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CULTURA|OPINIÓN

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Libro "Mella": el ciudadano corriente como protagonista

por 8 junio, 2020

Libro
Los horrores de la pobreza y la exclusión que pasan por suicidios o experiencias traumáticas son la principal tónica en que estos poemas y versos.
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La imagen paterna es lo que abre el breve volumen que nos entrega Priscilla Cajales: “mi papá está llorando dos piezas más allá/ lo puedo escuchar/ porque nunca hubo puertas” (p.9), quizá un pescador o un cargador del terminal pesquero: “recuerdo que la chaqueta de mi papá/ siempre olía a pescado ahumado/ y a humedad”. En este primer poema, llamado precisamente “mi papá está llorando dos piezas más allá”, la voz nos entera de las condiciones socioeconómicas y de clase o sector social desde el cual se expresa; esto junto a la simbólica del amor, el matrimonio, la familia, el vestido de bodas disuelto en lo económico familiar y lo político social desde el punto de vista de lo popular: “una tarde recordaron que en el ropero estaba intacto el vestido de novia/ lo pusieron sobre la alfombra/ y comenzaron a cortar jirones/ que luego pintaron con témpera/ para vender cintillos del NO en el parque O’Higgins” (p.9). Buena ocurrencia. Unas monedas. Lo inmediato y lo urgente como ideal: “nos acostumbramos a creer que la historia siempre terminaba bien porque ese día comimos pollo y papas fritas” (p.10).

A primera vista estos versos responden a una estética popular en donde el individuo es presa de las corrientes, movimientos y dinámicas sociales que asociamos al bajo pueblo, que suponemos posee poca o nula influencia pública en cuanto a los acontecimientos de la sociedad y que por lo tanto no toma ninguna decisión en lo referente al devenir de ésta, pero que de todas formas vive sus intensidades que encuentran resonancia en ideas de algunos historiadores como Gabriel Salazar y Julio Pinto, junto a otros y otras, expresadas principalmente en su indispensable “Historia Contemporánea de Chile” (5 tomos. LOM, 1999), cuando escriben en la introducción general a esta obra que “los héroes son estrellas fugaces que brillan más o brillan menos, la efigie de los estadistas puede recortar a penas el plano de una plaza, o todo el horizonte del pasado, pero es el ciudadano corriente el que, en la alta densidad de su anonimato, ‘vive’ y ‘conoce’ la historia según todas las urgencias de la humanidad” y nos parece que ahí se encuentra una de las claves de lectura de “Mella”.

Otra de las claves de lectura es la ubicuidad espacial, territorial podríamos decir, de la voz poética: La Pintana, Santiago, Viña del Mar, el Marga Marga o Valparaíso como locaciones, por ejemplo, en el poema “colonia inglesa etiqueta verde”: “la primera vez que vine sola a Valparaíso/ tenía catorce años/ era dieciocho de septiembre/ tenía plata para pensión y pasajes” (p.11), “Volví después de sacarme fotos/ en el reloj de flores/ y fuera del Congreso/ con los viejos que juegan brisca” (p.12), asumiéndose  porteña y también de la zona central, como en “Denis”: “se llamaba Denis y tenía 12 años/ estudiante del colegio 286 en la calle Venancia Leiva de La Pintana/ 39 compañeros de curso, 8 profesores, 3 hermanos/ la mañana del martes 6 de agosto del 93/ lo encontraron colgado en el baño de su casa” (p.14).

Pero los horrores de la pobreza y la exclusión que pasan por suicidios o experiencias traumáticas son la principal tónica en que estos poemas y versos, como acabamos de ver más arriba, se fraguan, como por ejemplo en “Desalojo”: “no se conformaron con marchar/ no les bastó con el ruido del napoleón que abrió el candado de la casa/ su casa, al fin, con todos los horrores a la vista” (p.19), poema que termina con un clamor que sobrecoge y que tiene, según mi criterio, una veta cristiana: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?/ ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (p.19), como cuando el gran poeta chileno del liberalismo nos dice que “el que pierde gana”. Y es que la muerte hace su transfusión de tinta a estos poemas, como en el que le da nombre al libro: “Mella”: “al Mella no lo mataron/ se ahorcó en una resaca que su mujer ya se sabía de memoria/ lo dejó durmiendo/ con la casa y el almuerzo listo” (p.39).

En una nota a parte, los animales también reflejan el dolor, la exclusión de un orden o de un mundo digno, como en el poema “desde un departamento la espalda de un hombre”: “por ejemplo, en lo que queda del estero Marga Marga/ además de confort, botellas o neumáticos/ es posible ver/ unos peces oscuros/ que se comen las bolsas/ de plástico” (p.24), o en el poema “distémper”: “por la vereda de enfrente/ un perro intenta seguir a un hombre que lleva una bolsa de supermercado/ pero sus patas delanteras se cansan de arrastrar el resto del cuerpo” (p.36), animales castigados por el desprecio del ser humano para con la naturaleza y que podemos ver como verdaderas víctimas, que potencian la experiencia de la pobreza y la marginalidad.

Una poética hecha de retazos, jirones, trozos, como en lo que terminó Hans en el poema llamado “Pozo”: “¿te acuerdas entonces de Hans?/ del vestido de novia descuartizado para sacar jirones/ de los cintillos pintados con témpera, los cintillos del NO/ del parque O’Higgins” (p.13).

Suicidios, asesinatos, precariedad, soledad, como en el poema “el ruido de la electricidad”: “le fueron cortando las piernas de a poco/ el pie izquierdo primero/ hasta la rodilla del derecho después/ una vez lo escuché caer/ fue un golpe seco/ cerca del baño/ tardó horas en levantarse/ pero no dijo nada/ (…) la silla resbala dos veces/ él no dice nada/ solo se escuchan sus movimientos” (p.38), pero también enfermedad, tragedias personales y pobreza y marginalidad. Es más, podemos hacer referencia a los desplazados que podemos encontrar en lo mejor de Manuel Rojas o Carlos Droguett, pero que gracias a estos poemas recuperan un protagonismo contemporáneo gracias a una lectura de los bordes actuales de la sociedad. Poesía social que destaca espacios residuales y vidas comunes que es siempre necesario visitar para encontrarse con el Chile profundo, con el ciudadano corriente.

“Mella”, Priscilla Cajales, Overol, diciembre de 2019, 41 páginas.

Ramiro Villarroel Cifuentes. Escritor.

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