisión que descansan en pruebas estandarizadas al final de la educación secundaria, como es el caso de Estados Unidos y Chile. Cada uno de ellos tiene ventajas y desventajas. Aun así, han sido preferidos a las alternativas de acceso masivo, básicamente porque estas, además de ser costosas, como sostuvimos antes, no contribuyen a la equidad y calidad del sistema de educación superior”.

El economista defiende las pruebas estandarizadas para realizar la selección universitaria, entendiendo que los mecanismos de admisión son valiosos si ayudan a predecir los desempeños universitarios de los aceptados. Sin embargo, explica “los estudios sobre este asunto en Chile son escasos o más bien inexistentes y el desarrollo de metodologías para corregir las restricciones de rango son propias de la aplicación del sistema de admisión (se tienen los datos solo de quienes fueron aceptados) brilla por su ausencia”.

“Indudablemente recae en el sistema de admisión la responsabilidad de lidiar con estos desafíos. Sin embargo, la débil institucionalidad que gestiona el sistema no abre el espacio para que ello ocurra. Esta situación no deja de ser una paradoja atendida la solidez técnica del Demre, pero este organismo está muy limitado. Esta debilidad ha hecho que el sistema pierda legitimidad”, agrega.

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