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Yo Opino

El carnaval del Orgullo

por 23 junio, 2019

El carnaval del Orgullo
De pronto ser marica se volvió tan de mercado que la marcha recibe el apoyo de más de 20 empresas privadas y pienso: ¡Pucha que somos rentables primas! En especial cuando la prensa local ha de volverse loca tratando de capturar a los transformistas, drag y gays de gimnasio que llenan de color la gris monotonía de los televidentes heteronormados que miran esta fiesta fleta durante un minuto y medio, o dos.
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La marcha del Orgullo nos muestra, desde sus camiones brandeados por empresas pro marica, que las cosas van mejorando, que nos quieren integrar al modelo, que somos estupendas clientas de sus productos y fieles colaboradores en sus empresas.

Ciertamente me emociona ver a las multitudes llenando las calles, porque en mis primeras marchas a fines de los años 90, siendo yo una lesbianita chica, éramos como 300 en toda la Alameda y muchos iban con máscaras o caminando por la vereda con antifaces.

Yo había luchado toda mi vida por mi derecho a ser diferente y hoy me siento fuera de lugar en este carnaval

Entonces, claro que emociona ver cómo el movimiento LGBTIQ+ se llena de letras y letras para incluir una multiplicidad enorme de diferentes identidades de género y orientaciones sexuales que se reúnen y son cientos, miles de mariquitas tomándose el centro de la ciudad por una tarde o dos al año.

Al parecer todo ha cambiado, todo mejora, somos cada día más iguales, ¿pero iguales a quién, a Ricky Martin? Porque yo había luchado toda mi vida por mi derecho a ser diferente y hoy me siento fuera de lugar en este carnaval donde pareciera que ya no le tememos al sida y el porno ofrece una gama infinita de categorías para cada consumidor; lesbianas, amateur, post porno, queer, a un solo clic.

Ahí en el Pride estoy fuera de onda porque para mí ser lesbiana es una cuestión política y no solo una práctica sexual que pelea su lugar en el mercado de la calentura postmoderna local o virtual.

De pronto ser marica se volvió tan de mercado que la marcha recibe el apoyo de más de 20 empresas privadas y pienso: ¡Pucha que somos rentables primas! En especial cuando la prensa local ha de volverse loca tratando de capturar a los transformistas, drag y gays de gimnasio que llenaran de color la gris monotonía de los televidentes heteronormados que miran esta fiesta fleta durante un minuto y medio, o dos.

Pucha que somos rentables, o sea los iguales, porque una... No. Una no aparece ahí, y yo me pregunto ¿y las lesbianas pobres, pelo pincho, camionas, en qué carro alegórico van?

En todo caso a ese carro no me subiría yo, que no tengo ni una gana de celebrar mientras no tengamos justicia para Nicole Saavedra, que además fue encontrada muerta justo hace tres años y justo un día de estos, un 25 de junio que a estas alturas me transforma el orgullo en un ardor, una herida abierta que viene a recordarnos que para algunos, para los cara de yate, las cosas pueden ir mejorando.

Pero para nosotras es más cálido irnos a una plaza en Quillota a gritar que no estamos todas, que falta Nicole.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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