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¿Por qué el 28% de los votantes eligió a un candidato que no demuestra aprecio por la ciencia?

por 25 noviembre, 2021

¿Por qué el 28% de los votantes eligió a un candidato que no demuestra aprecio por la ciencia?
Sea cual fuere la evolución de los eventos en las próximas semanas, la comunidad académica y científica tiene la responsabilidad de denunciar el riesgo de un Gobierno que no demuestre una valoración adecuada y necesaria de la investigación científica, y con la misma fuerza debe denunciar los potenciales impactos y consecuencias de políticas públicas que no se sustenten en la mejor evidencia existente.
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Es deseable que un país promueva la investigación científica, por una serie de razones que no se limitan solo a su capacidad para solucionar problemas. El conocimiento científico, además de poseer esta utilidad “práctica”, genera insumos para nuestras discusiones políticas, promueve el pensamiento crítico y constituye una manifestación cultural de las personas y los países. De lo anterior, podemos concluir que sería preocupante que un Presidente (o quien aspire a este cargo) no demuestre una valoración adecuada de la necesidad de que el país desarrolle con fuerza la investigación científica.

En consecuencia, cabe preguntarse por qué casi el 28% de quienes fueron a votar este domingo 21 de noviembre, eligió a José Antonio Kast, cuya candidatura no ha manifestado preocupación o interés alguno por la ciencia y el conocimiento científico (en efecto, su programa es el único, de entre las candidaturas que tenían una posibilidad cierta de pasar a segunda vuelta, que no contemplaba medida alguna para la investigación a nivel general). Al respecto, podríamos aventurar tres explicaciones.

a) Una primera explicación es que el candidato José Antonio Kast sí valora el conocimiento científico, y lo que habría ocurrido es que su programa no incluyó propuestas concretas para el fomento de la ciencia, debido a que este habría sido escrito “a la rápida”, o bien sin esperanzas de pasar a segunda vuelta.

Sin embargo, esta tesis no resulta creíble. Como muestra, basta un ejemplo: Kast se restó del debate sobre educación, cultura y ciencia organizado por la Universidad de Chile. Por otro lado, el candidato y su entorno tuvieron tiempo de sobra para haber corregido o ampliado su programa. Además, el programa de Kast contiene algunas afirmaciones relativas a la ciencia y el conocimiento científico que son, como mínimo, cuestionables. Finalmente, en sus intervenciones, Kast no ha dado un espacio significativo a la ciencia, en especial sobre propuestas específicas y concretas respecto a cómo apoyará la investigación y la innovación. Por cierto, no se aprecia que líderes de la comunidad científica hayan apoyado (en primera vuelta) o apoyen activamente la candidatura de Kast.

b) Otra posible explicación es que a los votantes de Kast simplemente no les interesa la ciencia. Quizás una parte de sus votantes tiene otras preocupaciones, y para ellos el fomento de la ciencia sencillamente pierde relevancia. Sin embargo, esta tesis tampoco resulta ni alentadora ni creíble. De hecho, es posible que una fracción de los votantes de Kast sí valore la ciencia. Cabe señalar que al menos una parte de los votantes de Kast reside en comunas con alto nivel educacional y, por ende, se esperaría que ellos posean cierta apreciación del valor de la ciencia.

No obstante, cabe señalar que diversos movimientos de negacionismo científico a nivel mundial sí suelen asociarse con posiciones políticas de derecha, y no podemos descartar que también exista una parte –quizás minoritaria– de los votantes de Kast que activamente rechace el consenso científico en torno a determinados temas, como el cambio climático (y ciertas alusiones del programa de Kast podrían explicarse en este contexto). Sin embargo, resulta difícil creer que el 28% de quienes asistieron a votar este fin de semana mantiene una postura abiertamente negacionista de la ciencia.

c) Esto nos lleva al tercer escenario, el cual es posiblemente el correcto. Parte importante de la ciudadanía (incluyendo a votantes de Kast) quizás sí posee una valoración adecuada del valor de la ciencia y, posiblemente, sí les interesa la ciencia. Sin embargo, es igualmente plausible que la concepción que la gente tenga de la ciencia sea la de una actividad que soluciona problemas principalmente técnicos, o bien ha estado expuesta a un discurso según el cual la ciencia solo constituye una herramienta para “cambiar el modelo económico” o “superar el extractivismo”, y dicho discurso sencillamente no apela a una parte importante de la ciudadanía.

En este sentido, mucho se ha hablado, en días recientes, en especial en programas de análisis político, respecto a que Kast habría sintonizado con intereses concretos de la población (seguridad, migración, economía), y en un lenguaje simple. Y si la ciencia va a ser concebida primordialmente como una herramienta para el “cambio de modelo” (el discurso que ha promovido la candidatura de Boric, en efecto), este anhelo podría considerarse un interés “de nicho” o incluso de élite.

De ser cierta esta posibilidad, esto plantea desafíos tanto para José Antonio Kast como para Gabriel Boric. Para el primero, instala la necesidad de aclarar, de una vez por todas, la ausencia de propuestas concretas para la ciencia en su programa, pues no resulta apropiado que quienes aspiren a liderar el país no tengan un aprecio visible por la ciencia y el conocimiento científico.

Para Boric, en cambio, el reto consiste en superar su discurso largamente economicista respecto al papel de la investigación científica, para incluir otras preocupaciones e intereses igualmente legítimos y necesarios en torno a la ciencia, y explicando de mejor forma cómo la ciencia puede mejorar la calidad de vida de las personas (desde su dimensión cultural hasta la económico-productiva), convocando así a nuevos adherentes.



Incluso es posible que a una parte importante de los votantes no le interese (o no le motive) el discurso “la ciencia para la superación del modelo”; sin embargo, quizás sí podrían sintonizar con un discurso no más moderado (esta no es la palabra), sino más inclusivo, que valore los otros aportes que pueda hacer la ciencia. En este sentido, cabe recordar que el grueso de la labor de los comunicadores científicos en el país se ha desarrollado en temas como la astronomía, que apelan a la curiosidad respecto a nuestro mundo, más que a transformaciones productivas.

Es necesario ser realistas, por supuesto. Es posible que ninguno de los dos candidatos vuelva a hablar de ciencia en las semanas que vienen. O quizás Boric aproveche este flanco débil que ofrece la candidatura de Kast, para lo cual debe ampliar su discurso. Incluso es posible que Kast ofrezca propuestas para la ciencia (en cuyo caso, habría que someterlas a análisis).

Sin embargo, y sea cual fuere la evolución de los eventos en las próximas semanas, la comunidad académica y científica tiene la responsabilidad de denunciar el riesgo de un Gobierno que no demuestre una valoración adecuada y necesaria de la investigación científica, y con la misma fuerza debe denunciar los potenciales impactos y consecuencias de políticas públicas que no se sustenten en la mejor evidencia existente. Y debe alertarnos, además, cuando dicha evidencia sea relativizada o calificada, por ejemplo, como “correlaciones recientes”.

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