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PAÍS

Pablo Ortúzar y el liderazgo presidencial: "Esa frase de la guerra es la más desafortunada y políticamente destructiva (...) convirtió la bola de nieve en avalancha"

por 22 octubre, 2020

Pablo Ortúzar y el liderazgo presidencial:
El investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad evaluó el manejo político del país que ha tenido el Presidente, Sebastián Piñera, entre el estallido social y los días previos al plebiscito constitucional de este domingo 25 de octubre. Para Ortúzar, además de sus debilidades propias, el Mandatario tiene poco soporte político desde el segundo piso de La Moneda, liderado por el jefe de asesores, Cristián Larroulet. “El Presidente no entiende la dimensión simbólica y comunicacional de la política. Parece creer que la realidad es algo obvio, evidente, compartido sin más. Que todos vemos lo mismo que él. Por eso no logra superar el modelo gerencial y tiene un segundo piso que no le aporta”, sentenció. El analista agregó que “los factores que hundieron a este Gobierno radican, principal y lamentablemente, en el propio Presidente y su equipo más cercano” y que ciertas decisiones, tanto de orden público como comunicacionales, terminaron por "colapsar la autoridad presidencial".
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Si bien las críticas a la figura del Presidente Sebastián Piñera se arrastran desde inicios de su segunda administración, por la promesa incumplida de los "tiempos mejores", lo cierto es que el liderazgo del Mandatario ha estado bajo la lupa desde el mismo estallido social de octubre de 2019 y durante todo el año. Un tema no menor ad portas del plebiscito de este domingo 25 de octubre, ítem en el cual La Moneda se ha visto complicada, enredada y dividida en más de una ocasión.

En ese contexto, el antropólogo social y analista del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Pablo Ortúzar, repasó el manejo del Primer Mandatario este último año. "Si pudiera recomendarle una serie al Presidente –y a la centroderecha en general– sería The West Wing, que justamente pone en relieve lo crucial y decisivo que es, para lograr gobernar, tomarse extremadamente en serio las comunicaciones. Uno no tiene control sobre la mayoría de las cosas que ocurren, pero sí alguno sobre lo que uno dice al respecto, sobre el marco en el que se las encuadra", afirmó.

-¿Cuál es tu evaluación de la gestión del Presidente Sebastián Piñera desde el estallido social de octubre del año pasado a la fecha y cómo se puede cuantificar?
-Mi opinión es que el Presidente no entiende la dimensión simbólica y comunicacional de la política. Parece creer que la realidad es algo obvio, evidente, compartido sin más. Que todos vemos lo mismo que él. Por eso no logra superar el modelo gerencial, y tiene un segundo piso que no le aporta. Esto ha tenido costos enormes. Estoy convencido de que ciertas decisiones de orden público y de comunicación podrían haber evitado el estallido del año pasado, que terminó por colapsar la autoridad presidencial.

El Presidente tuvo, en ese momento, la posibilidad de revertir la situación a su favor comunicando con claridad lo que había ocurrido y la necesidad de que los militares tomaran control de las calles para proteger a la propia ciudadanía. En vez de eso, por las palabras elegidas, no generó claridad respecto a lo que había pasado e hizo creer a miles de manifestantes que se desataría la represión militar en contra de ellos. Que la “guerra” era contra ellos. Esto, al punto que un general de zona tuvo que salir a desmentirlo y que la mayor manifestación desde el retorno a la democracia tuvo como consigna “no estamos en guerra”. Ese mismo día debió renunciar todo el equipo de comunicaciones de La Moneda.

-¿Cuánto pesó el factor centro y extrema derecha en el margen de acción que tuvo el Mandatario para tomar las decisiones? ¿Eso lo exculpa de las críticas que se han realizado a su manejo?
-La derecha extrema –entendiendo por eso el autoritarismo y la xenofobia– no es parte del pacto gubernamental. La gente que le dice así a la UDI debería recordar que, a diferencia del Partido Comunista, que sí es un partido autoritario de izquierda y lo demostró intentando derribar por la fuerza al Mandatario democráticamente elegido, la UDI estuvo disponible para el acuerdo de noviembre que le dio una salida institucional y democrática a la mayor crisis política de los últimos 30 años. Dicho eso, creo que los factores que hundieron a este Gobierno radican, principal y lamentablemente, en el propio Presidente y su equipo más cercano.

-Me refería más al tironeo que ha ejercido el Partido Republicano de José Antonio Kast. ¿Cuánto puede haber pesado esa presión en su margen de movilidad para la toma de decisiones?
-Yo creo que ellos pesan bien poco o nada en las decisiones del Presidente. Recordemos, además, que la propuesta de ellos fue que Piñera nombrara vicepresidente a José Antonio Kast y luego renunciara.

-Durante un largo período desde el oficialismo, pero también en voz del Gobierno, se intentó enfocar los problemas que arrastró el estallido en la violencia que se suscitó y no se observó una reflexión mayor sobre las causas. ¿A qué se debe eso?
-A la ausencia de un diagnóstico sociológico más crítico por parte de la centroderecha, que tiene que ver con la pobreza intelectual del sector. Lamentablemente, en la última campaña presidencial se hicieron guiños a una visión más compleja de la realidad, pero, a la hora de gobernar, volvimos a Piñera I. Si uno mira la realidad desde un mapa añejo, tarde o temprano será sorprendido por el territorio. También afectó ser incapaces de darle un encuadre comunicacional adecuado a lo que había pasado: la violencia extrema y criminal, por un lado, pero también la protesta contra la injusticia social, por otro. Se intentó salir jugando con una simplificación extrema que poca gente aceptó.

-Muchas veces se escuchó como respuesta del Gobierno que se trataba de un enemigo “implacable, que no respeta a nada ni nadie” y luego el Presidente acusó que había intervención extranjera en el estallido, lo que descartó finalmente el fiscal Manuel Guerra. ¿Qué dice eso de un Mandatario en medio de una crisis de esta magnitud?
-Esa frase, la de la “guerra”, es la más desafortunada y políticamente destructiva desde aquella otra sobre la educación como “bien de consumo”, fue la que convirtió la bola de nieve en avalancha. El ataque incendiario coordinado a decenas de estaciones de metro, fuera de la naturaleza que fuera, habría sido tratado en cualquier parte civilizada del mundo como un ataque terrorista. El Presidente tuvo, en ese momento, la posibilidad de revertir la situación a su favor comunicando con claridad lo que había ocurrido y la necesidad de que los militares tomaran control de las calles para proteger a la propia ciudadanía. En vez de eso, por las palabras elegidas, no generó claridad respecto a lo que había pasado e hizo creer a miles de manifestantes que se desataría la represión militar en contra de ellos. Que la “guerra” era contra ellos. Esto, al punto que un general de zona tuvo que salir a desmentirlo y que la mayor manifestación desde el retorno a la democracia tuvo como consigna “no estamos en guerra”. Ese mismo día debió renunciar todo el equipo de comunicaciones de La Moneda.

-Esa frase de la guerra se habría sustentado en un informe de la DINE, el que ha sido calificado por distintos sectores como vergonzoso, ¿Cuánto del carácter ideológico o calidad de liderazgo se pone en juego en un escenario así?
-Fuera cual fuera la información, en un contexto así no se habla de “guerra” en un sentido figurado y sin precisar el enemigo. Es de una irresponsabilidad enorme.

-Con miras al plebiscito de este domingo, se ha hablado de una ausencia de liderazgo de Piñera en este proceso. ¿Cuál es tu lectura al respecto?
-La situación del Presidente es débil. Luego, apoyar decididamente el Apruebo y tratar de conducir esa opción, aunque podría haberle significado algunas ganancias frente a la opinión pública, dañaba su base de apoyo directo en los sectores más conservadores. Lo ridículo es que ahora, en una especie de acto fallido, haya decidido jugársela por el matrimonio homosexual, que hace el mismo daño, pero sin ganancia política alguna.

-¿Qué debió haber hecho el Presidente y no hizo en este proceso?
-Creo que es evidente que, sea cual sea el resultado del plebiscito, los cambios institucionales que Chile necesita no pueden esperar ni achacarse por entero al asunto constitucional. Necesitamos una hoja de ruta reformista, que involucre al Ejecutivo y al Legislativo en paralelo al tema constitucional, que vaya abriendo un horizonte político, para salir de la "chatez" y el ambiente taimado de hoy. Y ahí, obviamente, el Presidente podría jugar un rol importante, si lo quisiera.

-¿Qué tendría que hacer el Presidente Piñera desde el lunes 26 de octubre en adelante? Pongo el acento en su calidad de Jefe de Estado, porque se ha criticado que ha entregado demasiadas señales para su electorado, como jefe de coalición, por sobre la ciudadanía en su totalidad.
-Lo que vamos a necesitar desde el 26 es un cambio de estado mental y de disposición. No podemos estar en esta especie de duelo amargo para siempre. No se puede construir un país entre dos grupos con los dientes apretados y ganas de aniquilarse mutuamente. Todos vamos a tener que ceder y buscar acuerdos para lograr un Chile más justo , digno y en paz. Su construcción, además, tomará tiempo, con avances, retrocesos y errores. Y ese camino o lo recorremos como comunidad política, más allá de las diferencias internas, o no lo vamos a poder recorrer. El camino del revanchismo y el resentimiento nos llevará derecho a la guerra civil o, al menos, a la destrucción de los fundamentos de nuestra prosperidad común. El Ejecutivo debe intentar encarnar y promover este cambio de actitud. Tratar de abrir espacios para generar un horizonte compartido.

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