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¡La muerte del match! Yo opino

¡La muerte del match!

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Elisa Massardo
Por : Elisa Massardo Licenciada en Historia y Estética y diplomada en Periodismo Cultural, Crítica y Edición
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Hace unos 10 años, la mamá de un amigo se inscribió en una página de citas (no existía o recién estaba apareciendo Tinder en ese momento), y fue sumamente clara con nosotros: “Tengo más de 50 años y no estoy para ir a un bar a esperar que alguien me invite una copa”. Cuento corto: se enamoró de su primera cita, vivieron juntos y se casaron. Ahora, llevan varios años de matrimonio y están felices como en el primer día. Pero, ¿esta es la realidad de las aplicaciones?

Otro caso, uno de mis favoritos, es el de los españoles (no sé por qué, pero la mayor parte de historias que conozco son con españoles, ni que fueran los más guapos o coquetos o simpáticos), que invitan a tomar un par de cervezas o cocktail y luego, ¡a la cama voy!, justo una o dos noches antes de volver a su país de origen. Una linda, apasionada y rápida historia que queda para el recuerdo y la entretención

En cuanto a las aplicaciones en sí, son varias y buscan llegar a distintas audiencias, sin embargo, casi todos/as llegan a Tinder, aunque al parecer la popularidad de Bumble ha ido en aumento. En fin, muchos/as soltero/as cuando retoman las andanzas de la vida sin monogamia, se dedican a bajar todas las aplicaciones posibles, crearse perfiles interesantes y empieza el match, ¡con todo sino pa’ qué!

[cita tipo=”destaque”] Hace un par de meses he sostenido una conversación con personas de diferentes edades y lugares, para concluir que: ¡Ya no se conoce gente! Quizás, las app lograron llevarnos al mundo al revés, en lugar de ir a bares y esperar que alguien te invite una copa, ahora lo haces sentada/o en el living de tu casa y las posibilidades que alguien te invite se reducen a tu capacidad de escribir o enviar emojis. [/cita]

Entiendo lo mucho que se ha escrito sobre estas app, pero realmente pareciera existir una distorsión en su funcionamiento. Ya es un clásico que la persona de la cita no se parece a la de la foto, que hay exceso de filtros o de Photoshop, que hay ciertos códigos como no enviar emojis de fuego o el 100% (hace poco tiempo me enteré que es un mensaje de alta connotación sexual), pero lo más raro que he escuchado y comentado ocurre cuando al hacer match pasas a conversar por whatsapp o instagram (lo cual me da demasiada risa porque en realidad no es un gran paso en la vida de nadie), luego aún y cuando todo fluía perfectamente, en tan solo un par de minutos u horas, nunca más vuelves a hablar con la persona con la que todo iba “bien” encaminado. No sé si es por olvido, falta de costumbre o real falta de interés mutua, pero cambiar de aplicación pareciera ser ¡la muerte del match!

Quizás, 34 años años ya es demasiado para una app y no estoy entendiendo la lógica de su funcionamiento, por algo me demoré tanto en entender el emoji del 100%. Otro ejemplo que suele ocurrir, en este lógica de las app de citas, y que me confunde, es cuando haces match, pero después nadie habla, nadie saluda, como si Tinder tuviera la misma lógica de Bumble (en la que la mujer debe hablar primero, nada sexista), es extrañísimo. Por otro lado, ¿alguien más se ha dado cuenta de lo clasista que es la app? Es que eso de la geolocalización es una locura, porque solo permite filtrar para estar más cerca de las personas, pero qué pasa si quieres conocer a alguien del otro lado de la ciudad justamente para no volver a verle si es que no te gusta, o cualquier razón por la que quieras conocer a alguien que no viva tan cerca. Mal que mal, en Santiago al menos, vivimos en una ciudad que está geopolíticamente sectorizada y a nivel económico nos disgrega de forma brutal.

Y bueno, también están quienes se conoce por una app y encuentran “el amor”, forman pareja, se casan y, pareciera ser, dan las gracias a la tecnología y los algoritmos por su existencia; o, sencillamente, pasan entretenidos fines de semana en la playa para luego, terminar rápidamente cuando se dan cuenta que más allá de lo físico, no hay nada entre ellas/os.

En fin, aún así con aplicaciones y todo, hace un par de meses he sostenido una conversación con personas de diferentes edades y lugares, para concluir que: ¡Ya no se conoce gente! Quizás, las app lograron llevarnos al mundo al revés, en lugar de ir a bares y esperar que alguien te invite una copa, ahora lo haces sentada/o en el living de tu casa y las posibilidades que alguien te invite se reducen a tu capacidad de escribir o enviar emojis. Y sí, a muchas/os les funciona, pero asumamos que es bien agotador tener citas con las que “físicamente” estás de acuerdo -en el plan más superficial de la vida-, y ahora solo debes ver si te cae bien o si realmente era lo que dijo ser. Creo, sinceramente, que ya prefiero darle una vuelta a esta realidad “tecnológica” e ir a un bar a hacer lo de antaño: esperar a ver si alguien me invita; o bien, yo invitar una copa, porque entre lo análogo y lo digital, ¿de qué nos estamos perdiendo?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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