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Las huellas en Chile de los GDO que tienen sumido en el caos a Ecuador PAÍS Fotografía: @FiscaliaEcuador

Las huellas en Chile de los GDO que tienen sumido en el caos a Ecuador

Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación de El Mostrador
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El homicidio del candidato presidencial Fernando Villavicencio a manos de los GDO (Grupos Delictivos Organizados) en Ecuador –el segundo asesinato de un candidato en menos de dos meses– y los posteriores videos de pandillas que se identificaban como “Los Lobos”, visibilizó de un modo inédito el complejo problema de violencia que enfrenta Ecuador, la guerra entre bandas rivales y la proliferación de estas organizaciones. En el norte de Chile se detectó ya el año pasado a un sujeto que pertenecía a los “Chone Killers”: un ecuatoriano detenido por el delito de sustracción de menores y que fue expulsado del país. A fines de 2022, en tanto, un marino chileno fue secuestrado en Guayaquil y estuvo en poder de la banda madre de Ecuador, “Los Choneros”, enemigos acérrimos de “Los Lobos”, quienes se adjudicaron el homicidio de Villavicencio. Esto, aunque después otro grupo desmintió a los primeros, asegurando no haber matado al candidato presidencial.


Pese a que aún no se despeja quiénes son los asesinos del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, el crimen contra el periodista, ocurrido la noche del jueves, visibilizó de un modo inédito el complejo problema que enfrenta Ecuador, producto de la proliferación de organizaciones criminales de gran violencia, fenómeno que es seguido de cerca en Chile por efectivos de la PDI, Carabineros y por varias Fiscalías especializadas, quienes desde hace un par de años verifican con mucho cuidado los antecedentes de cada ecuatoriano que es detenido por algún hecho delictivo de cierta importancia, a fin de constatar que no sea miembro de alguna de las megapandillas que hoy asolan a ese país.

La preocupación se sustenta, entre otras cosas, en la experiencia con el Tren de Aragua, cuya presencia en nuestro país solo vino a constatarse cuando ya estaba operando desde Arica a Punta Arenas. A juicio de distintas personas que forman parte del aparato penal chileno, dadas las similitudes entre esta organización y algunas de las ecuatorianas, es solo cuestión de tiempo para que estas comiencen a expandirse en forma internacional. De ahí viene la preocupación.

Al igual que el Tren de Aragua, hay varias organizaciones criminales ecuatorianas que destacan por la ferocidad con que actúan. El ejemplo más cercano que tenemos fue lo ocurrido en diciembre del año pasado, cuando el marino de Talcahuano Luis Toledo fue secuestrado en Guayaquil por sujetos que pertenecían a la principal organización criminal de ese país: “Los Choneros”, que se estima posee más de 20 mil miembros. Aunque su giro principal es el narcotráfico –son los “representantes” del Cartel de Sinaloa en Ecuador–, en realidad se dedican a todo tipo de actividades ilícitas: secuestro, sicariato, extorsión, estafas telefónicas, contrabando, trata de personas, etc.

De hecho, es la organización criminal más parecida al Tren de Aragua y la comparación no solo tiene que ver con sus acciones, sino también con su origen y estructura. “Los Choneros” eran inicialmente una pandilla urbana vinculada con un cartel colombiano que, sin embargo, creció en forma exponencial a partir de 2011, cuando todos sus líderes cayeron presos y comenzaron a aprovechar las estructuras carcelarias para expandirse por todo el país, excediendo con mucho las dos localidades donde actuaban inicialmente: las ciudades de Chone (de ahí su nombre) y Manta. Hoy por hoy es, entonces, al igual que su símil venezolana, una estructura carcelaria que opera desde distintos penales, por medio de delincuentes que actúan mandatados desde las unidades penitenciarias.

Fuentes policiales indican que uno de los motivos por los cuales el Tren de Aragua no ha podido penetrar en Ecuador del mismo modo en que lo hizo en Chile, Colombia o Perú, tiene que ver con la resistencia que les opusieron “Los Choneros” y las otras megabandas ecuatorianas, con las cuales hoy los venezolanos mantienen un enfrentamiento abierto.

En el caso del marino Toledo, este permaneció cinco días en poder de sus captores, quienes, para demostrar que hablaban en serio, le cortaron dos dedos. Fue finalmente liberado, gracias a las gestiones de la policía de Ecuador y la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales (BIPE) de la PDI de Chile.

Los otros grupos

Aunque inicialmente formaban parte de “Los Choneros”, “Los Lobos” –que se estima poseen ocho mil miembros– es la segunda pandilla en tamaño de Ecuador. En el primer video en el cual un grupo de encapuchados armados se adjudicaba la muerte de Villavicencio, estos decían ser de “Los Lobos” –lo que fue desmentido por un segundo video, donde otros individuos decían que aquello era falso–.

Como sea, son a su vez los “agentes” locales del mexicano cartel Jalisco Nueva Generación y se odian a muerte con “Los Choneros”. Muchos de los violentos enfrentamientos que se han producido en distintas cárceles y ciudades como Guayaquil son producto de las disputas entre ellos. 

Además, existen varias otras bandas, como “Los Tiguerones”, “Los Lagartos”, “Los Águilas”, “Mafia 18 tiburones”, “Los tijeretas”, “La R7” y “Los Chone Killers”, un grupo de sicarios originalmente conocido como “Los Ñetas”, que se terminó afiliando a “Los Choneros” como su brazo armado. Su líder indiscutido es “Ben 10”, Benjamín Camacho, quien es secundado por su hermano Terry, conocido como “El Trompudo”. 

El apodo del cabecilla no dice relación con el personaje de los dibujos animados, sino con la fama de Camacho en orden a que, todo aquel que lo traiciona o le desobedece, recibe 10 balazos. 

El grupo se subdivide en “capítulos” que ocupan distintas zonas de la ciudad de Durán (parte del área metropolitana de Guayaquil), entre los cuales se cuentan “La Floresta”, “El Toque”, “The Chone”, “Recreo”, “La M”, “Quilombo” y uno llamado como el líder actual: “Ben 10”.

El logo del grupo incluye la bandera de Puerto Rico (dado que ese era el país natal de Carlos “La Sombra” Correa, fundador de “Los Ñetas”) y dos dedos entrecruzados. 

A “Los Chone Killers” se les sindica como los autores de una serie de atentados con coches-bomba y armas de fuego ocurridos en octubre y noviembre del año pasado en las provincias de Guayas, Esmeralda y San Francisco, que dejaron un saldo de seis policías muertos y un total de 54 atentados explosivos, que ellos se adjudicaron, reclamando por el traslado de varios de sus miembros desde la Penitenciaría del Litoral (en Guayaquil) hacia otras unidades carcelarias. 

En los últimos años, “Los Chone Killers”, que se habían independizado de “Los Choneros”, estaban formando un cartel llamado “Nueva Generación”, junto a “Los Tiguerones” y los “ALKQN” (Almighty Latin King and Queen Nation), pero el trato terminó frustrándose y actualmente todos funcionan de modo independiente. 

El chonekiller del norte

Hasta la fecha, distintas fuentes coinciden en señalar que el único miembro de una banda ecuatoriana que se ha detectado en Chile ha sido Diego Saltos Vera, que fue detenido en la ciudad de Iquique el año pasado, acusado de sustracción de menores, pues la madre de un niño denunció que Saltos (el padre del menor) se lo había llevado sin autorización. 

Tras ser detenido, Saltos llamó de inmediato la atención por la gran cantidad de tatuajes que tenía en distintas partes del cuerpo, incluyendo uno que rezaba “The chonekillers Ben 10” –por ende, pertenecía al “capítulo” así llamado– y un crucifijo que le tatuaron en la cárcel, como un homenaje a Dios. 

Según explicó en su momento, fue sometido a una ceremonia de iniciación en la cárcel, consistente en varias pruebas que debía superar (las que no especificó) y, además, debía aprenderse el Salmo 23 de la Biblia, el Salmo de David, que comienza diciendo “Dios es mi pastor, nada me faltará”.

Su estancia en la cárcel de Alto Hospicio no fue muy pacífica. En octubre del año pasado se trenzó a golpes con un interno chileno (Héctor Duarte Alfaro, condenado por infracción a la Ley de Armas) y la fiscalía decidió no seguir adelante con el procedimiento, debido a que ambos resultaron con lesiones leves, luego de lo cual Saltos Vera fue expulsado del país.

Las causas de la violencia

Todos los analistas coinciden en que el centro del problema está en el aumento mundial de la demanda por drogas, especialmente cocaína, y la búsqueda de los grandes carteles de puertos en donde embarcar sus mercancías rumbo a otros mercados, a lo que se suman otros factores, entre ellos, el hecho de que el Cartel Jalisco Nueva Generación comenzó a cultivar amapola en Ecuador (para producir heroína) y la llegada de la Mafia de los Balcanes, uno de los principales actores del narcotráfico mundial.

El periodista chileno Cristian Ascencio, editor del medio de investigación Connectas, quien ha escrito sobre la violencia en Ecuador, explica que otro antecedente que permite entender lo que acontece es el homicidio de tres periodistas del diario El Comercio de Perú, en 2018, quienes fueron secuestrados en la selva por una facción disidente de las FARC, que actuaba en territorio ecuatoriano. 

Ante ello, reseña que muchos expertos señalan que Ecuador debería haber sido incluido en las negociaciones de paz con las FARC y que, junto con ello, hace algunos años “la zona de Esmeraldas empieza a tomarse por bandas internacionales, bandas con más poder de fuego, con más violencia, entre ellas Jalisco Nueva Generación, que entraron de un modo muy fácil, pues se encontraron con un Estado poco preparado, y comenzaron a expandirse por el territorio”.

Según detalla una investigación del periodista Fernando Medina, el gobierno del presidente Guillermo Lasso, que ha sido muy criticado por la forma en que ha reaccionado frente al crimen organizado, prometió 30 mil nuevos policías, pero en el reportaje se descubrió que “estos policías están siendo formados en seis meses, en vez de en dos años”, junto con detallar que, como el presupuesto para la formación de los policías es exiguo, los aspirantes “deben hacerse sus pesas con cemento y barras ellos mismos”, a fin de entrenar, pero eso no es todo: “Entrenan con fusiles de palo, que no disparan, obviamente”.

Sin embargo, agrega que el problema es anterior y abarca a los gobiernos de Lenín Moreno y Rafael Correa, sobre los cuales indica que “les quitaron mucho poder y mucho respaldo tanto a las Fuerzas Armadas como a la policía, la debilitaron institucionalmente y eso hizo que las bandas no tuvieran un contrapeso fuerte, sobre todo en la zonas como la costa o Guayaquil”.

Asimismo, precisa que “un excoronel con el que hablé decía que un aspecto que es súper importante para enfrentar esta crisis es la necesidad de intervenir las cárceles, porque igual como pasa en Venezuela, por ejemplo, están tomadas a tal nivel que la policía y los militares tienen que pedir permiso para entrar. Desde ahí justamente (los penales) se articulan crímenes que afectan a toda la ciudad, como secuestros, extorsiones y otros” y las cifras son impresionantes: si la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en Ecuador era de 6.9, 2022 cerró con 25.6.



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