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“Para cambiar el mundo, tenemos primero que cambiar la forma de nacer”: ¿por qué es necesario que se apruebe la Ley Adriana sobre parto respetuoso?

por 24 septiembre, 2021

“Para cambiar el mundo, tenemos primero que cambiar la forma de nacer”: ¿por qué es necesario que se apruebe la Ley Adriana sobre parto respetuoso?

Créditos: Foto de Jonathan Borba en Pexels

La violencia obstétrica es un tema del que se ha hablado mucho últimamente. Es que estamos inmersos en una cultura en donde situaciones como el parto no consideran la emocionalidad ni los aspectos psicológicos de aquellas mujeres y personas gestantes que están atravesando por ese momento, dando lugar a vulneraciones que pueden dejar una huella en quienes acaban de dar a luz, tornando la experiencia en un mal recuerdo que puede tener fuertes consecuencias psicológicas. ¿Cómo se origina el maltrato gineco-obstétrico? ¿Hay “maldad” en el personal de la salud? ¿Qué cosas hemos normalizado, pero que realmente son agresiones? Estas preguntas y más respondieron a El Mostrador Braga la psicóloga, directora ejecutiva en ParirNos Chile, vocera de la Coordinadora por los Derechos del Nacimiento, María José Morales Aguilar, y la abogada directora de Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO Chile), Carla Bravo.
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En nuestro país, el proceso de parto no es digno para todas las personas. Diversas acciones, como infantilizar a las mujeres y personas gestantes, culpabilizarlas si el recién nacido tiene alguna condición, o realizar acciones sin aviso ni autorización, se han ido visibilizando y concientizando para eliminar la violencia gineco-obstétrica y que las mujeres sepan si están siendo expuestas a este tipo de abuso.

Es mucha la soledad y el estigma que sufren las víctimas, ya que se normaliza que “aguanten” que “así con las cosas”, o se las trata de exageradas. Por ello, se han generado comunidades en redes sociales donde buscan apoyo y contención. Una de las comunidades más grandes de Chile, llamada “Violencia obstétrica Chile”, tiene más de 1.500 integrantes.

El día 11 de junio de este año, en un hospital de Los Ángeles, María* tuvo que inducir su parto, ya que el bebé tenía 41 semanas de gestación. "Fue un proceso con muchas horas de dolor porque me costó dilatar. El día 12 de junio la matrona me rompió la membrana, pasaron las horas y el 13 de junio en la madrugada empecé con trabajo de parto. Me costó pujar de lo cansada que estaba, así que el matrón practicó la maniobra de Kristeller, mi bebé nació muy cansado, ni siquiera lloró, y al respirar se le sentía un ronquido, ellos me dijeron que era por mi culpa, porque yo no pujaba, que él nació así”, relata.

Al llegar a su casa, María comenzó a sentirse mal, no se podía ni sentar, en un inicio pensó que era incomodidad por los puntos y que pasaría, pero al tercer día se levantó y al lavarse un punto se cayó. “Mi pareja y mi mamá me llevaron a urgencias y ahí me encontraron una infección. Resulta que la matrona me rompió con tijeras y dejó mal suturado. Al perder tanta sangre también me dio anemia, en la Clínica Biobío (porque no quise volver al hospital) me hicieron una vulvectomía, o sea, una reconstrucción total de mi vagina, y aún estoy en proceso de cicatrización”.

Para María todo el proceso fue traumático, ya que incluso durante la labor de parto, constantemente el personal la culpaba de que no estaba cuidando a su bebé.

Es por estos casos que es tan importante que exista una legislación que reconozca y se haga cargo del problema. En este sentido, la Ley Adriana fue aprobada por unanimidad este miércoles en la Comisión de Mujeres y Equidad de Género de la Cámara de Diputadas y Diputados, dando finalmente, después de 3 años, un paso más para su discusión legislativa.

El proyecto surgió de la experiencia de Adriana Palacios, quien en 2017 dio a luz en la localidad de Alto Hospicio, pero debido a la violencia obstétrica y negligencias médicas que sufrió, su hija Trinidad nació sin vida. La situación fue el puntapié para la propuesta legal impulsada por la diputada Claudia Mix (Comunes) en 2018.

La ley Adriana se basa en el parto respetado y busca, entre otras cosas, establecer los derechos de las mujeres en el ámbito de la gestación, preparto, parto, posparto, aborto, salud ginecológica y sexual. Además, sanciona la violencia gineco-obstétrica.

Esta no es la primera iniciativa que existe en la materia –aunque sí es la que ha llegado más lejos–, ya que las anteriores no prosperaron. Cuando se presentó la Ley Adriana, quedó en la Comisión de Salud, donde durmió dos largos años y recién ahora, a principios de 2021, se cambió de comisión y fue puesta en tabla.

“Esta ley viene a ser una bajada a las exigencias que a nivel internacional el Estado de Chile tiene comprometidas en torno a la erradicación de la violencia de género. En el año 2019, la ONU reconoce la violencia obstétrica como una violación a los derechos humanos de las mujeres. Por lo tanto, hay también un reconocimiento internacional especial: es una de las violencias de género más invisibilizadas”, explica la abogada y directora del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO Chile), Carla Bravo.

Para la abogada, suele pensarse, cuando uno habla de violencia de género, en la violencia sexual o en la doméstica, pero es difícil que alguien se imagine que en el contexto del nacimiento y del parto también puede existir.

Situaciones que son violencia obstétrica

Según la psicóloga, vocera de la Coordinadora por los Derechos del Nacimiento, María José Morales Aguilar, por un lado, existe una dimensión que tiene que ver con el maltrato directamente físico o psicológico, con la omisión de la mujer, con la desconsideración de ella respecto de sus necesidades, emociones, de su voluntad, su querer.

Otro punto es el exceso de medicación y la patologización de los procesos naturales y fisiológicos, es decir, “el exceso de intervención médica, se relaciona con la negación de la mujer como sujeto y su transformación a un objeto que se interviene, es decir, como un 'cuerpo' respecto del cual hay una institucionalidad, que es la que decide qué es lo que se debe hacer con este cuerpo. Y eso también es, en el fondo, una parte importante de este problema”, analiza Bravo.

Para la experta, es importante tener en cuenta que esto es transversal, ocurre tanto en el ámbito público como en el privado, aunque la manera en que se expresa es diversa. De acuerdo a la encuesta sobre nacimiento realizada por OVO Chile, el maltrato físico o verbal es mayor en el sector público que en el privado.

Sin embargo, respecto de las intervenciones injustificadas, las tasas de cesáreas, episiotomía, el impedir el movimiento libre, etc., son igualmente altas en el sector privado. Incluso en el caso de las cesáreas, es considerablemente más alta la tasa allí. Por lo tanto, la magnitud del problema afecta de forma transversal.

“Si bien es cierto que todas las mujeres estamos expuestas a sufrir violencia obstétrica, existen grupos de personas que están más expuestas que otras, y estas son en general las mujeres con peor nivel educacional y las madres adolescentes. Que obviamente están en una situación especial, que las hace sufrir de mayor manera experiencias vinculadas con violencia”, puntualiza la directora del observatorio.

Para Bravo, no es que el personal médico sea malvado o que sean malas personas que quieran hacerles daño a las mujeres, sino que hay un sistema que está construido de una manera poco empática, en la que se constituyen actos violentos porque no se considera la emocionalidad de la persona en un momento tan sensible de la vida, sino que se la reduce a un cuerpo patologizado.

Además, hace hincapié en que este no es un tema subjetivo, "no es que cada mujer sea distinta y que para algunas sea violento y para otras no”. Si bien la percepción de violencia puede ser diferente para cada una, de manera objetiva existen acciones que son violencia obstétrica, y se puede reconocer independientemente de si la mujer o persona gestante lo vive como un acto violento en sí mismo, por eso se debe tener consideración de la dimensión de violencia de género que la rodea.

Por ejemplo, según la OMS, el contacto inmediato piel con piel, debería ser de mínimo una hora, pero en Chile, al menos un 20% de mujeres no ha podido estar ni siquiera 30 minutos. Diversos testimonios de la comunidad de víctimas en Chile relatan que no se respeta el apego porque quieren desocupar los pabellones con rapidez. Y que el argumento más común de que “es por la salud del bebé, porque las habitaciones no están a la temperatura correcta”, según las expertas de OVO Chile, se soluciona con unas mantas que cubran al bebé en el lecho materno.

Durante la pandemia, según el observatorio, un 43% de mujeres estuvo acompañada en el parto, versus un 72% en 2019. Pero eso no ha sido así siempre, no es que el acompañamiento se haya visto disminuido solo con la excusa de la pandemia: durante 2014 y 2017, solo un 39% de los trabajos de parto fueron acompañados en salud pública, mientras que en el sector privado fue de un 79%.

La infantilización de la mujer

Para las expertas, este es uno de los principales problemas que detectaron, por ejemplo, en los casos de intervenciones innecesarias: existe desinformación a la mujer y omisión de sus necesidades expresadas detrás de su voluntad declarada. “Tenemos muchas denuncias en donde ellas no saben qué es lo que está ocurriendo en su parto. No se les explica de manera adecuada ni veraz, sobre todo respecto de las necesidades y los riesgos asociados a las intervenciones que se les practican, y simplemente se les interviene”, dice Bravo.

Según la psicóloga Morales, a la mujer se la infantiliza porque se piensa que no es una persona apta para poder decidir sobre sus procesos sexuales y reproductivos. Una cosa es que el personal de salud tenga las competencias técnicas necesarias para poder entregar información para que la mujer decida, y otra cosa es que, sobre la base de esas competencias, se tomen decisiones sin considerar el parecer de ella”, expresa Bravo. Para las expertas, la autonomía de la mujer tiene que ser siempre protegida.

Eso es lo que pretende además esta ley: que la autonomía esté en coordinación con la información necesaria para poder decidir de manera correcta. Para la psicóloga, muchas veces en las cesáreas se dice que son consentidas por la mujer. La pregunta que uno se debiese hacer ahí es: ¿sobre la base de qué razones esa mujer consintió una cesárea? ¿Fue sobre la base de riesgos reales y necesidades reales? ¿O fue una manipulación de una voluntad sobre la base de información incorrecta o derechamente falsa?

“La experiencia de parto es negativa en muchas en el sistema público y privado, donde hay una pérdida de autonomía.  Se debe reconocer que la mujer tiene el derecho a ser informada y a ser tratada en respeto y dignidad. Que no es una 'paciente', dado que el parto no es una patología y, por tanto, puede participar de la toma de decisión”, puntualiza la psicóloga.

Finalmente, es parte de la esfera de violencia de género considerar que las mujeres no tenemos la capacidad de discernir o decidir, y esto, según las expertas, se exacerba en este modelo biomédico, donde se arrebatan derechos y se rebaja de categoría, muchas veces considerando que es “simplificar  información”, cuando en realidad es subestimar la capacidad de quien tienen al frente. “Para cambiar el mundo, tenemos primero que cambiar la forma de nacer”, asevera Bravo. En el caso del parto, la mujer y la persona gestante tiene plena capacidad de decidir y debe ser respetada en su autonomía y decisión, así como en su dignidad.

  • Los nombres del testimonio fueron cambiados para proteger la identidad de la víctima.

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