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Intelectual francesa Chloé Ridel advierte sobre la extrema derecha: "Llegan al poder con discursos simplistas y con soluciones falsas, jugando con el miedo"

por 14 enero, 2020

Intelectual francesa Chloé Ridel advierte sobre la extrema derecha: “Llegan al poder con discursos simplistas y con soluciones falsas, jugando con el miedo”
La cientista política, una de las invitadas al Congreso Futuro 2020, explicó a El Mostrador que "mientras esperamos que llegue el nuevo mundo para luchar con soluciones robustas contra el cambio climático, para repartir mejor las riquezas, para terminar con el gran salto entre lo tecnológico y lo financiero, ciertos políticos de extrema derecha llegan al poder con discursos simplistas y con soluciones falsas, jugando con el miedo”. Y respecto a las revueltas que han tenido lugar en diferentes partes del mundo, Ridel señaló que “la globalización liberal generó múltiples angustias sociales, medioambientales, económicas y democráticas. Responderlas es uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Estamos viviendo un período muy emocionante, de grandes transiciones. Pero eso toma tiempo”.
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Chloé Ridel –una de las invitadas del Congreso Futuro que comenzó el lunes 13 de enero en el Teatro Oriente– es una cientista política francesa especializada en estudios europeos y sistemas electorales que enseña en el Instituto Francés de Administración Pública y Desarrollo Económico (IGPDE).

La especialista fue parte del panel "Participar”, en donde presentó una nueva forma de votar: el Juicio mayoritario. El método inventado por los matemáticos franceses Michel Balinski y Rida Laraki en 2002, consiste en que los electores les asignan una mención a todas las candidatas y todos los candidatos que se presenten en una elección. Las opciones son: “Muy bien”, “Bien”, “Pasable”, “Insuficiente” y “Lo rechazo”.

Ridel, en conversación con El Mostrador, explicó que “el juicio mayoritario les permite expresar a los electores su opinión en plenitud y garantiza un resultado más representativo de la mayoría y en consecuencia más democrático”.

Para dar a conocer esta nueva forma de escrutinio, la cientista política creó en 2018 la asociación “Mieux voter” (votar mejor), donde junto con especialistas se dedican a promover el juicio mayoritario en Francia.

En la plataforma digital cualquier persona puede crear una votación gratuitamente. Hasta ahora han creado más de 1.600 votaciones con el juicio mayoritario, donde han participado más de 12 mil personas.

Su propuesta viene a nutrir las discusiones sobre democracia en el siglo XXI que han surgido tras una crisis de representatividad que afecta cada vez más a los gobiernos del mundo, así como la expansión de las redes sociales y los beneficios y riesgos que estas conllevan.

Los desafíos democráticos del siglo XXI

Las democracias actuales enfrentan demandas locales y, según explica Ridel, necesitan hoy más que nunca invertir en innovación democrática: “Los métodos actuales no permiten medir bien lo que piensa la opinión pública, porque no nos permite expresarnos en plenitud”, es por eso que el juicio mayoritario respondería a los defectos de las elecciones tradicionales.

Normalmente un candidato gana cuando tiene más de un 50% de votos y cada voto puede ser por distintas razones: el votante cree en ese candidato, no sabe por quién votar, rechaza al contrincante. De forma que el sistema insta a votar de forma útil y no dando una opinión respecto a los candidatos. A eso apunta el juicio mayoritario.

Ridel añade que “mientras esperamos que llegue el nuevo mundo para luchar con soluciones robustas contra el cambio climático, para repartir mejor las riquezas, para terminar con el gran salto entre lo tecnológico y lo financiero, ciertos políticos de extrema derecha llegan al poder con discursos simplistas y con soluciones falsas, jugando con el miedo”.

Dado al aumento de gobiernos de derecha y extrema derecha en América Latina, tales como Jair Bolsonaro en Brasil, Luis Lacalle Pou en Uruguay, Sebastián Piñera en Chile o Iván Duque en Colombia, entre otros, Ridel opina que no se deben generalizar los sucesos políticos, porque cada país tiene sus propias especificaciones e historia, aunque “existe indiscutiblemente una razón común que explica las frustraciones populares en el mundo”, expresa.

Un modelo económico en crisis

En noviembre de 2018, alrededor de 300 mil franceses salieron a las calles para protestar contra el alza del impuesto de los combustibles decretada por el gobierno del presidente Emmanuel Macron. Durante 27 semanas las movilizaciones de los Chalecos Amarillos marcaron la agenda social y política, en total 11 personas murieron, más de 4 mil resultaron heridas y más de 3 mil fueron detenidas.

Las manifestaciones masivas, los destrozos y la violencia policial fueron aspectos que se replican en el estallido social chileno que comenzó el 18 de octubre de 2019.

En relación con esto, la especialista en asuntos europeos opina que “las manifestaciones en Chile nos interesan mucho, porque habíamos escuchado que Chile era 'era el milagro económico' de América Latina, sin embargo, hoy día vemos una contestación popular masiva que pide más justicia social y democracia y que critica la política liberal desarrollada en el país desde el reino de Pinochet”.

“Las manifestaciones chilenas […] se parecen a otros movimientos populares, como el del Líbano o los Chalecos Amarillos en Francia. Estos movimientos marcan y muestran el ahogo de un modelo económico que se dice 'neoliberal', que después de haberse difundido por el mundo hace 40 años, está en crisis”, subraya.

“Tal como el movimiento de los Chalecos Amarillos no se limitaba al alza del impuesto de la bencina, las manifestaciones chilenas no se limitan al alza del pasaje de metro. Es todo un sistema económico, de redistribución social y gestión de recursos naturales que se cuestiona”, agrega.

Redes sociales y movimientos sociales

La irrupción de las redes sociales en la vida de las personas vino a revolucionar las relaciones interpersonales, así como la forma de comunicar. Respecto a esto, la cientista política cree que la Revolución Árabe, en 2011, fue donde se tomó conciencia del poder político de las redes sociales y en Francia estas ayudaron a que los manifestantes se organizaran para articular el movimiento.

“Los ciudadanos se encontraban en grupos, que a veces reunían más de 100 mil personas, para discutir, compartir información y preparar sus acciones”, detalla.

“En las redes sociales todo es rápido, sin medición, los dichos de cualquiera pueden ser publicados y difundidos rápidamente. Desde ese punto de vista, han aportado indiscutiblemente a la democracia. Las redes sociales no son un mundo aparte, se transformaron en un verdadero espacio público”, explica.

Agrega que eso, sin duda, tiene consecuencias en la calidad y la naturaleza de la información: los formatos son más cortos, además se utilizan frases que llaman la atención y se prefiere la imagen y el sonido.

Ella cree que hay dos grandes riesgos, el primero es que hay un “nivelamiento hacia abajo de la calidad de la información con contenidos cuyo objetivo es generar clics”. El segundo es “una eventual fragmentación del espacio público. Por ejemplo, Facebook: el algoritmo selecciona los contenidos que el usuario es susceptible a querer o que tiene ganas de ver”, advierte.

De esta forma, el algoritmo solamente muestra información con la que el usuario está de acuerdo, frente a lo cual la profesora afirma que “te encuentras en un mundo virtual donde solamente vemos lo que nos gusta o lo que hablamos con gente que está de acuerdo con nosotros”.

Agrega que esto afecta al debate público: “Los grupos que tienen gustos u opiniones distintas no se cruzan más, de forma que la deliberación y el intercambio de puntos de vista discordantes ya no son los que hacen progresar la democracia”, apunta.

La masificación de las noticias falsas

Otro aspecto a tomar en cuenta de las redes sociales es el esparcimiento de noticias falsas. En un artículo publicado en la Revista Science en 2018, se demostró que las noticias falsas reciben 70% más retuits que las noticias verdaderas.

Ridel cree que las fake news o las teorías conspiraciones son peligrosas, porque “falsifican el debate público, radicalizan a una parte de la población sobre la base de realidades falsas y contribuyen a desacreditar el discurso político”.

Finalmente, la cientista política señala que las noticias falsas siempre han existido, pero puntualiza que el peligro que representan hoy ha crecido gracias a las redes sociales, porque pueden ser difundidas masivamente, rápidamente y por cualquier persona.

“No hay que olvidar que la democracia es el poder de la palabra. La deliberación es clave. Si esta se desarrolla fuera de toda razón, no puede haber un progreso en la democracia y el debate democrático se transforma en teatro”, concluye.

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