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Tintes de ciudad: los efectos de la vida urbana sobre la coloración de las aves Animales

Tintes de ciudad: los efectos de la vida urbana sobre la coloración de las aves

Las aves que habitan en las ciudades tienden a ser más pequeñas y sufren un mayor daño celular que aquellas que viven en los bosques. Un reciente estudio demuestra que, además, los carboneros urbanos presentan una coloración más apagada


El Antropoceno está considerado como una nueva época geológica que comenzó aproximadamente en el año 1950. Una de sus principales características es el incremento en el desarrollo y población urbana. Así, en torno al año 2007, el número de personas que viven en las ciudades superó por primera vez en la historia a las que lo hacen en un ambiente rural.

Este reciente aumento en el tamaño y número de habitantes de las ciudades contrasta con los paisajes y estilos de vida tradicionales de hace varias décadas. Sin embargo, la concienciación sobre la huella que deja el estilo de vida urbano se remonta, al menos, hasta a la Antigua Grecia. Hace unos 2 600 años, Esopo escribió sobre ello en una conocida fábula en la que comparaba la forma de vida de un ratón de campo y uno de ciudad.

No obstante, las ciudades no son solo el hogar de los humanos y sus mascotas, sino que muchos animales salvajes también han sabido aprovechar las ventajas que brinda este nuevo ecosistema.

En las áreas urbanas el alimento tiende a ser más abundante y predecible, además de existir un menor riesgo de depredación. Pero, al igual que los humanos, los animales que logran adaptarse a la vida urbana también tienen que enfrentarse a sus efectos negativos.

Por ejemplo, sabemos que las aves urbanas tienden a ser más pequeñas y sufren un mayor daño en sus células que las que viven en los bosques. Sin embargo, otros rasgos de los individuos urbanos han sido menos estudiados, como es el caso de la coloración.

La coloración del carbonero: mucho más que plumas

El carbonero común es un ave abundante a lo largo de Europa y habita tanto en bosques naturales como en ambientes urbanos. Esta flexibilidad ecológica convierte a la especie en un buen objeto de estudio para los científicos, ya que permite comparar poblaciones expuestas a un mayor o menor grado de urbanización dentro de un mismo organismo.

Una de las características más vistosas de los carboneros es su colorido plumaje. Sus tonos amarillos, verdes y negros destacan sobre la coloración más apagada de otras aves urbanas como las palomas o los gorriones.

Merece particular atención el amarillo que la especie presenta en su pecho. Esta coloración la obtiene gracias a unos pigmentos llamados carotenos. Curiosamente, los animales tienen que conseguir los carotenos mediante su dieta, ya que son producidos únicamente por plantas y algas.

La coloración de los carboneros cumple una función biológica importante. Al igual que en otras especies, los colores de los carboneros informan de las características de los individuos. Por ejemplo, pueden informar sobre su personalidad o estado de salud .

En general, los individuos de mayor calidad suelen tener coloraciones más vistosas. Esto es importante ya que, entre otras cosas, les permite tener un mayor número de parejas con las que reproducirse.

Efectos de la vida urbana

En nuestro reciente trabajo realizado por científicos de universidades de Alemania, Suecia, Reino Unido, Francia y España hemos estudiado los efectos de la urbanización sobre la coloración amarilla del carbonero.

Para ello, comparamos el color de los carboneros urbanos y forestales en cinco ciudades europeas (Gotemburgo, Malmö, Milán, Madrid y Lisboa). Además de revisar estudios previos para otras poblaciones de la especie en toda Europa.

Nuestros resultados demuestran que los carboneros que habitan en las ciudades tienen coloraciones más apagadas que aquellos que viven en el bosque. Esto podría estar causado por una menor abundancia de presas en las ciudades. No obstante, también es posible que las presas de las ciudades tengan menos carotenos, es decir, que sean un alimento de peor calidad.

Pero ¿por qué es esto importante? ¿Tiene esta reducción en la coloración implicaciones más allá de la estética?

Además de su función como pigmentos del plumaje, los carotenos también cumplen funciones antioxidantes y pueden atenuar los efectos negativos de la contaminación, de los parásitos y de otros estreses asociados a vivir en las ciudades. Por lo tanto, nuestros resultados no sugieren únicamente un impacto estético sobre el plumaje de las aves, sino también sobre su salud.

¿Son todas las ciudades iguales?

Una pregunta relevante que nos podemos plantear a estas alturas es si todas las ciudades afectan de la misma manera a los animales que las habitan. Nuestros resultados sugieren que no.

Las diferencias en coloración entre carboneros urbanos y de bosque es mayor en unas ciudades que en otras. Esto se debe, probablemente, a las diferencias en el diseño de las zonas verdes de cada ciudad. Por ejemplo, se sabe que el tamaño y la abundancia de plantas no nativas en los parques y zonas ajardinadas influyen en el alimento disponible para las aves.

Hace ya más de un siglo que se describió cómo el hollín de las fabricas británicas influyó para que una especie de polilla adquiriera una coloración más oscura. Este fenómeno, conocido como melanismo industrial, se produjo porque las polillas más oscuras se camuflaban mejor contra los troncos de abedul manchados por el hollín.

Aunque aún tenemos que investigar cuáles son las ventajas o desventajas de tener un plumaje más pálido en los carboneros urbanos, nuestro estudio, al igual que en el caso del melanismo industrial, pone de manifiesto el impacto humano en el planeta.

Nuestros resultados también abren las puertas a entender por qué algunas ciudades son mas beneficiosas para la fauna silvestre que otras. Comprender esto nos puede ayudar a mejorar el diseño urbano y así ganar calidad de vida tanto para la fauna como para las personas.

David López Idiáquez, Investigador postdoctoral en Ecología Evolutiva en el Edward Grey Institute, University of Oxford; Pablo Capilla-Lasheras, Research Associate in ecology, evolution and behaviour, University of Glasgow y Pablo Salmón, Senior scientist, University of Glasgow

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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