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Femicidios: expresión extrema de la violencia de género

por 18 octubre, 2018

Femicidios: expresión extrema de la violencia de género
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La aparición en los medios nacionales de la muerte de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas resulta de una naturalidad tal que pareciera que no configuran eventos extremadamente graves en la convivencia social.

Pareciera que el grado de atrocidad o tormento infringido a las mujeres define la latencia de la noticia en lo cotidiano. Parece una insensibilización ante la violencia de género, donde culpar a quien resulta agredida, decir que el agresor estaba enfermo o hizo lo que hizo por las drogas, el alcohol o alguna enfermedad o muchas otras aparentes explicaciones, perpetúan estereotipos que sostienen diferentes formas de violencias hacia las mujeres.

Es necesario decir que la violencia de género, no surge solo por decisiones individuales o características específicas o rasgos determinados, sino que responde a la mantención de un sistema patriarcal que otorga a los hombres posiciones de privilegio ante las mujeres. Un sistema que naturaliza lo que hombres y mujeres debemos o podemos hacer, reproduciendo un orden desigual e injusto. Este orden permite que los hombres puedan expresar su rabia, ira o furia golpeando a una mujer, someterla y degradarla como forma de castigo.

Todos y todas somos parte de este orden social, donde estas violencias se sostienen por una parte en la apatía, en la negligencia, en el no involucrarnos, pero también en una serie de creencias acerca de las relaciones amorosas y acerca de cómo deberíamos comportarnos como hombres o mujeres.

Creencias tales como el que cuando estás en pareja “una pertenece a la otra persona”, por lo tanto, esta te puede restringir, controlar, dominar, etc. A propósito de este “amor” que “todo lo puede”, se siguen cometiendo atrocidades que irrespetan nuestros derechos.

Mejorar las leyes constituye parte de la solución, como la necesidad de modificar el que para aplicar la ley de femicidio se deba estar legalmente casados, dejando fuera las situaciones de pololeo y/o convivencia, las medidas efectivas de protección a mujeres amenazadas y golpeadas, la agilización de los trámites de denuncia, etc. Pero indudablemente, requerimos urgentemente un cambio cultural que cuestione y detenga la violencia como forma de relación.

Debemos ser tajantes frente a las formas de violencia, mostrar desacuerdo, visibilizarlas, hablar de ellas con las personas más jóvenes y aprender a respetarnos. ¡Ni una menos!

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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