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Chile, país de jubilados

por 7 septiembre, 2017

Chile, país de jubilados
Hace unos días el Instituto Nacional de Estadísticas dio a conocer, finalmente, la cifra de chilenos. Somos 17. 373. 831 personas en Chile. Aún no sabemos las edades de esas personas, pero todo hace suponer que los mayores de 60 años debieran ser cerca del 16% de la población aproximadamente.
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Sumado a esto, ayer la Superintendencia de Pensiones anunció que para fines de este año se espera un nuevo récord en la cifra de pensionados (ya sea por invalidez, vejez o sobrevivencia), el que probablemente llegará a 140 mil personas.

Con este escenario, que nos demuestra que cada vez son más las personas mayores que habitan en el país (Chile es uno de los cuatro países más envejecidos de la región junto con Argentina, Uruguay y Cuba) y que cada vez habrá más personas que dejan sus puestos de trabajo, no está demás preguntarnos cómo hacer frente a la tan temida jubilación.

Y es que acá encontramos una paradoja. Por un lado la sociedad, las empresas y los empleadores, en general, están conscientes de que las personas mayores son poseedoras de un capital intelectual inconmesurable: saben cómo hacer su trabajo, muchos han participado en la capacitación de los nuevos empleados, conocen el funcionamiento de la organización para la que trabajan, están sanos, activos y no tienen ganas de retirarse totalmente del trabajo. Por otro lado, la misma sociedad, empresas y empleadores en general se esfuerzan por encantar, motivar y mantener a los milennialls, los seducen con cargos de poder, les prometen que les guardarán el puesto mientras ellos estudian fuera del país o viajan por el mundo, despreciando, en cierto sentido, el capital humano de los trabajadores mayores.

Evidentemente nadie espera que las personas se eternicen en sus puestos de trabajo ni que los empleadores no contraten personas nuevas. La jubilación es una etapa que, querámoslo o no, a todos nos va a tocar en algún momento. El tema de fondo es cómo preparamos a las personas para que jubilen y cómo logramos que al interior de las organizaciones convivan armónicamente todas las edades.

Para preparar a las personas para la jubilación, debiéramos comenzar a dejar de pensar en que la jubilación y la vejez se relacionan exclusivamente con dinero. El dinero ayuda harto, pero no lo es todo. Para planificar la jubilación debiéramos comenzar a pensar en ella unos años antes y preguntarnos qué queremos hacer cuando dejemos de trabajar, cómo me quiero relacionar con mi familia, mis hijos, mis nietos. Cómo revitalizo la relación con la pareja. Cuál será el proyecto de vida que me guiará por los próximos 25 o 30 años y, para responder esas preguntas, no necesito dinero.

Planificar la jubilación implica también incorporar al resto de la familia. Si la pareja también trabaja, ¿jubilarán juntos o uno primero y el otro después? Son preguntas que nadie se hace, pero que afectan la convivencia e impactan en la calidad de vida de las personas y, por lo mismo, las organizaciones debieran incluir en sus políticas de Recursos Humanos o de Bienestar, charlas, talleres o programas de preparación para acompañar a los trabajadores en este momento de su vida y prepararlos psicosocialmente para enfrentar este periodo.

Ahora, respecto de la convivencia intergeneracional, es necesario que la gestión del clima organizacional incorpore variables etarias para derribar los estereotipos negativos asociados a la edad (ya sean jóvenes o viejos) y promover la coexistencia saludable de todas las edades.

La promoción de las relaciones intergeneracionales, ya sean familiares, sociales o laborales, pueden ser extremadamente positivas si se gestionan adecuadamente para que cada miembro dé lo mejor de sí. Instituciones europeas ya han comenzado a trabajar fuertemente la línea de la convivencia intergeneracional a través de programas que promuevan la transferencia de conocimiento con excelentes resultados que se traducen mejor calidad de vida para el trabajador, mejor clima al interior de la organización y mayor productividad para la empresa.

Y en Chile esto será cada vez más necesario. Gestionar la edad al interior de las organizaciones comenzará a ser una necesidad que las empresas e instituciones deberán asumir, cada vez, con mayor rapidez.

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