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La pandemia que desnuda otras pandemias: inequidad y Estado ausente

por 18 marzo, 2020

La pandemia que desnuda otras pandemias: inequidad y Estado ausente
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Hemos visto con sana envidia como países del mundo, incluso con gobernantes de tendencia de derecha y, a diferencia de Chile, han tomado medidas que sí protegen a sus ciudadanos ante el complicado escenario mundial. Medidas tales, como el congelamiento de precios de los artículos de primera necesidad para combatir la pandemia y con esto erradicar a los especuladores y usureros que, en nuestro país, lamentablemente encuentran en la Constitución de 1980 el sustento doctrinario en el dogma de “la libertad de precios la oportunidad para maximizar su rentabilidad”. Ello fuera de todo pudor, ética y solidaridad social.

Países como Francia también han decretado la excepción de pagos de los servicios básicos y franquicias a los empresarios Pymes en sus obligaciones tributarias, previsionales y comerciales, medidas que reflejan una noción nítida de políticas de Estado y de una responsabilidad social que, gracias a sus constituciones políticas, les permite hacerse cargo de sus ciudadanos.

En esta coyuntura visualizamos un Estado vigoroso e inclusivo, que incorpora en derechos básicos de salud y protección sanitaria ante una pandemia a todos sus habitantes, sin distinguir quien puede o no puede pagar lo que el libre mercado ofrece. Estas naciones saben y lo consignan en sus cartas fundamentales: el hecho de que no se puede confiar ni delegar en el libre mercado las respuestas que una sociedad requiere ante estas crisis sanitarias mundiales.

El caso en Chile resulta paradójico e irritable. ¡Que las grandes empresas y cadenas concentren y acaparen los insumos de primera necesidad y que alteren dolosamente la libre competencia! Y que en esa pasada ahoguen aún más a las Pymes (ya sumergidas por años) y marginadas por el clásico matonaje del más fuerte. Por añadidura, abusan de los consumidores que -obligados a protegerse- deben con indignación resignarse a pagar 400% más de lo habitual por una mascarilla o un gel sanitario. Todo ello sin que el Estado pueda reprochar una conducta que por lejos es antisocial, antiética y anti solidaria.

Lo bueno de estos dilemas y encrucijadas, es que las crisis logran sincerar y desenmascarar las actitudes y caracteres de un país y de los actores que participan de su desarrollo. Estamos claros que desde el libre mercado sólo encontraremos la vocación de “rentabilizar a toda costa”, cueste lo que cueste.

Ha llegado el tiempo de corregir, refirmar, desechar y construir un acuerdo social, que recupere un nuevo Estado y una nueva economía más justa para que el 80% de los medianos y pequeños empresarios, quienes sostenemos salarialmente a la gran mayoría de trabajadores y hogares de Chile. 

La lógica que observamos de estos empresarios es no dejar de ganar dinero, inclusive ante un escenario de pandemia como éste. Incluso avalados por una Constitución, que deja establecido que el Estado de Chile no tiene imperio legal alguno ante el libre mercado, al contrario es uno subsidiario, minimizado y sin protagonismo real, creado a imagen y semejanza de la doctrina neoliberal que lo define como un actor secundario en el proceso económico, social y cultural del país. Todo lo deja en manos del mercado como el eje central de todos los aspectos en la vida del país y su desarrollo.

Cuán vigente, ante esta crisis de pandemia, se hace la necesidad de un cambio de Constitución.

Hemos vivido por 40 años bajo un modelo de desarrollo diseñado neoliberal al extremo. Eventos como la pandemia del conavid-19 desnudan la indefensión estructural en que nos encontramos los ciudadanos, consumidores, pequeños comerciantes. En nuestras vidas cotidianas estamos a merced y en manos de poderes fácticos, que no dudan en provocar una cadena de daños colaterales para, desde una cultura del egoísmo y la codicia suprema, mantener sus posiciones de privilegio. Nos han negado durante 4 décadas el instrumento que por definición debe velar por el bien común, por sobre todo sobre el bien particular. Porque ese es el sentido profundo de vivir colectivamente. Y aquí radica el dilema esencial: la manera de escriturar nuestro pacto social y de actualizar nuestras reglas del juego a los tiempos que nos toca vivir.

Ha llegado el tiempo de corregir, refirmar, desechar y construir un acuerdo social, que recupere un nuevo Estado y una nueva economía más justa para que el 80% de los medianos y pequeños empresarios, quienes sostenemos salarialmente a la gran mayoría de trabajadores y hogares de Chile, podamos al fin respirar y salir de esta pandemia del egoísmo e inequidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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