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“Mátala, mátala, no tiene corazón”: violencia de género que se canta y se baila

por 27 noviembre, 2021

DW
“Mátala, mátala, no tiene corazón”: violencia de género que se canta y se baila
Princesas, hechiceras, seductoras ¿dónde se esconde el mensaje machista en la música latinoamericana? DW lo analizó en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
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"Pensaba que me querías, y tú nunca fuiste buena, las cosas que me decías sabiendo que me engañabas/ Mátala, mátala, mátala, no tiene corazón, mala mujer”:  el mensaje machista no siempre es tan evidente como en este son de la Sonora Matancera, del año 1978.

O como en este tango del mexicano Agustín Lara, que inmortalizó Libertad Lamarque: "Arráncame la vida, con el último beso de amor, arráncala, toma mi corazón, arráncame la vida y si acaso te hiere el dolor, ha de ser de no verme, porque al fin tus ojos me los llevo yo.”

Como fuere, el repetido mensaje de la superioridad del hombre sobre la mujer es, muchas veces, más sutil, como en este bolero de Los Panchos, de 1949: "Perdida, te ha llamado la gente sin saber que has sufrido, con desesperación…Perdida porque al fango rodaste después que destrozaron tu virtud y tu honor/ No importa que te llamen perdida, yo le daré a tu vida -que destrozó el engaño, la verdad de mi amor”. Es decir, una mujer "con pasado” es llamada "perdida”. No obstante, es "perdonada” por el sujeto romántico. La cuestión es: ¿todo esto es normal?

Normalización de la violencia

Cabe recordar que en el año 2020 fueron asesinadas 4091 mujeres en 17 países de América Latina, según el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), por el simple hecho de ser mujer.

Dadas las altas cifras de violencia de género y de feminicidios en América Latina, unestudio de Oxfam señala imprescindible transformar los imaginarios y las normas sociales para poder lograr eliminar la violencia. Y es precisamente, contradictoriamente, en el amor romántico, donde se encuentra la normalización de ciertos comportamientos que generan violencia.

El estudio afirma que en el lenguaje, el discurso, las repeticiones, el contexto y la cultura se socializan creencias y comportamientos que se reproducen. Seis de cada diez jóvenes, en ocho países de América Latina, cree que los celos son una demostración de amor, el 65 por ciento piensa que cuando una mujer dice "no” a una relación sexual, en realidad quiere decir "sí".  Siete de cada diez piensan que la responsabilidad de ser manoseadas o acosadas es de las mujeres por la ropa que usan. El 82 por ciento de las mujeres y el 80 por ciento de los hombres piensa que el hombre puede tener relaciones sexuales con quienes quieran, pero la mujer, no.

En ese sentido, siete de cada diez hombres entre 15 y 19 años creen que una mujer "decente" no debe andar hasta tarde en las calles; seis de cada diez mujeres, creen lo mismo. Esta creencia podría tener "Noche de ronda"  de Agustín Lara de música de fondo: "Luna que se quiebra/ sobre la tiniebla de mi soledad/¿A dónde vas?/Dime si esta noche tú te vas de ronda como ella se fue, ¿con quién está?/Dile que la quiero/dile que me muero de tanto esperar/que vuelva ya/que las rondas no son buenas/que hacen daño/que dan penas/que se acaba por llorar”.

Unas últimas cifras: un 56 por ciento de los hombres encuestados cree que es mejor que sea el hombre quien trabaje y que la mujer cuide de los niños (un 34 por ciento de las mujeres es de esa opinión). Es más, el mismo porcentaje de hombres y mujeres (59 por ciento) cree que el hombre tiene derecho a "corregir” el comportamiento femenino, pues es dependiente económicamente. Al respecto, una imagen musical: "Yo quiero que tú me hagas, esos platitos sabrosos, que a tu papito le gustan: ¡camina y prende el fogón!”. Este fue un son que cantó por primera vez el cubano Miguelito Cuní, en 1962. Este tiene versiones actuales como la del colombiano Yuri Buenaventura.

¿Es todo casualidad? En realidad, no. "Hay que resaltar que la mayoría de esos géneros surgieron en Cuba, en un temperamento jocoso. La guaracha, por ejemplo, se origina en el teatro bufo del siglo XIX”, explica a DW Gregori Antonetti, por más de veinte años director musical de los He00rmanos Rodríguez, uno de los tríos de son y bolero más representativos de Venezuela.

El poder y el voyeur

Gregori Antonetti, músico y compositor, contrapone las imágenes machistas a otras que también se encuentran en el bolero. "Pensemos en Bésame mucho, escrita por una muchacha de dieciséis años. O en María Grever con Alma Mía. O en Concha Valdés y su ruptura de paradigmas”, afirma Antonetti defendiendo el género del bolero. Su imaginario modernista -del deseo, del voyeur, del momento emotivo- pasó a otros géneros musicales latinoamericanos. Antonetti, que ha dirigido a actuales exponentes del bolero-salsa como Gilberto Santa Rosa, resta culpa a la música; se la suma a la época en que se creó el género, creyendo ilegítimo juzgarla con lentes actuales.

¿Entonces? Volvamos a las cifras: en el estudio de Oxfam se afirma que el acoso callejero limita a las mujeres en el disfrute de los espacios públicos y marca hondas huellas de violencia. Su aceptación, no obstante, oscila entre el 75 por ciento y el 84 por ciento de los hombres. ¿Por qué? ¿Será como en el vallenato del colombiano Leandro Días, de la década de los 1970, cuando se sentaba a pensar en Matilde Lina? ".. es elegante/todos la admiran/en su tierra tiene fama/cuando Matilde camina, hasta sonríe la sabana”. Esto, así el estudio, se entiende como el control social del cuerpo de la mujer.

No siempre hay mensaje machista, queda claro. No obstante, hay muchos camuflados; y tanto hacen historia, como forman imaginarios. Concluyamos con "Los Aretes que la faltan a la Luna", del compositor José Dolores Quiñonez y que popularizó el cubano Vicentico Valdés con la Sonora Matancera en 1958 .

¿Habría en el acto poético de guardar para la amada los aretes de la luna en el fondo del mar una visión machista? Antonetti disiente. "Se trata de una metáfora de lo imposible de cumplir y de la voluntad de compromiso del enamorado”, afirma Antonetti.  ¿O será, más bien, una metáfora del control? Según Erika González, de la organización Isala, activista por la abolición de la prostitución, "los  aretes que le faltan a Luna...  representan el objeto que atraerá la conquista".

DW

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