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Opinión: «Pasó la vieja» y el marketing de la librería

Opinión: «Pasó la vieja» y el marketing de la librería

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¿El librero dejará de vender junto con las obras de Villegas a Miguel Serrano, nuestro célebre escritor nazi que hasta en los colegios se enseña? ¿Haría lo mismo con el apologista a la pedofilia Gabriel García-Márquez (leer «Memorias de mis putas tristes»)? O quizás dejará también de ofrecer las obras del filósofo Louis Althusser, quien estranguló a su esposa hasta la muerte. No lo creo.


Cuando faltan unos meses para la reedición en Alemania de Mi Lucha, el nefasto manifiesto ideológico del genocida Adolf Hitler, y que por décadas estuvo prohibido en este país, somos testigos de un episodio que exhibe lo opuesto a la madurez política y social enseñada por esta nación.

Durante la transmisión del programa Tolerancia Cero este domingo, donde se encontraba Carmen Gloria Quintana, víctima del Caso Quemados, el panelista Fernando Villegas dijo -con su habitual falta de prudencia- una incómoda verdad sobre la búsqueda de reconciliación en este país: “pasó la vieja”.

Las redes sociales, como todos los días por alguna u otra razón “ardieron”, incluso una librería propiedad de un conocido guionista anunció que dejaría de vender los libros del panelista. El mensaje donde se anunció la decisión fue compartido más de 4 mil veces, y es muy probable que poco antes de ese momento, muy pocos supieran de la existencia de esta.

Cientos de autores tienes ideas, opiniones, obras e incluso actos ética o moralmente reprobables.¿El librero dejará de vender junto con las obras de Villegas a Miguel Serrano, nuestro célebre escritor nazi que hasta en los colegios se enseña? ¿Haría lo mismo con el apologista a la pedofilia Gabriel García-Márquez (leer Memorias de mis putas tristes)? O quizás dejará también de ofrecer las obras del filósofo Louis Althusser, quien estranguló a su esposa hasta la muerte. No lo creo.

El librero, en un afán de marketing fríamente calculado o bien con un populismo disfrazado de corrección política, ha decido que él, -intachable, imagino- es el guardián de la moral y quien decide qué podemos y que no podemos leer.

A menos que deje de vender a los innumerables autores que han hecho cosas, y escrito obras infinitamente peores que cualquier payasada que haya salido de la boca o de la pluma de Villegas, me niego a creer en su corrección y compromiso, y me quedo con la petición que el periodista Pedro Cayuqueo le hizo al librero: “si puedes y si los tienes, también saca mis libros. No me dan ganas de estar en esa librería”. A mi tampoco.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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