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Ley Más Mujeres en Directorios: ¿El fin del techo de cristal? Yo opino

Ley Más Mujeres en Directorios: ¿El fin del techo de cristal?

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Ingrid Garcés Suazo
Por : Ingrid Garcés Suazo Periodista, especialista en Comunicación Estratégica y en Diversidad, Equidad e Inclusión en entornos laborales.
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Por décadas, las mujeres en Chile hemos liderado empresas, fundado negocios, sostenido organizaciones, administrado presupuestos familiares y comunitarios. Sin embargo, cuando se trataba de los espacios donde se toman las decisiones más relevantes del mundo económico —los directorios—, permanecimos mayoritariamente al margen. La puerta no estaba cerrada, pero sí oculta tras redes masculinas, patrones culturales y una vieja idea: que el poder económico tenía género.

Hoy, tras años de trabajo sostenido, esa puerta comienza a abrirse. Chile ya tiene su Ley Más Mujeres en Directorios y, con ella, una oportunidad concreta para romper el techo de cristal que ha limitado a generaciones de mujeres líderes.

Como promotora en este proceso, he visto de cerca cómo se tejió esta transformación. No surgió por generación espontánea ni fue una concesión graciosa del sistema. Fue el resultado de una historia larga y coral, empujada desde organizaciones como Mujeres Empresarias, ComunidadMujer, RedMAD, ChileMujeres, la academia, medios comprometidos, redes de liderazgo femenino… y tantas mujeres que llevamos la bandera de la equidad desde distintos frentes.

El primer golpe de realidad fue numérico: en un país donde las mujeres somos más del 50% de la población y el 60% de la matrícula universitaria, menos del 5% de los cargos en directorios del mundo privado eran ocupados por mujeres. La meritocracia tenía género.

En 2021, Chile fue evaluado críticamente por la OCDE por su escasa participación femenina en liderazgo. Mientras tanto, Francia, Noruega, Alemania y España avanzaban con leyes que exigían cuotas en directorios. En América Latina, Colombia marcaba la pauta en empresas públicas. ¿Y Chile? Avanzaba, pero sin una señal clara.

La Ley Más Mujeres en Directorios, aprobada recientemente, establece que ningún género puede superar el 60% en los directorios de sociedades anónimas abiertas y especiales fiscalizadas por la CMF. No es una cuota rígida: es un modelo de cumplimiento flexible con base en el principio de “cumple o explica”. Las empresas que no se ajusten deberán justificar públicamente sus razones. Se otorgarán incentivos reputacionales y mecanismos de reconocimiento, y por primera vez, la equidad será un criterio en compras públicas. Además, se creará un Comité Asesor que acompañará la implementación, conectando Estado, empresas y sociedad civil.

Pero ¿por qué importa (y no solo a las mujeres)? Esta ley desnaturaliza la hegemonía masculina en los espacios de poder y reconoce que la diversidad no es solo una demanda justa: es una decisión estratégica. Estudios de McKinsey, Deloitte y Harvard lo confirman: las empresas con más mujeres en sus directorios son más rentables, innovadoras, atraen talento joven.

Hasta ahora, solo el 15,3% de los cargos en directorios del IPSA están ocupados por mujeres, y el 60% de esas empresas no tiene ninguna. En cambio, en las empresas del Estado, donde ya existe regulación, la participación femenina supera el 45%. La evidencia es clara: cuando hay voluntad y norma, el cambio ocurre.

Esta ley es un punto de partida, no una línea de meta. El techo de cristal no cae solo. El cambio legal no garantiza el cambio cultural. Para que el liderazgo femenino florezca, necesitamos corresponsabilidad, políticas de conciliación, formación sin sesgos y redes de mentoría estratégica. Y también necesitamos que los directorios revisen sus prácticas, que las empresas evalúen sus criterios de selección y promoción, y que los hombres en posiciones de poder se conviertan en aliados activos del cambio. Porque el talento no tiene género, pero las barreras sí.

Como mujer que trabaja potenciando el liderazgo de mujeres, he seguido paso a paso este proceso. He impulsado estas conversaciones en foros, charlas, medios y espacios de decisión. Sé lo difícil que ha sido visibilizar esta exclusión sin parecer incómodas, demostrar que somos más que una cuota. Pero hoy ya no se discute si las mujeres pueden liderar: se discute cuánto más demorará el sistema en abrirles paso de verdad.

Esta ley no es una estadística más. Es un símbolo del cambio. Una señal de que el futuro de Chile no se construirá sin nosotras. Disculpen que tenga tanto optimismo y poco temor al retroceso. Mi esperanza está en el avance. Creo firmemente que este no es el fin de una lucha: es el comienzo de una transformación cultural, porque la diversidad no es una concesión, es un imperativo estratégico.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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