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La invisibilización de la realidad

por 14 marzo, 2020

La invisibilización de la realidad
En las artes, que hemos visto hace poco en los intentos de invisibilización de expresiones culturales y/o artísticas como la supresión presupuestaria para la muestra de documentales chilenos en Francia. Esto último es un intento torpe a la hora de intentar usar estas estrategias pre modernas en un tiempo tan interconectado que el develamiento de estas ideas de ocultamiento terminan dándole al actual gobierno el tiro por la culata al ejercer mayor propaganda y publicidad justamente a lo que intenta ocultar.
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La historia, de una manera u otra, parcializa sucesos, eventos, personas, es decir, realiza algún tipo de discriminación (positiva para algunxs y negativa para otrxs). La modernidad (o los distintos alcances o formas modernizantes), sobre todo la referente a una posible actualización de nuestra época (posmoderna o como se quiera llamar), ha “develado”, como nunca antes en toda la historia anterior a ella, multiplicidad de “otras historias” que se reconocían como “no oficiales”. Algunas entraban, y lo siguen haciendo, en una convención a medida que, valga una cierta redundancia “semi”-contradictoria, se les otorgaba validación oficial. Esto corresponde a cierta “institucionalización de la realidad”, la cual ha sido bastante revisada por los estructuralistas y los posibles post. 

La parcialización, o discriminación de sucesos está relacionada con la invisibilización, es decir, desde que tenemos datos históricos sabemos que han existido intentos de invisibilización de cosas que sucedieron, pero que se intentó no mostrar, o disminuir su importancia. Esto a sucedido por múltiples motivos, como por ejemplo los intereses corporativos que han invertido en funcionarios científicos para validar plantas de, por ejemplo, procesamiento químico posiblemente peligroso para la ecología y la vida. Las investigaciones pagadas por estas empresas han quedado guardadas en sus documentaciones cuando el estudio mostraba el perjuicio de la empresa; cuando son cambiados los datos a favor de la empresa, la investigación sale a luz pública.

El tema da para una tesis (o muchas), pero quise darle mención con respecto a la interesante torpeza que percibimos actualmente por dos instituciones muy importantes -tanto así que llegan a ser muy peligrosas en su importancia- como el gobierno central y la institución de carabineros. Lo seguiremos viendo en otras organizaciones mucho tiempo más, pues no es solo un tema de poder institucional, sino que está arraigado en la cultura y se manifiesta, también, en lo tocante a los temas de las memorias (voluntaria o involuntariamente).

Hay muchas maneras y formas de realizar lo antes señalado, y muchas las instituciones u organizaciones que lo han realizado y lo siguen haciendo. Ha sido el ejercicio para mantener ciertos resguardos institucionales vinculados a ciertos poderes. 

El actual gobierno chileno, como muchos otros, ha realizado lo mismo comunicativamente, pero una interesante particularidad del este es su evidente torpeza en estos campos. Ha intentado defender lo indefendible, ocultar lo inocultable, invisibilizar lo evidentemente visible. Con tanta evidencia ha tenido que reconocer algunas cosas, pero con la parcialidad que caracteriza a la política tradicional. Un ejemplo de esto último ha sido la grotesca estrategia iniciada desde octubre del año pasado y continuada 2.0 (pero un 2.0 de clase B, C o D) este año de parcializar las demandas y protestas en discursos de agresividad y no resaltando la masividad de los actos legítimos como la última marcha feminista (la grotesca cifra de 150 mil por parte de carabineros). Esto mostró el claro lineamiento que tiene carabineros de Chile con la derecha dura (lo cual es tremendamente peligroso). Fue tanta la desproporción de las cifras de asistentes, tan insultantemente ridícula que, hasta el mismo gobierno tuvo que desmentirla no dando las cifras más cercanas a la realidad obviamente, pero cambiando exponencialmente la entregada por carabineros. Entre una institución y la otra se hacen zancadillas involuntarias; tratan de ir juntos y se tropiezan una y otra vez.

Otro ejemplo es vinculado a las artes, que hemos visto hace poco en los intentos de invisibilización de expresiones culturales y/o artísticas como la supresión presupuestaria para la muestra de documentales chilenos en Francia. Esto último es un intento torpe a la hora de intentar usar estas estrategias pre modernas en un tiempo tan interconectado que el develamiento de estas ideas de ocultamiento terminan dándole al actual gobierno el tiro por la culata al ejercer mayor propaganda y publicidad justamente a lo que intenta ocultar. No está demás mencionar lo interesante que que es la relación que se tiene con el arte por parte del Estado, en el sentido de su poco preocupación como proyecto país, pero, a la vez, temiendo su “poder” a la hora de expresarse internacionalmente.  

Existe una cantidad inmensa de más ejemplos. Un último, para esta columna, es lo que ya se he repetido y sabemos muchxs: los intentos de omisión de la inmensa cantidad de heridos, muertos, vulnerados, por parte de carabineros. Debe existir una cantidad no menor de personas que prefieren continuar creyendo estos datos por pertenecer a lugares de información aún validados por ellxs (Latinómetro de principios del 2000 mostraba que en Chile la cifra más baja en el tema de la credibilidad era hacia las personas, es decir, el número más bajo de todo el estudio era la credibilidad en el Otro. La cifra más alta de credibilidad era a la televisión, han pasado 20 años, pero es interesante saber ese dato abrumador).

El tema da para una tesis (o muchas), pero quise darle mención con respecto a la interesante torpeza que percibimos actualmente por dos instituciones muy importantes -tanto así que llegan a ser muy peligrosas en su importancia- como el gobierno central y la institución de carabineros. Lo seguiremos viendo en otras organizaciones mucho tiempo más, pues no es solo un tema de poder institucional, sino que está arraigado en la cultura y se manifiesta, también, en lo tocante a los temas de las memorias (voluntaria o involuntariamente). Pero esto es extenderse demasiado. Es un tema interesante, y no deberíamos perderlo de vista, pues aveces es muy evidente como es el caso de las dos instituciones que viven una torpeza actual indudable, pero en otras ocasiones no nos enteramos hasta que las consecuencias negativas nos han sobrepasado.

Samuel Toro. Licenciado en Arte. Candidato a Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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