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La nueva novela de Carlos Basso se presenta este domingo en Filsa

Cultura - El Mostrador

"Código América", la ficción histórica que entre asesinatos busca dar con la Ciudad de los Césares

por 3 noviembre, 2016

“Código América”, la ficción histórica que entre asesinatos busca dar con la Ciudad de los Césares
Una serie de atentados ocurre en las iglesias de Chile, Perú y Argentina con el objetivo de robar los restos de próceres de la Independencia. Con una narración trepidante de estos hechos, parte la nueva novela del autor de "Código Chile", una obra que se enmarca dentro del nuevo género de best seller chilenos de contenido histórico y se hermana con las obras de Francisco Ortega y Jorge Baradit.
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Un año exacto después del lanzamiento del thriller histórico Código Chile, este domingo 5 de noviembre debutará oficialmente la segunda novela del mismo tipo escrita por el periodista Carlos Basso, Código América (y cuyo primer capítulo adelantamos en exclusiva), la cual es una suerte de continuación de la anterior, aunque –aclara su autor- es un libro independiente, que puede ser leído sin necesidad de haber leído el best seller Código Chile, que fue uno de los libros más vendidos el año pasado en el país.

Pese a ello, el registro narrativo es el semejante al anterior muchos enigmas históricos y esotéricos, el rol de la masonería en la formación de varios países de América Latina, persecuciones y atentados en distintas partes de Chile, Perú y Argentina (entre otros), descripción de edificios más que raros (como los gemelos palacios Barolo y Salvo, en Buenos Aires y Montevideo, respectivamente, o el edificio “La Gárgola”, en calle Merced) y un montón de ingredientes más, en medio de los cuales no podían faltar los nazis, que según Basso “fueron y siguen siendo una fuerza subterránea muy presente en América Latina y es por eso que nuevamente juego con ellos en forma ficticia”.

-También hablas del genocidio de los Selknam y del padre Martin Gusinde, así como del famoso Julius Popper…

-Claro. En casi todas las biografías del padre Gusinde, el sacerdote y antropólogo que fotografió a los Selknam durante el ritual del Hain, se relata que hacia el final de la Segunda Guerra Mundial fue detenido en Viena por las tropas rusas. Aprovechando ese hecho, imaginé esa detención, en función del interés que podría haber tenido la inteligencia rusa, igual que la alemana, por un mapa que ellos creían que los Selknam habrían entregado a Gusinde, y que establecería la ubicación de la mítica Ciudad de los Césares. Respecto de Julius Popper, su historia es increíble: era un judío que llegó a Argentina a fines del siglo XIX y que, con la connivencia del gobierno de ese país, creó una especie de estado en la Tierra del Fuego, donde además de dedicarse a cazar a los Selknam, acuñó monedas con su efigie (el “Popper”), emitió estampillas y se dedicó a explotar inmensas cantidades de oro. Más encima falleció misteriosamente, muy joven, y su cuerpo se cree que está sepultado en el panteón de los Ayerza, en el cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires.

-¿Ese mapa que mencionas existió?

-No, que yo sepa, pero los supuestos contenidos del mismo se desprenden de lo que se contiene en la investigación que el Fiscal General del Reyno de Chile ordenó en 1782, tema sobre el cual escribí hace varios años un artículo que se publicó en El Mostrador, justamente. Por loco o absurdo que parezca, ese año el fiscal ordenó indagar si existía o no la Ciudad de Los Césares, en la precordillera de Osorno, más o menos. Por cierto, no es que a esas alturas pensaran que existía una ciudad encantada, pero sí les preocupaba que ese supuesto asentamiento de hombres blancos que distintos caciques habían descrito a los españoles fuera, por ejemplo, una colonia británica. Otra probabilidad era que se tratara de los descendientes de los antiguos “osornenses”

-Eso suena a una colonia extinta...

-No hay que olvidar que a partir del desastre de Curalaba, las tropas mapuche al mando de Pelantaro destruyeron las siete ciudades españolas que había al sur del Bío Bío, incluyendo Osorno, en 1602. Según algunas crónicas, unos 400 españoles lograron refugiarse en el fuerte de la ciudad y resistir allí adentro al asedio de los mapuche, por cerca de dos años, hasta que llegaron a rescatarlos, pero cuando eso sucedió… había algo así como 100 sobrevivientes. Cuando los soldados españoles preguntaron donde estaban los 300 restantes, todos se miraron con cara de “yo no sé”, pero surgió la versión de que habían logrado escapar hacia el oriente, fundando allí una ciudad nueva. Como sea, los españoles siempre sospecharon que aquí había un caso de antropofagia, pero igual querían ver si en una de esas era cierto lo de la ciudad perdida.

-Francisco Ortega acaba de terminar su trilogía de Los Césares, justamente. ¿Hay alguna razón por la cual coincidan tanto?

-Más allá de los temas en común que tenemos con Francisco y con Jorge Baradit también, creo que la leyenda de la ciudad perdida es algo inherente a la formación de Chile, pese a lo cual se soslaya en la enseñanza formal, donde por lo general se enseñan leyendas más inocuas o pícaras, como el caleuche o el trauco, pese a que la búsqueda de una ciudad fabulosa y llena de oro fue el motor de la expansión de la conquista de América hacia el sur y, ojo, tan leyenda no era: ahí tenemos Caral, por ejemplo, al norte de Lima, que es una de las locaciones que utilicé en esta novela también, y en la cual se desarrolló una civilización muy avanzada, en pleno desierto.

-¿Según los antecedentes recogidos dónde estaría la Ciudad de los Césares?

- En Chile tenemos al menos tres posibles ubicaciones para la Ciudad de Los Césares pero, además, no olvidemos que los jesuitas avanzaron hacia el sur del Bío Bío buscando otra ciudad, la Civita Diaboli (la ciudad del diablo); que tenemos una ciudad que desapareció por completo tras Curalaba y ni siquiera sabemos donde estaba (Las Infantas) y que Santiago se construyó sobre una ciudad inca, mientras Concepción fue una ciudad que se cambió de ubicación y recién hoy se están encontrando sus vestigios en lo que actualmente es Penco. Ahora bien, esta es una obsesión recurrente en la literatura chilena. Hay cerca de 10 novelas que tratan el tema (antes de las de Pancho y la mía) y en los años 30 y 40 hubo tres de ellas que marcaron época: Pacha Pulai, La Ciudad de los Césares y En la Ciudad de los Césares, de Hugo Silva, Manuel Rojas y Luis Enrique Délano, respectivamente.

-Ortega te incluyó como personaje en su última novela, Andinia, y Baradit cita y elogia tu libro La CIA en Chile en la segunda parte de su Historia secreta de Chile. ¿Tienen alguna especie de acuerdo?

-Para nada. Se trata simplemente de que, como decía antes, tenemos muchos temas y miradas en común. Somos cuarentones, criados en provincia y de niños leíamos Reader’s Digest, las enciclopedias Salvat y soñábamos con tener muchos libros, en medio del ambiente de opresión en que crecimos quienes fuimos niños y adolescentes en el Chile de Pinochet. Eso genera un marco común, que hace que cualquier ocasión en que nos juntamos se generen conversaciones tremendamente entretenidas, como la que seguramente habrá este sábado a las 16.15 horas, cuando los tres nos reunamos en la FILSA para el lanzamiento de Código América. Sin perjuicio de eso, siempre destaco además la generosidad de ambos. Pese a que en este momento son los escritores más top de Chile en términos de público, nunca han tenido problema alguno en apoyar a otros escritores.

El cráneo de Carrera

-Otro tema que tocas es el del cráneo de José Miguel Carrera y su pertenencia a la masonería. ¿Qué hay de cierto en ello?

-Carrera fue el único prócer de la Independencia comprobadamente masón. Se inició en 1816 en la Logia Saint John Nº1 de Nueva York, por una gestión que hizo quien hacia 1812 era el cónsul de Estados Unidos en Chile, Joel Poinsett, que era muy amigo de don José Miguel y de sus hermanos y que, de hecho, se cree que participó en la redacción de la Constitución de 1812.

-Pero O’Higgins también era masón

-O’Higgins, como se explica en la novela, era miembro de la logia Lautaro, que en realidad no era una logia masónica, sino una agrupación que tomó una serie de elementos de la masonería con el fin de perseguir un fin político muy noble, por lo demás, que era la independencia de prácticamente todos los países de América Latina. El único de los libertadores que fue miembro tanto de la masonería regular, como de las logias Lautaro, fue José de San Martín, quien estuvo detrás de la muerte de los hermanos Carrera, en Mendoza. Allí, luego de que las manos (y probablemente los brazos) de don José Miguel fueran cercenados, su cabeza fue puesta en una picana, como escarmiento hacia sus seguidores. Luego de muchas peripecias, fue rescatada por uno de sus ayudantes y hoy en día descansa en una cripta subterránea ubicada en la Iglesia San Francisco, en la comuna de El Monte (50 kms al poniente de Santiago, por la autopista del sol), cripta que a su vez se conecta por medio de un túnel con la antigua hacienda de los Carrera, ubicada a unos 600 metros de allí.

-¿Esa es la hebra que comienzas a tirar para dar con tu ficción?

-Ese escenario, y varios más, lo tomé para construir esta ficción histórica, que me demandó viajar por varios países de América y varias ciudades de Chile, y re-visitar la historia que hay en las catacumbas de Lima, en los palacios Barolo y Salvo; en Buenos Aires y Montevideo, respectivamente, así como detrás de las enigmáticas construcciones con gárgolas y seres grotescos que el arquitecto Luciano Kulczewski dejó en el centro de Santiago, en calle Merced, por ejemplo, o en su casa taller, al final de calle Estados Unidos, o incluso en la estación de inicio del funicular del cerro San Cristóbal, entre otros lugares.

-¿Qué viene a continuación de esta novela? ¿Es una trilogía?

-En lo inmediato, estoy terminando un libro de periodismo de investigación que esperamos lanzar bajo el sello Aguilar el próximo año, y que incluirá una serie de investigaciones relativas a Chile y la KGB, el papel del jefe de estación de la CIA en nuestro país en 1970, el nazi que entrenó al equipo olímpico chileno y varios temas por el estilo. Además, sigo trabajando, también en el ámbito de la investigación periodística, en un libro sobre la Colonia Dignidad. Respecto de la ficción, tengo diseñada ya la trama de una nueva novela del mismo estilo; es decir, un thriller con mucha acción y enigmas históricos, que transcurrirá principalmente en Nueva York, Washington y Santiago, pero aún no he decidido si en ella aparecerán personajes como el cura Prat o el comisario Saavedra, o si crearé un nuevo set de personajes, idea que me gusta bastante, a decir verdad.

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