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Yo Opino

Y nuestros “Harvey Weinstein”, los locales. ¿Cuándo los haremos caer?

por 18 octubre, 2017

Y nuestros “Harvey Weinstein”, los locales. ¿Cuándo los haremos caer?
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A propósito de la denuncia masiva de acoso que han levantado actrices hacia el productor de Hollywood Harvey Weinstein, han surgido en nuestro país una ola de posteos con ansias de destapar ollas podridas. Los hashtag #metoo (yo también) plagaron las redes dando cuenta de un secreto a voces que por siglos es parte de nuestro género: el aguantar acoso sexual por pega.

El jefe sátiro, el supervisor jote, son clásicos de la vida laboral femenina y apuesto un ojo de mi cara a que al menos el 90% de las mujeres ha vivido o vive esa realidad. Pero hablando del medio de Weinstein, eso se agudiza en el caso de la tv y el cine, donde la figura máxima del director y/o productor –por razones atávicas, usualmente varón- elige a su elenco y por ende, es aquel del que depende no sólo tener un empleo, sino también la consagración, el prestigio, la fama y por coniguiente, parar la olla un poco más de tiempo, porque una actriz, guionista, técnico, etc, más allá del supuesto glamour de nuestra actividad, es y será siempre una trabajadora. Una de la que a veces depende una familia completa y por lo tanto, no puede arriesgar la pega.

Y ellos lo saben. Las vacas sagradas (o toros, más bien) abusan de ese poder impunemente, porque saben que si se te ocurre denunciarlos posiblemente nunca más tendrás trabajo. Basta que lancen un rumor feo para que toda su red de amigos del medio te vete y, por exigir respeto, termines siendo la complicada, la loca, la chúcara, a la cual es mejor no llamar porque no es tan dije como la Pepita, que sí se ríe con los chistes fomes y en ocasiones permite uno que otro avance, si total el rodaje es largo y hay que amenizar.

Listen all of y'all it's a sabotaje (8)

Un querido amigo me decía “¿Y por qué no dan nombres? En EEUU todas están desclasificando jotes, deberían hacer lo mismo acá”… reflexionando, creo que muchas actrices gringas ansiaban que esto explotara y cuando sucedió, de inmediato se apoyaron y funcionaron como bloque. Sólo así pudieron vencer el miedo a Weinstein –y por ende, a quedar vetadas- y conseguir por fin justicia.

 A los directores y productores, ejecutivos, jefes, superiores que murmuran en el oído, tiran mano “casualmente”, exigen que los acompañes a una chela post jornada para que te aprueben un proyecto, o que te vayas a pasear con él a lo oscurito y si te niegas, te advierten que con esa actitud te va a ser difícil avanzar en tu carrera…

Es decir, desarrollaron un entorno protegido donde la denuncia no costara la pega. Cosa que estamos a años luz nosotras. Chilenas, ergo latinas, tenemos un patriarcado más difícil de sacudir. La sororidad ha sido un trabajo titánico, debimos resetearnos la crianza para comprender que dudar de una mujer golpeada es una traición al género. Según yo, sucedió desde el caso Nabila… ¿debimos esperar que a una de nosotras le sacaran los ojos para comprender que “algo habrá hecho”? Y aun así, surgen tontorronas que prefieren apoyar a priori al hombre antes de prestarle apoyo a su congénere víctima. Saboteadoras.

Y aquí llegué al punto. Una comediante que hace años confrontó en twitter a un famoso director (que dicho sea de paso, se convirtió sorpresivamente a la causa feminista cuando un tiempo atrás comparaba a las mujeres con pizzas a domicilio) por un casting donde su palpación mamaria venía incluida, hoy se negó a hacer declaraciones sobre esto y no es muy difícil inferir por qué. Le puede cerrar muchas puertas un nuevo round, ahora que el tipo tiene más poder y, por supuesto, lo seguirá usando, pero ahora más veladamente, por el bien de su negocio que, de acuerdo a la tendencia pop, ahora es #niunamenos

¿Cuál es el problema de fondo? Nuestras mismas congéneres. Que viendo chances de pega, los blindan, los avalan y son capaces de difamar por ellos, declarando que la denunciante es una mentirosa “porque a mí nunca me ha hecho nada”, ya que su ego es tan grande que si no les ha pasado a ellas, no existe. O peor aún, los blindan porque el puesto vacante es muy apetecido y no dudan en sumarse a la lapidación de la colega para reemplazarla sin remordimientos. Saboteadoras, vergüenza para el género.

¿Que necesitamos? Empezar a limpiar el ripio de las que reman para atrás y empezar a trabajar en bloque. Quitarnos el miedo, si somos muchas, el veto será imposible. Tenemos el apoyo de buenos hombres que, me alegra, cada vez son más los que se suman y nos alientan a levantar la voz y exigir que la costumbre de “pagar peaje” por un trabajo digno se erradique. Señalemos con el dedo a los jotes, a los frescos, a los que abusan de tu condición de madre y pretenden hacerte aceptar humillaciones porque necesitas mantener tu hogar. A los que se aprovechan de tu condición de mujer soltera y supuestamente, “sin nadie que te defienda”. A los que tienen tantas conexiones que si no lea aceptas los avances, tiran una habladuría y te masacran la vida laboral sin contemplaciones.

A los directores y productores, ejecutivos, jefes, superiores que murmuran en el oído, tiran mano “casualmente”, exigen que los acompañes a una chela post jornada para que te aprueben un proyecto, o que te vayas a pasear con él a lo oscurito y si te niegas, te advierten que con esa actitud te va a ser difícil avanzar en tu carrera… y si respondes que pretendes hacerlo sólo con talento, pues “que tengas suerte” porque para ellos eres un objeto, una cosa, un adorno bonito y reemplazable, pues él es el cerebro, el genio y tú, la linda asistente que está para recibir piropos y reírse. Una trabajadora bien dije, livianita de sangre, amorosa, con la entrepierna bien jugosa.

Rebelémonos. Actuemos en bloque. Denunciemos. Expongamos. Dejemos de tener vergüenza y dejémoslos a ellos en vergüenza. Vergüenza de tener la chance de trabajar en lo que aman, algo que muy pocos hombres tienen el privilegio de hacer, y malversar los beneficios de la fama, el poder y el prestigio, para abusar de sus subordinadas y hacerlas sentir que si no aceptan el derecho de pernada, son las tontas, las locas, las complicadas. Las que no saben agradecer una oportunidad de trabajo que tan dadivosamente ofrecen a cambio de una chupada.

Pues cualquier trabajo que involucre esto, es prostitución encubierta. No aceptemos ese trato. No avalemos al que lo hace y sobre todo, creámonos y blindémonos entre nosotras. Sólo así conseguiremos que antes de abusar de su poder, lo piensen harto más de dos veces.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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