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El arma de doble filo de aplazar la Cuenta Pública PAÍS

El arma de doble filo de aplazar la Cuenta Pública

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Hernán Leighton
Por : Hernán Leighton Periodista de El Mostrador
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Nadie discute que el momento era complejo para el Presidente Piñera. De haber dado la Cuenta de su gestión en los últimos 12 meses, habría tenido muy poco que «lucir», además de tener que hacerse cargo del estallido social, del plebiscito constitucional del 25 de octubre, del criticado manejo de la pandemia de COVID-19 y la crisis económica que se ha generado como su efecto directo. En la oposición no pocos se cuestionaron haberle dado ese oxigeno político al Mandatario, a sabiendas que después no recordará ni agradecerá el gesto, mientras que en el propio oficialismo varios se lamentan respecto a que se desperdició la oportunidad de mostrar un verdadero liderazgo en el momento más complicado para el país. Además, nada asegura que el escenario a finales de julio sea mejor que el de hoy.


Hay varios en la oposición que aún permanecen estupefactos –dada la nueva división de fuerzas del sector– luego que esta semana se aprobó, por una mayoría indiscutible, postergar del 1 de junio al 31 de julio la tradicional Cuenta Pública que todo Presidente debe hacer, anualmente, ante el Congreso Pleno. Una maniobra que le dio resultado a La Moneda, pero respecto de la cual no todos están convencidos que haya sido lo más acertado ni conveniente, incluso para el propio Mandatario.

Nadie discute que el momento era complejo para el Presidente Sebastián Piñera. De haber dado este domingo la Cuenta Pública de su gestión en los últimos 12 meses, habría tenido muy poco que «lucir», habría tenido que hacerse cargo del estallido social, del plebiscito constitucional del 25 de octubre, del criticado manejo de la pandemia del COVID-19 y la crisis económica que se ha generado como su efecto directo.

La discusión parlamentaria de su aplazamiento se dio en el marco de una de las semanas más complicadas para La Moneda en relación con la crisis sanitaria, por el aumento sostenido de casos de contagiados y fallecidos. Por eso, tanto en la oposición como en Chile Vamos pusieron en tela de juicio la estrategia palaciega, porque a todas luces hizo parecer que no se quería exponer al Jefe de Estado en un escenario totalmente adverso.

Desde el Congreso dijeron que las explicaciones que les dio en privado el Gobierno apuntaron a que el interés por aplazar la Cuenta Pública era hacer un “gesto al Parlamento», ya que, de haberse realizado el 1 de junio, solo habrían estado presentes el presidente de la Cámara de Diputados, Diego Paulsen (RN), y la presidenta del Senado, Adriana Muñoz (PPD).

La explicación no convenció a nadie. Más aún cuando este cambio de fecha coincidió justo con la arremetida de La Moneda en relación con el llamado gubernamemental a las fuerzas políticas a sellar un acuerdo económico y social para sortear la pandemia y la crisis económica. Y, sobre todo, cuando hasta hace una semana no había agua en la piscina –en la derecha, la oposición ni el Gobierno– para aterrizar un pacto político de tal índole. Con la Cuenta Pública el 31 de julio y de llegar a buen puerto las intensas tratativas que se realizan en estos días, esa sería la carta que el Presidente Piñera podría mostrar cuando deba pararse en dos meses más ante el Congreso Pleno.

[cita tipo=»destaque»]Pero en el propio Gobierno no todos estaban convencidos de lo acertado de la jugada. Inicialmente –afirmaron desde la administración piñerista– en Palacio estaban por mantener la fecha original de la Cuenta Pública, pero ese diseño se cayó cuando desde La Moneda vieron como «una luz» la posibilidad de atrasar el mensaje presidencial y ahí comenzó el despliegue. En Chile Vamos hay quienes dijeron estar resignados ante los contantes errores políticos que se cometen desde el segundo piso de Palacio y agregaron que con la postergación de la cuenta presidencial se perdió una oportunidad  de dar confianza y seguridad a la gente, de demostrar liderazgo del Primer Mandatario en un momento tan complicado, sanitaria y económicamente, para el país.[/cita]

Los argumentos públicos del debate oscilaron en que la recalanderización busca no desviar la atención y las energías de la tarea de combatir la pandemia del coronavirus, que requiere de toda y la máxima atención de las autoridades de Gobierno. Pero tras bambalinas, los elementos que estuvieron sobre la mesa de discusión fueron la saturación del sistema de salud, el reconocimiento desde el propio oficialismo del mal manejo político y comunicacional que se ha tenido de la crisis sanitaria y las palabras de esta semana del ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien afirmó que “todos los ejercicios epidemiológicos, las fórmulas de proyección con las que yo mismo me seduje en enero, de proyectar, que sé yo, se han derrumbado como un castillo de naipes (…). Con franqueza, que navegamos en una suerte de oscuridad”. Todos, factores que agregaron en el Congresotransformaron el cambio de fecha de la Cuenta Pública en un problema político para Palacio.

Desde la oposición que rechazó el cambio de fecha, aún no se explican cómo se fraguó “darle oxígeno” político al Presidente, que no tenía cómo sortear con éxito este ritual republicano, y lo consideraron un error político “grave” de sus propios pares, porque es sabido que el Mandatario no es dado a “compartir los triunfos», que siempre «desconoce el trabajo conjunto o las buenas ideas provenientes desde la oposición”. Agregaron, que de haber sido la Cuenta este domingo, Piñera habría tenido que dar respuestas a quienes “se están manifestando por el hambre, a quienes aún no reciben nada de parte del Estado” y no habría tenido subterfugio comunicacional alguno que lo ayudara a tener cifras azules en las encuestas.

No todos en la oposición, sin embargo, comulgaron con esa crítica. Un senador del sector sostuvo que la imagen del Presdiente solo, sin la presencia in situ del Parlamento en su totalidad, era un “regalo comunicacional”.

Desde el Gobierno, se lavaron las manos, insistieron en que solo se apoyó en la reforma constitucional que presentó la presidenta del Senado, quien incluyó el tema en la discusión para hacerla de manera telemática y no presencial. No por nada, el ministro de la Segpres, Felipe Ward encargado de “pirquinear” los votos en la oposición dijo este martes 26 de mayo que “acá no hay ninguna solicitud de parte del Ejecutivo, hay una propuesta de parlamentarios de oposición en el Senado”.

Pero en el propio Gobierno no todos estaban convencidos de lo acertado de la jugada. Inicialmente –afirmaron desde la administración piñerista– en Palacio estaban por mantener la fecha original de la Cuenta Pública, pero ese diseño se cayó cuando desde La Moneda vieron como «una luz» la posibilidad de atrasar el mensaje presidencial y ahí comenzó el despliegue. En Chile Vamos hay quienes dijeron estar resignados ante los contantes errores políticos que se cometen desde el segundo piso de Palacio y agregaron que con la postergación de la cuenta presidencial se perdió una oportunidad  de dar confianza y seguridad a la gente, de demostrar liderazgo del Primer Mandatario en un momento tan complicado, sanitaria y económicamente, para el país.

Desde el mundo académico las interpretaciones también son varias. Para el director de la Escuela de Publicidad de la UDP, Cristián Leporati, era mejor que el Presidente Piñera diera su Cuenta Pública en la fecha original: “Hubiera sido mucho más acertado poder hacer un discurso sobre un escenario controlado, malo pero controlado, donde ya sabes qué te van a decir, ya sabes cuáles van a ser las críticas, es un escenario regulado”. Pero el vicedecano de la Escuela de Gobierno de la UDD, Rodrigo Arellano, sentenció que, de no haberla aplazado, “hubiésemos tenido probablemente al Presidente  dando cuentas en el momento más crítico, por ende, el eje habría estado demasiado concentrado en el análisis de las políticas de salud, y tiendo a pensar que a finales de julio lo peor va a haber pasado. Debiese aprovechar la instancia para hacer una Cuenta de futuro, con proyección, con llamado a unidad. Hoy todo es incierto y el ambiente no es el mejor”.

Trasquilada

No son pocos en la oposición los que, con el correr de los días, no han logrado dilucidar cómo se les “coló” el cambio de fecha de la Cuenta Pública, pero todos en el sector han apuntado a la senadora Muñoz. Y es que fue ella, precisamente, la que en tercer trámite legislativo sin consulta previa en el sector habría introducido el cambio de fecha en la reforma que se discutía para zanjar si se realizaba de manera remota.

Al volver el proyecto desde el Senado a la Cámara de Diputados, con cambios en su texto original, este terminó en Comisión Mixta, donde la oposición intentó separar la votación –Cuenta vía remota y aparte cambio de fecha–pero ya era tarde, las gestiones ya se habían desplegado. Ante el empate 5 a 5, el  senador Carlos Bianchi inclinó la balanza y, por tanto, ambos temas se votaron juntos, lo que puso entre la espada y la pared a la oposición, porque no podían rechazar las medidas sanitarias de hacer el mensaje presidencial a distancia.

Hay varias versiones en el Congreso sobre las razones por las que la presidenta del Senado cercana políticamente al senador PPD Guido Girardino conversó previamente con sus pares de oposición sobre su idea de introducir al debate el cambio de fecha. Unos afirmaron que la senadora Muñoz tiene la necesidad de relevar su rol como cabeza de la Cámara Alta, el que se le habría complicado por tener que ejercer su papel “vía Zoom” y por su falta de redes políticas propias, ajenas al girardismo.

Las expectativas sobre su rol no eran menores cuando asumió en marzo. Considerado el hecho de un Gobierno enfrentando una crisis y la Cámara de Diputados en manos de la derecha, se creyó que era terreno fértil para que Muñoz transformara su gestión en un espacio aglutinador de la oposición, lo que a todas luces no ha sucedido. Explicaron, en el Congreso, que la poca relevancia que ha tenido en el ejercicio de su cargo la habría llevado a cometer una serie de errores y, por eso, en esta ocasión habría intentado instalarse como puente con el Gobierno, una maniobra de la que habría salido “trasquilada”, pues solo consiguió dividir más a su propio sector.

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