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"Lugares espectrales": la fantasmagoría de los centros de tortura

por 6 enero, 2020

Sorprende en este libro la fascinante obsesión del autor por catalogar cada lugar espectral desde una rigurosa taxonomía clasificatoria o en sus propios términos, desde una topología de los lugares. En las 268 páginas se identifican 82 topologías. Por nombrar algunos: lugares precarios, efímeros; lugares de paso; lugares superpuestos; lugares espectrales.
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El filósofo José Santos Herceg, ha publicado en estos días revueltos, su prolija investigación sobre centros de detención y tortura en Chile.

“Lugares espectrales”, es un libro que se lee fácil; con una escritura ágil y cuidadosa, el autor nos conduce por aquellos lugares de prisión política que aún viven en la memoria, en los cuerpos y las materialidades de nuestra sociedad.

Una escritura permeada de imágenes, imágenes de lugares abandonados, de lugares olvidados, de lugares que hoy perduran como polvorientos y a veces ruinosos campos de guerra. El texto se acompaña de fotografías de estos lugares espectrales de Javiera Santos Pizarro, imágenes donde “lo catastrófico regresa, no obstante, cual fantasma”, dice José Santos.

Porque “el fantasma es la irrupción de aquello que debería haber desaparecido, de aquello que debería haber quedado oculto, pero regresa”. Los fantasmas resisten, insisten y asedian, sin tregua. De esto trata este libro, de aquellos lugares por donde los fantasmas aun transitan, cubriendo espectralmente la ciudad.

El libro nos deja entrever que la fantasmagoría de los centros de tortura permea aun los lugares más impensados de nuestra ciudad.

Lo paradojal de estos fantasmas, nos enseña el autor, es que ellos ayudan a la memoria: “La reaparición del fantasma, su regreso desde el olvido, tiene que ver con que se sepa lo que realmente ocurrió. Un espectro es siempre denuncia.” Por eso, los fantasmas siempre nos asedian.

En este sentido, habría que advertir a los futuros lectores, que este libro no trata solo de los lugares donde alguna vez se torturó en Chile, este libro bien podría ser el libro de nuestros espectros como nación. Los fantasmas somos todos, porque el espectro no habita solo los espacios y las rendijas de los muros de las casas de tortura, también se cuela en nuestros cuerpos y en nuestras calles.

Y aunque la materialidad de estas casas de tortura se difumine, se borre, se superponga, el espectro opera como un envolvente y pátina de nuestros cuerpos. Los espectros nos habitan.

Recorrer nuestras ciudades estos 60 días de estallido social, nos enseña que ya no se necesitan casas de tortura para que los espacios espectrales reaparezcan en cada esquina, en cada barricada, en cada lugar saqueado, en cada metro quemado. La ciudad se nos llenó de lugares en los que se viven experiencias límites de detención, tortura, heridas de muerte y ceguera. Las imágenes del pasado y del presente son elocuentes, estos lugares donde se ejerce la violencia política son siempre lugares permeados de ambigüedad y contradicciones.

Sorprende en este libro la fascinante obsesión del autor por catalogar cada lugar espectral desde una rigurosa taxonomía clasificatoria o en sus propios términos, desde una topología de los lugares. En las 268 páginas se identifican 82 topologías. Por nombrar algunos: lugares precarios, efímeros; lugares de paso; lugares superpuestos; lugares espectrales.

El autor, como un prolijo curador, afina un inventario que parece interminable: apariciones, secretos, nombres, precariedad; caída, nomadismo, partida, no-lugar; desapariciones, persistencias, vestigios, representaciones, espectros, sobreposición, dudas, paradojas, resistencia y asedio, entre muchos otros. La paradoja es que a pesar de este ejercicio taxonómico que a ratos nos lleva al paroxismo, el autor reconoce la imposibilidad de fijar lo espectral.

Un ejercicio clasificatorio que permite de cierto modo exorcizar no solo lo fantasmagórico que entra en nosotros, sino esos lugares espectrales que tal como él mismo señala, nos desconciertan por su provisoriedad y caos nominativo.

José Santos exorciza a través de la prolija topología nominal, como una manera también, de devolver y situar a los espectros en el lugar al que pertenecen. La invitación del autor es entonces a exorcizar al fantasma, mirarlo a la cara, aunque “ver el fantasma no es suficiente. Hay que escucharlo y seguirlo en sus notas disgregadas. Darle la palabra”. Esta es la provocadora tarea a la que nos invita este libro.

José Santos Herceg. Lugares espectrales. Topología testimonial de la prisión política en Chile. Santiago: Colección ¡dea, 2019, 293 páginas.

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