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Bruno Salas, el director, ganó con este filme el Premio del Público en Sanfic 10

Cultura - El Mostrador

"Escapes de gas", el documental que rescata el espíritu cultural del Unctad III (hoy GAM) que no ha sido posible reemplazar

por 29 octubre, 2014

Durante el gobierno de Salvador Allende, 34 artistas realizaron obras que se incluyeron en la construcción del edificio UNCTAD III, hoy GAM. Luego del Golpe de Estado de 1973, pocas obras sobrevivieron al saqueo y destrucción. 40 años más tarde, Joaquín, hijo del fallecido escultor Félix Maruenda, encuentra un registro que lo lleva a indagar en el acontecer de la escultura "Chimeneas" y su posible restauración. Joaquín, artistas y obreros involucrados con la construcción del edificio, intentarán contestar la pregunta: ¿Por qué destruyeron el arte?
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unctad1Una obra que rescata la vinculación del arte y el centro cultural durante la Unidad Popular en el edificio donde hoy funciona el GAM es el documental “Escapes de gas”, dirigido por Bruno Salas, y que el sábado ganó el premio del público a la mejor película en el último festival internacional de cine de Santiago (Sanfic).

El film relata que en 1972, durante el gobierno de Salvador Allende, 34 artistas realizaron obras que se incluyeron en la construcción del edificio UNCTAD III, que hoy ocupa el GAM. Luego del golpe de Estado de 1973, pocas obras sobrevivieron al saqueo y destrucción.

“Cuarenta años más tarde, Joaquín Maruenda, hijo del fallecido escultor Félix Maruenda, encuentra un registro que lo lleva a indagar en el acontecer de la escultura ‘Chimeneas’ y su posible restauración”, cuenta la reseña del film. “En la película, Joaquín, artistas y obreros involucrados con la construcción del edificio, intentarán contestar esta pregunta:  ‘¿Por qué destruyeron el arte?’”.

Arquitectura excepcional

El edificio UNCTAD III es un caso excepcional en la historia de la arquitectura chilena, y esa excepcionalidad explica por qué Salas se fijó en él y quiso filmar esta parte de su historia.

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La obra arquitectónica fue diseñada y construida en el gobierno de Allende en el tiempo récord de 275 días gracias a innovadores procesos de construcción, y requirió de un gran esfuerzo de los obreros que en tres turnos lograron cumplir con la meta de que Chile fuera sede de una Conferencia Internacional de Naciones Unidas, recuerda.

“Siempre he creído que el esfuerzo mancomunado de obreros, arquitectos, ingenieros y artistas obedeció a la construcción de un gran sueño colectivo”, dice. “Y eso es lo que he querido rescatar, el espíritu creativo que lo hizo posible”.

La chimenea como eje

La chimenea de Félix Maruenda funciona como eje del documental. Este objeto “cumple un gran rol en la película, porque logra objetualizar la idea de un espíritu de otra época”, asegura Salas. “Hay algo interesante y metafórico en ella: la relación entre el metal y ese elemento invisible y volátil que circula por ella”.

Chimenea de Felix Maruenda Foto: Gentileza Bruno Salas

Chimenea de Felix Maruenda
Foto: Gentileza Bruno Salas

“Por otra parte, considero que es la expresión máxima del arte incorporado a la arquitectura del edificio UNCTAD III”, explica.

“Fue diseñada para liberar los gases de la cocina del comedor popular, por lo que se podría decir que estaba conectada al corazón del edificio. Aquello es importante para entender que el arte incorporado lleva implícita una dimensión pública, fuera de las galerías de arte. Esto explica porqué los 34 artistas de la UNCTAD III fueron remunerados con los mismos sueldos de los obreros y no con los precios que fijaba el mercado del arte”, dice.

El hecho de que Salas lograra contactar a uno de eso obreros es otro de los méritos de “Escapes de gas”. El hombre apareció un año después de que Salas colocara un aviso en un sitio web del Correo de los Trabajadores, buscando a aquellos que hubieran participado en la construcción.

Foto: Gentileza Bruno Salas

Marco Silva, obrero que trabajo en la construcción de la UNCTAD III Foto: Gentileza Bruno Salas

“Él estaba muy emocionado, ya que en 40 años jamás había contado su experiencia y hacerlo por primera vez para una película no era fácil”, cuenta. “Significaba revivir un período hermoso que terminó de manera horrible. Y la verdad es que la entrevista fue muy conmovedora para nosotros, ya que su testimonio nos permitió dimensionar el real compromiso que los obreros tenían con el gobierno de Salvador Allende. De otra forma, la construcción en tiempo récord no hubiese sido posible".

Bruno Salas, Director de "Escape de gas" Foto: Gentileza Bruno Salas

Bruno Salas, Director de "Escape de gas"
Foto: Gentileza Bruno Salas

No fue la única entrevista que lo conmovió.

“Todas tuvieron momentos que nos emocionaron y eso creo que está presente en la película”, señala. “Lo más significativo es la convicción en el trabajo del otro, que hay en quienes trabajaron en el edificio. Ninguna de las personas entrevistadas nos transmitió su experiencia en la UNCTAD III como un mérito propio, sino como un trabajo colectivo y esto se transmite a lo largo de la película y hace que la destrucción de las obras de arte sea tan indignante”.

Con la reciente exhibición en el SANFIC, Salas y su equipo se dieron cuenta en definitiva de que la película gatilla una relación sentimental entre las personas y el arte. Y agrega un detalle: “Hay algo que don Marco nos manifestó y que espero que suceda: ‘Esta película es para despertar esas mentes adormecidas’”.

Trabajo de archivo

A la búsqueda de personajes como don Marco se sumó además un gran trabajo de investigación de archivo, un proceso que Salas cifra en alrededor de tres años.

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Foto: Gentileza Bruno Salas

El realizador resalta el trabajo que había realizado David Maulén, “un investigador un que ha hecho un gran trabajo indagando en la relación del arte con la arquitectura y la tecnología”. Gracias a él y otras personas, como el arquitecto Miguel Lawner, uno de los protagonistas de la película, habían sido publicadas muchas fotografías del edificio, agrega.

“Pero yo estaba obsesionado con encontrar registros fílmicos, y estos fueron apareciendo poco a poco”, señala. “El problema fue el valor del material. Las tarifas son prácticamente inalcanzables para la industria de cine local y resulta indignante tener que pagar por material que alguna vez le perteneció al Estado y en dictadura quedó en manos de privados. Pero estoy satisfecho por lo realizado, ya que hemos conseguido mostrar a la gente imágenes que nunca habían sido vistas”.

Otro elemento importante es el trabajo musical, desarrollado junto a Marcelo Espíndola.

“Nuestra fuente de inspiración fueron las imágenes de archivo de los obreros trabajando en la construcción del edificio y de Félix Maruenda trabajando es su taller de forja. Había mucho metal presente, tanto en la estructura del edificio como en el taller de Félix. Entonces comprendí que el sonido del metal era un lenguaje que había que trabajar”, dice.

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Foto: Gentileza Bruno Salas

Salas y su el equipo de grabación fueron a la bodega donde se encuentra actualmente guardada la chimenea y grabaron todo tipo de sonidos de la escultura, golpeándola como si se tratara de un instrumento de percusión.

“Queríamos hacer que la chimenea sonara, que cobrara vida a través de la vibración del metal. Esos sonidos los entregamos a Marcelo, quien es percusionista y además un estudioso de la música electroacústica, para que compusiera la música de la película. No había ningún referente en el encargo, fue bastante experimental y un riesgo que queríamos correr, pero Marcelo Espíndola comprendió perfectamente el encargo. El resultado es sorprendente”.

Antiguo espíritu

Hoy ya han pasado más de cuarenta años han pasado desde la instalación de la escultura en el edificio del GAM. Un edificio que para Salas, por desgracia, carece del viejo espíritu de la UNCTAD III.

“Si no existe un comedor popular el espíritu de la UNCTAD III no puede estar presente”, asegura. “Irma Cáceres de Almeyda, quien fue la directora del Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral hasta el golpe de Estado, nos comentaba que su principal criterio para darle vida al edificio fue el siguiente: ‘La cultura comienza por el estómago’. Por eso el casino hizo que ese edificio fuera el centro neurálgico de la ciudad”.

Todos los comensales, quisiéranlo o no, veían una gran cantidad de arte antes de llegar al casino. Eso diferenciaba el lugar de un museo. La UNCTAD III estaba pensada para la gente, según el realizador.

Hoy es importante reponer las obras de arte, pero por sobre todo contribuir a que se conozca la historia, en especial a lo ocurrido durante los últimos cuarenta años, según el realizador.

“Veo que nos estamos comenzando a fijar en aspectos de nuestra historia que habían sido postergados por los discursos hegemónicos de la derecha y la izquierda”, comenta. “También hay un interés por las cosas que están bien hechas, que tienen un desarrollo integral que no está ligado solamente a aspectos económicos”.

Todo esto en un momento en que el arte está fuera de la lógica en la que funciona en Chile, según Salas. Un ejemplo de esto es la muestra del artista visual Leonardo Portus con Estación Utopía, una exposición que aborda el arte incorporado que se venía desarrollando entre los años 60 y 73, que se aplicó en algunas estaciones de metro y que se interrumpió con el golpe.

“Creo que está emergiendo un interés por retomar proyectos que quedaron inconclusos. La UNCTAD III es un caso que hay que seguir investigando y por eso celebro que cada día aparezcan nuevos trabajos, como (el libro de Matías Allende, Christian Bartlau y Carol Illanes) Trabajo en Utopía (Editorial Adrede), que por lo demás, plantea un punto de vista muy interesante respecto de la arquitectura”.

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