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Triste, solitaria y final: “Ella me contó que su papá la había tratado de violar y que nadie de su familia hizo nada para cuidarla, por eso no quiso saber más de ellos”

por 21 junio, 2021

Triste, solitaria y final: “Ella me contó que su papá la había tratado de violar y que nadie de su familia hizo nada para cuidarla, por eso no quiso saber más de ellos”
La historia de Norma Maldonado (84) comienza más de siete décadas antes de su femicidio. Cuando una tarde, le reveló a su madre que alguien la había abusado. “Mamita, dile a mi papá que pare”, le dijo Norma, que entonces tenía 10 años. Pero nadie creyó en su testimonio. “Por eso terminó tan sola, la Normita solo confiaba en sus perros”, recuerda Herminda, su vecina en Curaco, provincia de Osorno.
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“Ella me contó que su papá la había tratado de violar y que nadie de su familia hizo nada para cuidarla, por eso no quiso saber más de ellos”, relata Herminda Emilqueo (75), su vecina en el sector rural de Curaco.

Casi 70 años después, Norma era una adulta mayor en completo abandono, rodeada de 16 perros en una mediagua sin luz, agua potable ni baño, ubicada junto a un vertedero infestado de ratones. Quienes la veían deambular por Osorno, afirman que lo hacía aislada del mundo, custodiada por un montón de perros callejeros. “Los prefiero a ellos que a la gente”, es lo que ella repetía. “Los perros eran como sus hijos”, comenta Herminda.

Era una mujer de cuerpo  frágil, sin redes familiares, que dependía de una pensión básica para sobrevivir. Debía caminar al menos dos kilómetros para obtener agua de un estero, que está cercano al vertedero que recibe los desechos de las siete comunas de la provincia de Osorno. “Prácticamente no comía, una vez la encontré mascando un pan duro, con hongos. Todo lo que le daban, ella se lo entregaba  a sus perros”, dice el presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Osorno, Osvaldo Cea.

Pocos meses atrás, un incendio en la casa de un vecino en Curaco, dejó sin luz la mediagua de Norma. Su amiga Herminda se la topó pocos días después y Norma le reveló: “Tengo miedo, vecina. Hay un hombre que ronda fuera de mi casa, me está amenazando, no sé qué hacer”. Herminda le ofreció alojar en su casa, pero ella se negó. “Yo nunca voy a dejar a mis perros”. Esta misma negativa se llevó el municipio de Osorno, que, además de entregarle colchones, frazadas y alimentos, le ofrecieron un traslado a un Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) de la comuna. No quiso. Por sus perros. Así lo afirma el jefe subrogante del departamento de asistencia social del municipio, Andrés Santana (31) quien luego de hablar con Norma, comprendió que ella no se iría. “Como no quería dejar a sus perros, decidimos arreglarle su vivienda, instalarle luz, agregarle un estanque de agua, pero la pandemia hizo que todo quedara postergado, no alcanzamos a tener la disponibilidad presupuestaria para hacerle los arreglos”.

Por la noche, la mediagua de Norma quedaba aislada. Y ninguna luz iluminaba su casa. Una realidad que, según la trabajadora social, Sonia Parra, llevó a Norma a vivir con permanente temor.

Los perros ladran

La mañana del domingo 30 de mayo, Christian, vecino del sector de Curaco, repartía leña a los vecinos del barrio. De pronto un hombre con la cara cubierta se cruzó en su camino. “El tipo caminaba apurado, nervioso, iba hacia la carretera”, recuerda.

Cuando llega a la vivienda de Norma, Christian le gritó desde el umbral de la casa: “¡Normita, Normita, le traigo sus astillas!”. Nadie respondió. La puerta estaba abierta y los perros aullaban. Después de varios llamados, Christian decide entrar y descubre un bulto recostado en el piso.

Esa mañana, Herminda despertó entre llantos. Su hija la sacudió sollozando: “Mamá, mataron a la Norma”. Ambas partieron a constatar el horror. Varios vecinos lloraban en la puerta. Uno de ellos, le dijo: “Vecina, Normita está muerta allá adentro, incluso la violaron”.

Tras encontrar el cadáver sin vida de Norma, Christian comprende lo que había sucedido. “Ese tipo debe haberla matado”, pensó. Y, en compañía de su hijo, parte en busca del hombre encapuchado. “Lo encontramos como a medio kilómetro de Osorno”. Entonces, Christian, lo confronta: “Tú mataste a la Normita”. Al instante, el hombre confiesa: “Sí, yo la maté”.

Las lesiones corroboradas dan cuenta de estrangulamiento. Hoy se está a la espera de los resultados de los exámenes tanatológicos que entregará el Servicio Médico Legal, lo que permitirá determinar otras acciones. El detenido, José Arcadio (57) según indicó el Fiscal de Osorno, José Vivallo, sería conocido de Norma.

UNA FALLA SISTÉMICA

“Después de su muerte, muchas personas aparecieron hablando de Normita”, dice Osvaldo Cea, quien desde hace 12 años iba a dejarle alimento a sus perros. “Pero muy pocos llegaron a su funeral, fue súper triste. Es un claro ejemplo del abandono en que viven los adultos mayores pobres de nuestra región”.

Desde la organización de Adultos Mayores de Osorno, Rolando Ferrada, asegura que estos hechos demuestran la vulnerabilidad de los adultos mayores que son abandonados. “Es atroz, los adultos mayores necesitamos de redes de apoyo. Cada vez se hace más necesario hacer un catastro para conocer cuántos están abandonados en nuestra región”.

El asesinato de Norma fue difundido en la prensa y las redes explotaron con mensajes donde se repetían las palabras vejez, pobreza y soledad. Pero muy pocos vincularon su muerte a un fenómeno que podría explicar todas las anteriores: la vejez en Chile es sinónimo de pobreza.

Así lo explica Yerko Villanueva, jefe territorial de Hogar de Cristo en Los Lagos. “La mayor falencia de nuestro sistema es que no contamos con dispositivos que acompañen la dependencia de los adultos mayores, ya es tiempo de entender que las residencias deberían ser el último recurso. Es frustrante constatar cómo todos le fallamos a Norma, nadie estuvo a la altura de la intervención que ella y otros cientos de adultos mayores necesitan en la región”.

Según el registro Social de Hogares a marzo del 2021, en Osorno hay más de 18 mil personas mayores viviendo en contextos de pobreza, como Norma. La mayoría está ubicada en sectores rurales, sin conexión, sin vínculos, a muchos solo los acompañan sus perros.  “Ella era una mujer buenamoza, una señora muy especial, fue bailarina de ballet cuando era joven, en mi casa cantaba, bailaba, qué tristeza… El otro día escuché a sus perros aullando, ¿cómo les explico que asesinaron a su madre?”, concluye Herminda.

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