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Iván Navarro desde NY analiza la "grieta social" que impide que la gente incorpore el arte a su vida y lucha cotidiana

por 2 junio, 2020

Iván Navarro desde NY analiza la “grieta social” que impide que la gente incorpore el arte a su vida y lucha cotidiana

Captura de pantalla Exposición Iván Navarro en Corpartes

El artista visual Iván Navarro (Santiago, 1972) trabaja en Nueva York desde 1997 y, aunque la pandemia ha afectado su trabajo, sus obras no se han desafectado del cariz social y político que las caracteriza. En esta entrevista, repasa su obra, critica al Fondart y responsabiliza al sistema educativo de esa distancia cultural que hace que la mayoría de la gente no comprenda qué hacen los artistas y no se atrevan a cuestionar el arte. "Ojalá me invitaran a una protesta y me invitaran a hacer, por ejemplo, unos carros alegóricos para llevar por las calles y que trabajaran con mi arte, poder entregarlo a todo el mundo. Pero eso no ocurre, porque la gente que está organizando esas cosas no entiende lo que están haciendo los artistas. Pero no es porque no quieran, hay como una grieta social, es la falta de puentes que no permiten que el arte se integre a su vida cotidiana".
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El artista chileno Iván Navarro (Santiago, 1972), vive y trabaja en Nueva York desde 1997. Su trabajo se ha enmarcado, principalmente, en el desarrollo de esculturas e instalaciones usando luz, espejos y tubos de vidrio brillante para crear obras con un cariz social y político.

Aunque la pandemia ha afectado su trabajo en medio de una ciudad llena de cultura, pero actualmente paralizada, ha sabido sacar provecho de la situación para seguir adelante.

Con un trabajo fuertemente influido por su vivencia de la dictadura militar, ha podido desarrollar su carrera en un país donde el mundo privado posee una estrecha relación con el mundo del arte, y es crítico del modo de financiamiento en Chile.

Arte y pandemia

-¿Consideras que la situación actual está modificando la creación artística o puede generar cambios en el arte?
-El tiempo de la pandemia ha sido muy corto, recién está comenzando. En Estados Unidos nos está afectando desde principios de marzo, ahora en mayo llevamos dos meses en esta situación. Yo diría que dos meses es muy poco tiempo para dar un diagnóstico que permita afirmar cuán afectados estamos o que nos permita hacer obras nuevas. Me parece que es una idea un poco superficial afirmar que la pandemia nos está afectando creativamente.

-Pero algún efecto debe haber.
-Claramente está afectando la logística y de cómo funcionar en el trabajo artístico y eso es determinante para después empezar a desarrollar ideas. Si ahora estamos tratando de adaptarnos en cómo conseguir materiales, cómo trabajar en nuestros talleres, si el taller está en el medio de la ciudad, cómo llegar hasta ahí. Estamos recién viendo cómo solucionar los problemas técnicos.

Seguramente hay muchos artistas, como yo, que estamos trabajando en proyectos que estaban planificados desde antes y que eventualmente se van a hacer, pero estoy con la lógica de prepandemia, produciendo esos proyectos.

Lo que me parece interesante es que hace seis meses me invitaron a hacer estas obras que ahora, por temas técnicos, no se pueden hacer. Entonces ahí está el gran desafío, cómo hacer esas obras, de la forma en que las planifiqué hace seis meses o cambiarlas radicalmente y hacer otra cosa.

ODIO, luz de neón, espejo espía, ladrillos y energía eléctrica, 189 de diámetro x 52,5 cm. Foto: MACBA.

-¿Cómo es en tu caso?
-En este momento yo estoy viviendo a dos horas de Nueva York, en el estado de Connecticut, y en este estado puedo comprar los mismos materiales que en Nueva York y que son los que yo tenía considerados usar para mi obra, pero hay una parte, y esto es bien interesante para mi trabajo, que son unos dibujos sobre espejos que se realizarían de forma digital y la empresa que me los estaba haciendo en Nueva York está cerrada.

Entonces estoy haciendo el mismo dibujo, pero ahora lo estoy haciendo a mano y esto me abrió una cantidad de posibilidades que antes no me había imaginado, porque tenía la comodidad del dibujo que realizaba un computador, lo solicitaba a la empresa y ellos me lo enviaban listo, todo perfecto y eso ya no lo puedo hacer. Entonces, ahora, estoy tratando de hacer las mismas cosas pero con un proceso completamente manual, muy artesanal, esto es algo que a mí siempre me había gustado hacer, que es trabajar con las manos. Ahora estoy enfrentado a este trabajo, que es tratar de emular un proceso digital pero con un dibujo manual, eso ha sido muy interesante.

Ingresar en el círculo de arte de NY

La luz eléctrica y su carga política

-¿Por qué trabajas con un elemento tan cotidiano como la luz eléctrica?
-El tema de la electricidad lo reviso hace mucho tiempo y, a este punto, es una relación histórica, porque el tiempo en que crecimos, en Santiago durante los años 70 u 80, durante la dictadura, el apagón era día por medio. Clásico que era martes o jueves y, entonces, estar determinado por ese patrón de “se va a cortar la luz, se va a cortar la luz”, hacía que todo el funcionamiento de la casa tuviera ciertas claves relacionadas con esto.

Disfrutaba todo esto, por ejemplo, en mi casa la radio a pila estaba siempre en un lugar sobre el refrigerador y nadie podía atreverse a moverla u ocupar para otra cosa que no fuera la emergencia de quedarse sin luz. Esa radio estaba en ese lugar porque, en cuanto nos quedáramos a oscuras, podíamos llegar a tientas hasta ella y poner las noticias para saber qué estaba pasando. Todas esas cosas fueron dándole valor a la luz eléctrica y me generaron un interés porque la falta de luz genera oscuridad y cómo vivir en la oscuridad es lo que a mí me interesa trabajar.

Este tema se expuso en una galería en Santiago el año pasado, la muestra se inauguró dos semanas después de que se inició el estallido social. Había un temor muy fuerte entre todos los visitantes, que eran principalmente amigos y conocidos, por lo que yo podía conversar con ellos, y notaba que había mucha preocupación por lo que estaba ocurriendo en ese minuto. Sentía que había un ambiente muy similar a lo que ocurría durante la dictadura, en que se acercaba la hora del toque de queda, había que quedarse en la casa, se escuchaban disparos en la calle.

THE ARMORY FENCE (2011). Neón, aluminio y energía eléctrica, 627 x 627 cm. Propiedad del artista.

-¿Consideras que el arte está alejando de los temas actuales? ¿Que las temáticas que abordan los artistas se han alejado de las problemáticas de la gente?
-Es un tema súper interesante y complicado, porque los artistas siempre han estado estado ahí. La mayoría de los artistas que hacen cosas interesantes no son gente elitista, son gente de clase media, que han aprendido las cosas desde cero. Bueno, hay de todo, pero diría que los artistas que a mí me interesan es gente común y corriente.

El tema de si un artista estudia o no estudia, si va a la universidad o no... finalmente se dedica a hacer su trabajo en solitario. Todo eso desencadena en que es complicado transmitir a las personas lo que el arte representa. Lamentablemente hay una grieta, una separación social, entre los artistas que se forman de una forma excéntrica, y la sociedad en general, que no está familiarizada con esa forma de pensar. Yo tengo la teoría de que es un problema de información y de educación, en que la gente no logra, yo no diría, entender a los artistas, sino cuestionar a los artistas, llegar a preguntarles a los artistas: “¿Qué significa eso?, ¿qué estás haciendo?”.

Si la gente pudiera acceder a una educación que les permitiera tener cultura general podría cuestionar a un artista y decirle, por ejemplo: “Ese discurso que tú estás enunciando, no tiene nada que ver con la historia de Chile”. El problema es que la gente que no está familiarizada con el arte, generalmente no accede a una educación que le permita estar preparada para realizar esos cuestionamientos, porque, como sabemos, la educación en Chile es muy precaria. Entonces, parece que los artistas viven en un mundo y la gente vive en otro mundo.

CARTA VISUAL (Believe, Protest, Rise), 2019, litografía. 100 x 70 cm. Cortesía: Revolver Galería, Buenos Aires.

-También depende si es educación pública o privada...
-Me doy cuenta de esto, porque gente que va a colegios privados, que les permite un acceso a una educación de calidad, sí pueden realizar ese tipo de cuestionamientos a los artistas y el arte, por esto, me doy cuenta que es un problema de acceso a oportunidades y a medios y, al no tenerlas, es difícil que los artistas puedan conectar con la mayoría de la gente, por que son como dos vías paralelas. Eso, para mí, es un problema y que provoca, lamentablemente, que los artistas queden como egoístas, porque no quieren compartir su trabajo con la gente, cuando es lo contrario, lo único que quiero es ser reconocido por la gente.

Ojalá me invitaran a una protesta y me invitaran a hacer, por ejemplo, unos carros alegóricos para llevar por las calles y que trabajaran con mi arte, poder entregarlo a todo el mundo. Pero eso no ocurre, porque la gente que está organizando esas cosas, no entiende lo que están haciendo los artistas. Pero no es porque no quieran, hay como una grieta social, es como una falta de puentes, eso es lo que falta, que podamos hacer arte y que la gente lo reciba y de alguna forma se sientan conectados a ese arte, para que lo puedan integrar a su vida cotidiana.

Financiamiento del arte

-¿Cómo se financia el arte en Estados Unidos?
-Acá hay una red de museos, que se llama Smithsonian, que es del Estado y eso cubre desde arte a historia natural, toda la red de museos, desde ahí hay apoyo del Estado a los artistas. No directamente, pero sí se compran obras, es algo.

Pero la mayoría del apoyo al arte es privado y eso es porque existe una infraestructura burocrática, en que los impuestos se deducen de las compras del arte. Hay muchos incentivos para los privados para crear colecciones de arte, es algo parecido a la Ley Valdés en Chile, pero que allá (en Chile) nunca ha funcionado muy bien.

Entonces, en este minuto en que está todo cerrado y las galerías de arte, que acá son un gran apoyo a los artistas, son parte de un gran sistema para que los artistas puedan vivir de lo que crean, están todas cerradas, pero aún así, los coleccionistas, que son los privados, de alguna forma siguen trabajando con artistas directamente o a través de las galerías o apoyando causas más que comprar obras.

En Nueva York, la idea de apoyar el arte es históricamente muy fuerte, también tiene que ver con un estatus social, con una cosa cultural muy profunda, es algo que día a día va de la mano de la cultura.

-La actual pandemia ha generado una profunda crisis en el mundo de la cultura en Chile. ¿Cómo ves esta situación en Estados Unidos?
-Tengo varios sentimiento encontrados con lo que se ve en Chile desde acá. De hecho, lo que sucede es el motivo por el que me fui de Chile. Yo no quería depender del Estado para poder hacer mi trabajo, ni para poder hacer mi vida. Yo entiendo la crisis que se generó en Chile, de la falta de ayudas y recursos, pero hago una crítica y cuestionamiento a esta forma de financiamiento.

¿Por qué siempre los artistas están en esa situación confortable de esperar que el Estado los ayude hacer obras? Eso produce que con la llegada del estallido social y la pandemia están todos en cero. ¿Por qué los artistas no buscan una independencia del Estado?

Respecto a esto, se habló mucho en los 90 de crear estructuras, movimientos o galerías independientes, pero eso llamado “independiente” era el Fondart. Se entendía la independencia como no vender obras, pero se dependía del Fondart.

-¿Qué alternativas puede haber, en tu opinión?
-En ese momento yo pensaba que había que generar estructuras que realmente nos permitirán ser independientes, crear nuestra propia economía y nuestro propio sistema de sobrevivencia, que no dependa ni del Estado ni de un privado. Para eso se puede recurrir a muchas cosas, vender poleras, tener un pequeño almacén, un pequeño restaurante, pueden ser millones de cosas.

Pero eso, lamentablemente, es como una especie de agonía, que siempre vi entre mis amigos y los artistas de depender del Fondart, no me parecía bien. Yo no quería vivir de esa forma y todo esto llegó a un momento crítico, porque si bien se realizó el Fondart el año pasado, nadie sabe qué va a pasar este año o los que vienen, y también se han visto afectados los trabajos ocasionales que también los artistas hacen, que pueden ser publicidad, diseño gráfico, etc. 

Con todo esto, actualmente, si realmente queremos ser independientes, tenemos que buscar formas de mantener nuestra vida, y esa sobrevivencia, lamentablemente, para mí significó irme de Chile y estar lejos de mi familia, mis amigos, pero es una forma de sobrevivir, de lograr independencia.

Es lamentable, pero lo que yo diría, como una crítica constructiva a mis propios compañeros artistas, es que ya no se puede vivir del Fondart. O sea, ya no se podía vivir del Fondart hace cinco años, no se puede pensar que estos fondos les van a dar a los artistas un proyecto al año, con una cierta cantidad de millones que los puede mantener durante ese periodo. Hay que realmente hacerse independientes y crear distintas formas para poder vivir.

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