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Los cuidados en el centro de la nueva Constitución

por 5 noviembre, 2021

Los cuidados en el centro de la nueva Constitución
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La Convención Constitucional avanza y esto nos permite entrar de lleno a la discusión de temas esenciales para dotar a nuestro país de una Constitución digna de los tiempos que corren, en esa dimensión es que resulta necesario poner los cuidados al centro de esta nueva Constitución, dando un debate comprensivo de todas sus áreas para llegar al reconocimiento del cuidado como un derecho social. 

¿Qué significa poner los cuidados al centro de nuestra nueva Constitución? Significa reconocer la función más elemental de la sociedad: la reproducción diaria de la vida y los cuidados, que históricamente han quedado como un trabajo invisible en el ámbito privado, poniendo en los hombros de las mujeres la responsabilidad de la sostenibilidad de la vida, con costos económicos, emocionales y de salud física y mental difíciles de cuantificar. 

Conmemorar el Día de las Personas Cuidadoras Informales, significa un pequeño avance en el reconocimiento del trabajo no remunerado que históricamente han realizado las mujeres en sus entornos familiares y comunitarios

El cuidado debe comprenderse como un bien público, lo que implica impugnar la distribución actual de esa carga en la sociedad, y con ello, demandar que el Estado cumpla el rol garante que le corresponde en el resguardo de los derechos de quienes requieren y de quienes ejercen labores de cuidado, así como consolidar una cultura de corresponsabilidad, no solo entre hombres y mujeres, sino también entre familias, comunidad, privados y el Estado. Solo de esta forma, las mujeres y las cuidadoras, en tanto grupo históricamente excluido, podremos transitar de la igualdad formal a la igualdad sustantiva. 

El Estado Cuidador que proponemos y empezamos a construir es el pilar de un Estado social de derechos, el cual comprende el derecho humano al cuidado, reconocido en la Convención Interamericana sobre la protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, en la Convención de Derechos del Niño, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

En tanto derecho fundamental, su contenido es multidimensional, pues comprende el derecho a cuidar, a ser cuidado y a cuidarse (autocuidado) y se encuentra entrelazado a los principios de interdependencia social, solidaridad, autonomía, autodeterminación y sostenibilidad de la vida. Así también comprende no solo la vida humana, sino también el cuidado del medioambiente, que propicia la posibilidad de vida y de un futuro común posible.

El derecho al cuidado busca poner en diálogo -y no en tensión- el derecho a cuidar y a ser cuidado, buscando dignidad para ambos grupos y apartándose de la lógica del Estado subsidiario, en el que la focalización y privatización de derechos sociales como la salud, vivienda y educación ha atentado directamente en las condiciones materiales de las personas y comunidades para poder ejercer y recibir el cuidado en condiciones dignas. 

Ecuador y México son ejemplos de constituciones que han reconocido este derecho, pero que nos enseñaron que su efectiva materialización requiere de la creación de un Sistema Nacional de Cuidados bajo los principios de universalidad, promoción de la autonomía y corresponsabilidad social, y con políticas públicas concretas en áreas como trabajo, educación, seguridad social o salud. De lo contrario, este derecho vital podría transformarse en letra muerta. 



Hoy 05 de noviembre, conmemorar el Día de las Personas Cuidadoras Informales, significa un pequeño avance en el reconocimiento del trabajo no remunerado que históricamente han realizado las mujeres en sus entornos familiares y comunitarios. Pero aún nos queda mucho camino. Un reconocimiento sustantivo hace necesario avanzar en la reducción y redistribución de los cuidados, recompensando este trabajo dignamente y garantizando la reparación de tantas y tantos que han permanecido invisibles. 

Nuestra invitación es a priorizar este derecho como parte de una agenda civilizatoria y como pilar clave del bienestar y el desarrollo de las potencialidad y capacidades de todas las personas. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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